Messi

Por Adolfo Zableh

A Cristiano Ronaldo no lo quiere nadie. Los hinchas del Real Madrid, los de Portugal, sus amigos y su familia, pare de contar. El resto lo odia, aunque odiar es un sentimiento exagerado para este caso. El mundo no lo odia, pero sí se mofa de él con bastante saña.

Y razones no faltan. Es joven, talentoso, exitoso y millonario, o sea, está lleno de ingredientes para que lo envidien, y en este mundo la envidia suele venir acompañada de veneno. Y ahí tienen que no es un mal tipo, o al menos eso parece a la distancia, solo que a ratos le gana la prepotencia, la misma que lo lleva a autoproclamarse como el mejor futbolista de la historia y a decir lo mismo que acá he afirmado: que le tienen envidia por ser exitoso. No creo que en lo primero tenga razón, pero en lo segundo no está para nada lejos de la realidad, el problema es que ambas afirmaciones salgan de sus labios y no de los de los demás. Si tú vas por el mundo diciendo que eres el más bonito, terminas por echártelo encima así lo seas.

Eso, y que esté cobijado por el Real Madrid, que no solo es el mejor club del mundo, sino que está rodeado por toda una maquinaria mediática y de poder que todo el tiempo se esfuerza en victimizarse. Según ellos, el Madrid es un pobre equipo que está solo contra el mundo y que se ha hecho grande no gracias sino pese a él. Y Cristiano encaja perfectamente en ese discurso victimista, por eso están hechos el uno para el otro.

El otro día contra Marruecos hizo un gol al minuto cuatro y se desapareció, pero con eso le alcanzó para ser elegido el hombre del partido, ser el goleador del Mundial y agrandar su leyenda. Está tocado no solo por el talento sino por la suerte, aunque es cierto que el éxito está reservado para aquellos que la tientan. Es un tremendo goleador que lo que remata va para adentro, y encima está lleno de hambre, aunque haya ganado casi todo lo que un futbolista puede ganar.

Un día, los ciudadanos del mundo mirarán el palmarés de Cristiano, verán que es igual al de Lionel Messi y pensarán que los dos eran iguales. Ni por ahí. Cada uno a su estilo es extraordinario, pero mientras Cristiano es goleador, metedor, ambicioso, líder y tiene a un equipo que juega para él, el argentino es tan o más goleador, tan o más hambriento, pero es más completo. No solo define, sino que genera, su liderazgo no viene por temperamento, sino por nivel de juego; cuando sus compañeros lo ven jugar tratan de dar lo mejor para no quedarse tan atrás.

Es decir, los números no mienten en que portugués y argentino han sido igual de ganadores, pero quienes los hayamos visto jugar sabremos que sencillamente no hay punto de comparación y que si alguien puede aspirar a la calidad de Messi, ese no va a ser Cristiano Ronaldo. Él mismo lo sabe y por eso el miércoles en Luzhinikí todo el mundo coreaba el nombre de Messi cada vez que Cristiano tocaba el balón, solo por montársela. Eso lo enzorraba, pero al mismo tiempo lo motivaba porque el desprecio del mundo es su gasolina. Por dentro debe estar convencido de que no hay ni ha habido nadie como él y que entre más lo ataquen más cosas ganará.

Luego del juego, en la rueda de prensa, un mundo de periodistas lo esperábamos. Él llegó, se sentó, respondió dos preguntas, ambas hechas por personal de la Fifa que estaba en la sala, y se fue sin habernos dado el chance de preguntar. Todos quedamos atónitos. La presencia de los entrenadores de Portugal y Marruecos era meramente circunstancial, todos habíamos ido por Cristiano porque, así nos guste más Messi, el del Madrid es un fuera de serie que quedará para siempre en los libros de historia. Por detalles como ese y por creer y autonombrarse como el mejor es que muchos no lo quieren. Yo me metería en ese grupo, pero si te gusta el fútbol tiene que gustarte Cristiano Ronaldo así esté inflado. Y lo está porque es un gran delantero con registros goleadores de la época donde las defensas jugaban con dos, pero al que si sacas del área no te produce nada, y aun así le basta con aparecer cuando se necesita para ser la gran figura. 

Ese día no solo no nos habló, sino que no estaba permitido tomarle fotos. Yo logré sacarle esta de contrabando, de ahí lo tapado que sale, se las regalo. Resulta sobrecogedor estar cerca de un crack, así me guste más Messi.

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