Todo mal, todo bien

Por Adolfo Zableh

La valla de Cerveza Águila que pusieron en Cartagena con la figura de Joe Arroyo a un lado, la de J Balvin al otro, y el eslogan “Colombia evolucionó, sus ídolos también” representa todo lo que está mal con Colombia, los publicistas, la música y hasta la humanidad.

La idea de la campaña no era ofender, eso seguro, pero ofende por torpe, porque no genera sensaciones positivas ni conmueve, que supongo era la idea inicial. Lo de incitar al consumo, que es a la larga el objetivo de cualquier campaña publicitaria, se da por descontado. A los colombianos nos encanta tomar cerveza por defecto y no es que necesitemos muchos estímulos para bajarnos un petaco detrás de otro. Una estadística reciente dice que en promedio cada uno de nosotros consumimos al año unos 60 litros y nos gastamos un millón de pesos. Somos casi cincuenta millones de colombianos, así que haga la cuenta.

El hecho es que quedaron retratados los publicistas, que a veces se sienten unos genios creativos del tamaño de Mozart, miran a los demás humanos por encima del hombro y creen que se las saben todas cuando no saben es nada. Viven en una burbuja.  Se les podía hacer un homenaje a ambos, los dos son grandes, sin dar a entender que uno se impone sobre otro, porque insinuar que Balvin es la evolución de Arroyo puede llegar a ser ofensivo para mucha gente, como quedó demostrado. Para ensalzar a un ídolo del presente no es necesario devaluar a uno del pasado, y en este caso los de Águila hacen recordar a aquellos que para hablar maravillas de Messi menosprecian a Maradona, o viceversa, como si los dos no fueran grandes a su manera y pudieran coexistir en vez de anularse. La grandeza es una manta que alcanza a cubrir a muchos, es algo cíclico, renovable, y el nuevo talento siempre podrá recibir el legado de una figura de antaño con humildad y agradecimiento, no con soberbia.

Aunque también hay que entender a los de Águila: toda la vida han tenido el monopolio de la cerveza en Colombia y ahora les llegó competencia dura, tal vez están nerviosos y por eso invierten millones en publicidad, pero a la brava, porque ahora resulta que van a dejar la campaña pero reemplazando el eslogan original con un “Imagen sin igual, sabor siempre igual”. Es decir, cualquier cosa. La frase anterior por lo menos generaba ruido, esta es más tibia que Petro opinando de Venezuela y de Hollman Morris.

Aunque pensándolo bien, por otro lado se podría decir que todo este tema de Arroyo y Balvin es una pendejada y que hay que dejar de mirar todo con lupa. Así como no hay que pordebajear al Joe para ensalzar a J Balvin y a una marca, tampoco hay que quitarle méritos al reguetonero, que, gústenos o no, bien lejos ha llegado en lo que hace.

Es que no nos gusta nada, todo nos crispa. Nos encanta sobreactuarnos y ejercer de jueces implacables desde el trono que hemos construido sobre nuestras vidas aburridas y mediocres. Ya es hora de dejar de creerse superior por no oír reguetón y de decir con orgullo cosas como que hacemos parte del 000,1% que no ve Game of Thrones, como si eso conllevara algún tipo de mérito. De verdad que no nos hace originales ni especiales. Somos uno más en el mundo, no quitamos ni ponemos y nuestra opinión no le importa a nadie, lidiemos con eso con dignidad. A menos de que te paguen por opinar en un medio, ahí sí toca meter la cucharada y decir cualquier cosa, porque de algo hay que comer. No solo de cerveza y canciones vive el hombre.

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