Reciclaje emocional

Por Zalman Bem-Chaim

Reciclar para cuidar el planeta es algo que todos deberíamos hacer y es maravilloso para ayudar, sin embargo, el concepto de ‘reciclaje’ curiosamente parece demasiado lejano para una gran mayoría de la gente. Y digo curiosamente porque si bien no lo hacen para cuidarlo, sí lo hacen en otro aspecto de su vida: viven reciclando emociones, lo cual, en contraposición con lo primero, no es para nada bueno.

Al igual que quienes no reciclan para cuidar el planeta, quienes viven inmersos en el reciclaje emocional mantienen un constante estado de asombro frente a los resultados que tienen y no se explican cómo no les salen las cosas bien… Igual que quienes viven desperdiciando los recursos naturales o contaminándolos y se asombran porque el clima está loco o cada vez quedan menos recursos. Hay quienes se clavan el puñal a sí mismos, pero no se atreven a mirar ni su mano ni la herida que se provocan.

Cada situación que vivimos, cada una de las emociones que nos permitimos sentir a plenitud, esté relacionada con una amistad, un trabajo, nuestra familia o nuestra pareja, tiene varios aspectos para su correcto funcionamiento, pero de lo que tratan estas líneas es que cada una de esas emociones guarda una lección que debemos identificar y aprender para avanzar, aun cuando en un principio cueste entenderla.

Es en este punto en donde aparece el reciclaje emocional, porque hay quienes creen que todo les debe llegar sin esfuerzo o, por otro lado, que nada les llega como parte de una macabra conspiración cósmica para que todo les salga mal, y también los dos extremos –además de estar cargados de un profundo ego, dado que creen que el universo está de una u otra manera girando a su alrededor–, quienes niegan la posibilidad de identificar la lección de lo que se vive con esa emoción.

Como resultado, se siguen tomando decisiones en la misma vía, elecciones que llevan al mismo tipo de vivencia, y se empiezan a reciclar emociones y experiencias en un círculo vicioso. Hasta que no podamos tomarnos el espacio de reflexionar y analizar lo que vivimos, no podremos salir de ese reciclaje y seguiremos tropezando una y otra vez con la misma piedra.

Cambiar la manera de pensar, romper el hábito en el que nos encerramos por comodidad y que se convierte en una cárcel que impide que podamos avanzar es la manera más efectiva de romper con ese círculo, ya que de no hacerlo, estaremos agotando nuestros recursos cada vez más, hasta el punto en donde no exista nada bueno que reciclar y todo lo que carguemos sean un montón de emociones negativas que restan días, tranquilidad y la posibilidad de vivir cosas buenas en nuestra vida.

Y sí, sé que es más fácil decir “piensa diferente” a realmente hacerlo, pero es posible, y entender que es posible, que hay vida más allá de la cuadrícula mental en donde desarrollas tus emociones es el primer paso para que ese cambio sea tangible. Hacer cosas nuevas, ver lo que vives de manera objetiva sin ir al extremo de esperar que todo te llegue porque por ser tú te lo mereces, hasta pensar que nada bueno te pasa porque todos tienen algo en contra tuya también es un gran inicio; pero sobre todo, entender que todo lo que vives tiene una función: avanzar a través de una lección que necesitas aprender.

Recicla por el bien del planeta, pero deja de reciclar, por favor, emociones y experiencias que solo repiten cosas que debes aprender y dejar atrás.

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