Jaramillo

Por Nicolás Samper

Nadie esperaba nada, él sí, con su llegada, confiaba en que todo pudiera ocurrir. Se empezaba a mover el cotarro de fichajes a finales del año pasado y ya, con Millonarios eliminado y Jorge Luis Pinto recién desempacado para ocupar el lugar dejado por Miguel Ángel Russo, la ilusión del hincha es pensar en los nombres de quiénes podrían  ocupar las plazas conducentes a una nueva ilusión.

Y a comienzos de diciembre se dio el primer anuncio oficial: Millonarios, que en tiempos de Miguel Russo –en su etapa poscampeonato– no pudo suplir de buena manera a Jhon Duque cuando el volante cayó lesionado, sumaba un hombre para estar cerca de la posición del ídolo azul. Su nombre: Felipe Jaramillo. En general le desearon suerte, pero el desconocimiento sobre su verdadero accionar era casi que factor común entre los fanáticos, no importaba que quien lo pidió en su instante fue el mismísimo Pinto.

Leones fue su hogar en primera división y a Jaramillo le tocó pelear en medio de las carencias de un equipo que jamás pareció sentirse en la A porque ese fue el paso de los de Rionegro por la división de honor. Era un club desacostumbrado a la alta competencia y que no tenía capacidad como para doblegar definitivamente a los adversarios, pero tampoco se las hacía fácil. No era goleado, porque más allá de su expresa debilidad, Leones terminaba siendo un conjunto bien incómodo de enfrentar y así lo sintió en su momento Millonarios cuando perdió 2-1 ante ellos. Esa noche oscura para los azules mostró al número 14 de los antioqueños como un guerrero y luchador. El rapado se llamaba Jaramillo y desconectó cada enlace azul de sus ofensivos, estorbó a punta de derroche de esfuerzo y tuvo criterio para sacar jugando a un equipo rústico en su accionar.

Por lo general esa era la labor de Jaramillo que, junto con el portero Cadavid, se convertían en aquellos responsables individuales destacados de un accionar colectivo más bien discreto.

Su fichaje en Millonarios no despertó mayor atención. Era más una rueda de repuesto que un hombre titular e inamovible. Jaramillo entendió que su lucha se debía dar desde abajo, pero con la seguridad de contar con herramientas como para destacarse y pelear mano a mano su lugar.

Entró 10 minutos frente a Envigado y las dificultades que vivió Millonarios por la lesión de Carrillo lo destacaron durante ese corto lapso. Y se le abrió un espacio importante en el que ha sido titular frente a Once Caldas, Bucaramanga y Jaguares con muy buen balance. Junto con Ovelar, Faríñez y Pérez, ha sido pieza importantísima porque quita y juega; marca y presiona; pasa rápido y mantiene la figura táctica; es apoyo atrás y retén. Además, apareció cuando su equipo se encontraba perdido y sin virtudes futbolísticas destacadas como fueron los encuentros ante Bucaramanga y varios segmentos del duelo ante Jaguares.

Bien por Jaramillo, el silencioso ‘5’ que hoy sonríe desde su lugar.

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