Los infiltrados

Por Guillermo Rodríguez

Hace unos días le contaba a un amigo sabihondo, sí, uno de esos que todos tenemos que todo lo sabe y que nos contradice en medio del afán de encontrar reparos a regímenes lejanos al de Colombia, en donde pulula la corrupción, la intriga, el descrédito y verdades a medias, para escribir sobre ello y mostrar que aquí todo es posible. Me interesé por tres casos, el primero: el pero y burla que dio en medio de una explicación el estado de Pakistán a los Estados Unidos, cuando capturaron y dieron de baja los Seals al mayor terrorista de la historia, quien vivía en un barrio de tradición y emblemático en ese país. Así es, hablo de la captura y merecida muerte de Osama Bin Laden.

El segundo caso fue el homicidio ante millones de televidentes del embajador ruso en Turquía, caso qué pasó desapercibido, pero que tiene una relación directa por las circunstancias de los hechos con el tercer caso: la estrangulación, muerte, desmembración y desaparición de los vestigios del cadáver de un importante columnista del Washington Post, delito que se cometió en sede diplomática de Emiratos Árabes en Turquía, a lo que organismos de inteligencia como la CIA, aún desconocen los móviles.

Como mi interés era hacer una relación directa entre el poder, la autoridad y la corrupción, me interesé demasiado en el primer caso en razón que es no solo impactante y de película, sino que nos recuerda lo corrompida que puede llegar a ser aquel que se muestra como adalid de pulcritud.

El pero de Pakistán fue en su momento que ellos desconocían que el más buscado del mundo fuera vecino de su ministro de defensa, porque no tenían recursos para saberlo, y que era muy difícil tener conocimiento de ello. En cambio que explicarán cómo el principal mafioso de Estados Unidos llevaba prófugo 16 años y era casi imposible su captura, teniendo en cuenta que vivía en sus narices y que se había salvado de su captura porque un alto funcionario del FBI le había filtrado su inminente detención. Así fue esa historia, nueces se cosen en todas partes, y para muchos sería imposible pensar que el principal capo de la mafia de los Estados Unidos duró prófugo 16 años, que era hermano de un importante congresista que fue presidente del senado, y presidente de la universidad de Massachusetts con muchos amigos en el FBI.

Luego de la muerte de Bin Laden, el FBI concentró sus esfuerzos en la captura del protagonista de la historia, en la búsqueda de la excusa perfecta de Pakistán para mantener a buen recaudo al principal terrorista del mundo, y así fue como en el 2016, luego de inmensos esfuerzos, capturan al mafioso más viejo de América, al conocido James "Whitey" Bulger, quien fue capturado en Santa Monica, California; el FBI se concentró en perfilar la esposa del capo pues a él mismo le perdieron el rastro como sus carpetas. No fue difícil descifrar los gustos de la esposa del mafioso, quien a su vez fue delatada por una vecina que poco gustaba de la pareja. Bulger fue capturado con armas y dinero en efectivo como le gusta a algunos bandidos.

Fue arrestado y enviado a prisión en Tucson, Arizona, en donde a penas hace unos días fue asesinado por el principal asesino de la mafia dentro de prisión. Muchas voces indican que Bulger se llevó consigo muchos secretos, ayudó a caer a clanes familiares mafiosos de Boston y Nueva York, y fue jefe de los principales clanes mafiosos y con influencias en Estados Unidos, país donde de verdad el que la hace la paga.

Ahora sí podemos dibujar una historia de película como ésta porque nos cuesta creer que Petro recibía esos dineros de manera fraudulenta y a hurtadillas, porque sencillamente no era una donación de las hermanas carmelitas, como tampoco sabemos a ciencia cierta si eran pesos, porque a lo mejor eran dólares. De ser así la justicia norte americana debe poner los ojos en él.

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