La puta precaria no es más “pobrecita”

"Estoy comprometida con hacer pedagogía en contra de la estigmatización de la prostitución, puesto que es un trabajo y también hace parte del ejercicio de los derechos sexuales": Mar Candela.

Por Mar Candela

El segundo argumento más débil que han usado las abolicionistas en contra de la prostitución –para tratar de justificar su falta de comprensión de la diversidad humana, su asco y repulsión por el sexo con ánimo de lucro, y su desprecio por las personas que se prostituyen por decisión personal– es afirmar que las prostitutas no eligieron ese trabajo y que la pobreza eligió por ellas.

Afirman que “ninguna mujer nace puta”, como si alguna mujer hubiera nacido siendo mesera, abogada, aseadora, limosnera o cualquier otra cosa. Ninguna mujer nació ejerciendo un rol especifico social.

Secretos de putas

"La discusión de si las mujeres pueden amar y ser amadas siendo prostitutas es crucial en el sentido de que nos permite profundizar en la dignidad humana de la afectividad de una trabajadora sexual": Mar Candela

Este es el argumento más vil y les voy a contar por qué. Lo haré situada únicamente desde la realidad de Colombia, que no es muy diferente a la realidad de la prostitución “precaria” en la mayoría de los países. Sin embargo, al ubicarme en nuestra realidad busco lograr una sensibilidad verdadera, no desde realidades ajenas a la nuestra. Las razones de la crueldad de ese argumento son tres:

1 Ninguna mujer o persona de escasos recursos puede darse el lujo de vivir de las cosas que más le gustaría.

Si queremos quitarles agencia personal a las mujeres pobres y decir que ellas nunca han podido decidir nada en su vida, eso es válido, aunque yo no esté de acuerdo con que eso sea el argumento para despojar a las mujeres del poder de decisión que tienen sobre su vida. Decidir sobre nuestra vida es un derecho fundamental. Reconozco que la idea según la cual se afirma que: “no decides tu trabajo por ser pobre porque cuando te toca escoger entre una cosa espantosa y otra terrible simplemente no decides” es absolutamente real.

Cuando las personas no tenemos muchas oportunidades elegimos bajo coacción por simple supervivencia. Por eso afirmo sin tararear que esa situación, que es real y es válida, no puede ser usada por personas con algún poder de opinión o político para pretender quitarles a las mujeres el derecho a decidir sobre su propia vida, cuerpo e infierno social. Que podemos decidir sobre nuestras circunstancias. Que nadie puede infantilizarnos y decidir por nosotras solo porque somos mujeres pobres. Las mujeres pobres no son hermanitas menores sin agencia en su propia vida de las feministas ricas. Que no se equivoquen. El análisis de fondo lo debemos hacer con todas las mujeres pobres, no solo con las prostitutas precarias, de burdel barato o de la calle.

2 La realidad de Colombia es que la mayoría de las mujeres trabajadoras, obreras, taxistas, meseras, aseadoras, que hacen oficios precarios, y las prostitutas precarias, son madres cabeza de hogar y/o pobres sin familia sólida como punto de apoyo.

Ni tuvieron la oportunidad de recibir educación, son mujeres en todas las edades y ninguna de ellas decidió la vida que tiene. Ninguna pidió la cuna. Todas y cada una de ellas tuvieron que decidir en la marcha qué hacer con su vida. En su propia búsqueda personal encontraron situaciones que las llevaron a decidir la versión de mujer en la que se convertirían para asumir la realidad. ¿Por qué quitarles agencia y poder sobre su propia vida a las putas precarias?, ¿por qué no estar obligando a todas las demás mujeres en condición de precariedad a dejar sus trabajos con el pretexto de que ellas no eligieron su trabajo sino que la pobreza eligió por ellas?

Les voy a contar por qué: las abolicionistas están hablando desde su moralidad sexual y su incapacidad de comprender la atención sexual con ánimo de lucro como prestación de servicios. Asimismo, las mujeres abolicionistas y las mujeres pertenecientes a ciudadanías conservadoras consideran que las putas son las responsables de que sus matrimonios no funcionen. Piensan que acabando con las putas sus hombres “dejarán de caer en la tentación”. Les tengo una noticia: las personas que no son monógamas, por las razones que sean, nunca lo serán. Por eso, muchos hogares católicos tienen varios hijos y hasta familias extramaritales. Quitarles el derecho fundamental a las putas al trabajo y a su dignidad humana convirtiéndolas en delincuentes o ciudadanas de segunda categoría no resolverá el tema. Su pareja encontrará mujeres con quién tener experiencias sexo-afectivas extramaritales: con o sin putas las personas polígamas siempre encuentran con quién satisfacer sus necesidades. El camino es que, si no se puede convivir con esa realidad, es mejor que se divorcien y dejen de censurar la vida sexual de las personas adultas.

La prostitución como todo rol, trabajo y estilo de vida, está atravesada por la realidad de clase. Sin embargo, profundizaré en esta última razón contra el abolicionismo en mi próxima columna. Estoy comprometida con hacer pedagogía en contra de la estigmatización de la prostitución, puesto que es un trabajo y también hace parte del ejercicio de los derechos sexuales. La puta precaria no es más “pobrecita” que todas las demás mujeres precarias.

 

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