Los esclavistas

Por Nicolás Samper

Yo me imagino que cada vez que Infantino parpadea seguido empieza a sonar el ruido de los cajeros automáticos cuando van a escupir de sus fauces grandes fajos de dinero. Es ese sonidito el que motiva al calvo de la Fifa a todo, como sus antecesores Blatter y Havelange, tal vez igual de angurrientos con el vil metal, pero no con tanta visión de vender humo usando en estos tiempos de corrección política un arma infalible como la pluralidad. Disfrazado con ese atuendo, Infantino está llevando al fútbol a un precipicio.

No fue suficiente trasladar la Copa del Mundo a Qatar dizque para ampliar el panorama de naciones que pudieran albergar el torneo. Otra vez el verso ese de la pluralidad, del abanico de aceptación abierto en teoría como si fueran las plumas de un pavo real, pero con la certeza de que el negocio es lo único que impulsa las decisiones que al resto les toca aceptar sin poder chistar. A los futbolistas, por ejemplo, les tocará salir a la cancha en una época inconveniente, porque a los idiotas de corbata les resultó mucho mejor jugar la Copa del Mundo allí, en un mes atípico. No solamente eso: de 32 clasificados ahora Infantino quiere agregar más invitados a la fiesta y no le importa: sabe que es cuestión de echarle agua a la sopa para que todos la prueben. Un Mundial de 48 selecciones es, probablemente, la decisión que afectará la competencia en sí misma. Es la decisión que matará el hambre y la mística, porque clasificar a un Mundial no será un plus, sino un trámite.

Después de que el diario The Sunday Times revelara que la Fifa recibió 800 millones de dólares para que se aprobara Qatar como sede, de manera subterránea, agregando además que si la sede fuera ese país la cadena de TV Al Jazeera pagaría un bono extra a la máxima rectora del fútbol, estimado en 100 millones de dólares. El dueño de Al Jazeera es un señor que se llama Hamad bin Khalifa Al Thani que, a su vez, es el emir de Qatar, país que organiza el Mundial.

Un papelón, pero a los duros les importa es recolectar billetes y ya. Esa decisión, la de enviar el Mundial a Qatar, les cambió la vida a 2000 personas, al menos en el registro oficial. Son trabajadores que han muerto por cuenta del esclavismo a la hora de desarrollar las obras de construcción de estadios para la Copa del Mundo. Para el momento en el que comience ese engendro serán 4000 los fallecidos. O sea que por cuenta de una elección amañada se murieron 4000. Después hay algunos que defienden a los que han robado en el poder con la excusa de que no han matado, como leí hace poco en una revista a una señora que defendía a su hijo, un comprobado caco de marca mayor que envió a una ciudad al fondo del bote de la basura y que se quejaba por la condena alta que le tocó a su vástago. ¡Si no había matado a nadie! ¡Caraduras! La corrupción es un altísimo generador de muerte.

Pero ante la Fifa, volviendo a lo que nos atañe, los esclavos deben responder: llámense obreros o futbolistas. Si a ellos les da la gana hacer la reverenda porquería del Mundial de Clubes con 24 equipos, pasando por encima de todos, se hace. Mundial de 48, se hace. Todo sea por la pluralidad y la inclusión… de billetes en los bolsillos.

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