Pasándola mal

Por Nicolás Samper

Me enteré del marcador del River-Boca después, llegando a Bogotá después de irme el fin de semana a tratar de huir de todo lo que había alrededor de ese partido, el mentado clásico más largo de la historia que ya hastía por lo ocurrido alrededor, por la sobreexposición, por los líos, porque dejó de jugarse acá… Mamera pura me dio. Hay cosas más importantes.

Y en la carretera, mientras uno trata de tener los ojos bien abiertos porque la seguridad al conducir no depende solamente de las maniobras propias, sino también de las de los demás, aprovechaba esos momentos valles de la conducción para imaginar que hay hinchas que les tocó una parte de la historia llena de dolor y que aún así, siguen firmes, al pie del cañón a pesar de tantos intentos fallidos y de que al corazón no le cabe una cicatriz más de esas que quedan luego de zurcir el dolor.

Pensaba en Gimnasia y Esgrima La Plata y su gente: el equipo es uno de los más antiguos fundados en Argentina, continúa vivo en el profesionalismo y hay que ser fuerte para soportar tanto desde 1887. Porque Gimnasia siempre ha estado del lado del que pierde, del lado del que observa los triunfos de otros a pesar de haber estado varias veces cerca a esa postal que les toca mirar y que beneficia a todos menos a ellos.

Debieron hacerse fuertes cuando a finales de los años sesenta sus odiados rivales, Estudiantes de La Plata, revolucionaron el fútbol argentino y con un juego eficaz levantaron tres Copas Libertadores de América. ¡Tres! Gimnasia se miraba entre sí y nada, de ese lado ni una posibilidad de escalar alto. Todo sumergido en una medianía espantosa que se acentuaba con los triunfos de los vecinos. Una verdadera maldición.

Ni hablar de los descensos: el primero en 1979 y el siguiente en 2011, dos años después de que Estudiantes sumara otra Libertadores.

Pensaba en el equipo de mediados de los años noventa, aquel que perdió el título de liga ante Independiente en 1995, dejando que San Lorenzo quedara campeón y la otra consagración frustrada en 1996, porque mientras Vélez preparaba el grito empatando con Independiente –el mismo que les ganó y les dañó el caminado un año atrás–, Gimnasia se quedaba sin vuelta olímpica al empatar 1-1 ante… ¡Estudiantes! Después sería subcampeón tres veces más, pero estos dos años estuvo en sus propias manos su opción de pisar el andén de los  ganadores. Nunca se vio tan cerca la opción de acabar con la mala racha.

Y la gente igual sigue alentando, como la semana pasada que jugaron la final de la Copa Argentina ante un Rosario Central que había perdido cuatro finales de esta competición. Allí también se fueron con las manos vacías a pesar de alargar la lucha hasta los penales y como siempre, la victoria cambió de acera y se fue con el otro.

La vida se ensañó con Gimnasia. La única vez que levantaron un trofeo fue en 1993, en una Copa Centenario que se llamó así por el festejo de los 100 años de la AFA y no fue denominado como torneo oficial. No importó que vencieran a River y que la hubieran disputado los equipos de primera división paralelamente al campeonato.

Porque así son las cosas con Gimnasia.

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