Resignación

Por Zalman Bem-Chaim

Hay una diferencia sustancial entre resignarse y adaptarse: básicamente es que aquella persona que se resigna muere (lenta y dolorosamente mientras se le pasa la vida), y quien se adapta evoluciona, aprende de la situación y encuentra la manera de avanzar, crecer y mejorar.

Y aunque viéndolo así parecería obvio que lo que se debe hacer es adaptarse a toda costa, lo habitual es que la mayoría de personas decidan resignarse en uno o tal vez todos los aspectos de su vida. Resignarse a depender de su idea de estabilidad, de su empleo actual, a creer que no puede soñar o limitarse por lo que cree es su realidad, cuando normalmente es solo un momento circunstancial. Resignarse a soportar lo que siente porque no encaja con lo que es, lo que vale y lo que merece; o peor aún, resignarse a callar aquello que piensa y siente por miedo a ser juzgado, agredido o silenciado (como se ha visto en Colombia y en muchos lugares del mundo, donde quienes tratan de presentar evidencias de cosas que no son ni legal ni éticamente correctas son perseguidos por todos los medios e incluso asesinados para lograr silenciarlos).

La resignación es el camino fácil ante cualquier contratiempo o dificultad. Por otro lado, adaptarse requiere varias características no tan sencillas de aplicar, ya que cualquiera de estas requiere un cambio en como vemos y hacemos las cosas, más aun cuando el objetivo debe ser adaptarte sin perder aquello que eres, que te hace único y que es eje de tu personalidad.

Esto no quiere decir ir contra la corriente, pelear con el mundo entero y llevar la contraria a todo para no caer en el desasosiego y agonía que significa la resignación. Quiere decir buscar un punto medio que nos permita expresar lo que somos, sentimos y pensamos, y entender que aunque todo se puede, no todo es conveniente para nosotros. Tampoco quiere decir que aquello que consideramos no conveniente sea malo o deba ser juzgado, simplemente es algo que aunque no compartamos, debemos respetar y dejar pasar.

Adaptarnos requiere tener la fuerza suficiente para dar un paso más allá de lo que nos desagrada, pero también la claridad mental necesaria para evaluar con sensatez las razones que llevan a que eso no cuadre con nosotros, de manera tal que aprendamos la lección que la vida nos quiere enseñar, y así avancemos sin tropezarnos con la misma piedra una y otra vez.

Por ninguna circunstancia debemos resignarnos ante las eventualidades de la vida, ante las opiniones de otros o sus puntos de vista, pero particularmente ante nuestros miedos, los cuales no van a desaparecer por arte de magia. Lo que debemos hacer es adaptarnos, entender que son parte de nosotros y aprender de ellos, usándolos a nuestro favor y viviendo la vida que nos merecemos aun a pesar de estos y de cualquier vuelta que dé la vida, porque más que nuestra supervivencia, es nuestra evolución (en todos los aspectos) la que está en juego.

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