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¿Por qué necesitamos saber del “Camp”?

No es sorpresa abrir Instagram y encontrar a todos los influenciadores haciendo las mismas poses, usando el mismo bolso, las mismas zapatillas deportivas. Las redes sociales, Instagram principalmente, sigue enfatizando el precario estado de innovación creativa en el que nos estancamos actualmente. En contraposición a esta somnolienta estética digital, necesitamos más autenticidad. Pero no el tipo de autenticidad atascada en los parámetros sociales de lo “aceptable”, sino en la autenticidad que es disruptiva. Lo diferente cuenta, y si es extravagante aún más.

La escritora Americana Susan Sontag documentó en su famoso ensayo publicado en 1964, un fenómeno estético que por su carácter oculto y privado rodaba en el tiempo desde hace varios siglos antes de que el término fuese acuñado como “Camp”. Dicho movimiento fue el tema de este año, y no sobre el campamento como varias periodistas nos lo hicieron pensar, en la gran gala del museo Metropolitano de Nueva York en donde las celebridades se encargaron de darle vida al Camp en la alfombra roja. Sin embargo, a diferencia de galas pasadas como el Punk o Charles James, el Camp enmarca una corriente estética atemporal que surge con y en contra del status quo en determinados periodos de inestabilidad económica y social. Es decir, el camp se extiende hasta el sol de hoy y nos compete ponerle atención.

“[El Camp] un amor por lo antinatural: lo artificial y la exageración” así comienza Sontag contextualizando al lector sobre el Camp en sus primeras líneas y después lo zambuye en sus bastante amplias –o incluso cuestionables y contradictorias- definiciones sobre el movimiento: [El camp] es “mal gusto” o lo Kitsch (nota 6), lo extravagante (25), lo divertido y poco serio, (41) proponiendo una visión cómica del mundo (44), lo andrógino (9), el estilo epiceno (11), un modo de seducción rimbombante (17), un culto por la exageración de las características sexuales y los amaneramientos personales; es un dandismo moderno (45). El debate académico sobre la semántica lo dejaremos pasar por esta vez.

El camp está en todos lados. Si. Entre más leo sobre el movimiento me doy cuenta que el camp estaba resurgiendo en la moda en un contexto más moderno y poco percatado a través de Gucci, Margiela, Viktor & Rolf, Vetements, Balenciaga, Jeremy Scott, entre artistas como Lady Gaga, Billy Porter, fenómenos digitales como las Kardashian-Jenner, movimientos anichados como el drag y el plus size y otros más extendidos como el feminismo; incluso Donald Trump es camp.

El camp nos compete porque está siendo parte de una conversación universal y con mucha influencia. Incluso dentro de un mundo más digitalizado y superficial, el camp sorprendentemente coexiste en el mismo plano cultural. Tomen el ejemplo de los famosos “ugly shoes” de Balenciaga y observen como “la moda puede tomar algo que todo mundo odiaba, pasaba por alto o detestaba y convertirlo en algo por lo cual podríamos pagar mucho dinero”. El camp es “too much”.

 

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