¡Extrema izquierda!

Guillermo Rodríguez hace una defensa del nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y una exigencia: si se señala a la extrema derecha, también hay que señalar la extrema izquierda.

Por Guillermo Rodríguez

La semana pasada fue elegido el presidente numero 38 de Brasil, el de apellido Bolsonaro, quien sacó democráticamente más de 50 millones de votos legítimos con una campaña austera, lejos de la demagogia y de toda la baja política que tenía atormentada a Brasil y a la región: ese extraño y tormentoso movimiento político y de presión llamado Foro de São Paulo. En él convergían todas las fuerzas que se autodenominaban progresistas, y con serio y evidentes matices anárquicos, comunistas, populistas pero, sobre todo, con ideas subversivas, pues es en ese mismo colectivo en donde encontraron eco y poder de expansión regional las Farc y el ELN; allí fue uno de los espacios para reagendar los diálogos de paz para así llegar a la toma del poder.

La justa victoria de Bolsonaro aceleró a toda la mamertada regional. No paran desde entonces los improperios de ser un completo papanatas de ultraderecha, de ser un presidente antidemocrático y cuantas más bestialidades que no valen la pena mencionar. Se le tacha de ultraderecha de manera injusta solo por defender derechos de los ciudadanos y principios sociales, que a todas luces no van en contravía con la ética, el derecho natural y desde luego el sentido común. Eso a la mamertada le puso los pelos de punta, en principio porque se acaba automáticamente la existencia del macabro Foro de São Paulo, y también con ello toda la corrupción que ha padecido Brasil a causa de un populismo sin límite.

Siempre que sale un líder con ideas que en la historia han demostrado generar bienestar en la sociedad, como el respeto a la propiedad privada, el respeto a los principios y valores democráticos, el respeto a la vida como eje vertical de los derechos humanos, la libertad de mercado, salen menesterosamente a tacharlo de extrema derecha; y bueno, ¿alguien ha dedicado algo para tachar la extrema izquierda? Bueno sería empezar a rotular a quienes promueven todo lo contrario a los principios antes mencionados, y no solo tacharlos de extrema izquierda, sino también mencionar cómo conocerlos, sus rasgos, sus ideas, pero sobre todo lo solapados que son.

Empezaré por una característica poco vergonzante de lo que es la extrema izquierda, empecemos mencionando que dejar un país quebrado y desfinanciado, para darle pan y pedazo debajo del brazo a un grupo narcoterrorista, eso es ser de extrema izquierda; celebrar y promover tal infamia también es ser de extrema izquierda; dejar a un gobierno entrante sin dinámica económica más que promover más impuestos para hacerlo impopular también es de extrema izquierda; pretender vivir del gobierno, promover marchas caóticas improductivas y hacer del Estado el único empleador, también es característico de gente de extrema izquierda. Hacerse el de la vista gorda durante ocho años para que hagan todo lo anterior también es de extrema izquierda.

Promover homenajes a matones como el Mono Jojoy y sus secuaces, también lo hace de extrema izquierda; promover magnicidios y que nada pase, como el de Alvaro Gómez Hurtado, es típico de la extrema izquierda; promover derechos ilógicos como el respeto a la vida del toro de lidia pero a la vez promover el aborto, es de extrema izquierda; promover beneficios jurídicos que no son capaces de conseguir por esfuerzo propio también es natural en la extrema izquierda; burlarse de los mecanismos democráticos como el plebiscito es también natural a ellos, promover la inseguridad jurídica, la alteración de las reglas de juego, el empobrecimiento corporativo privado también es de la extrema izquierda.

Ahora que usted sabe las diferencias, ¿logra comprender que aquí nunca ha existido extrema derecha?

 

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