Porque no todo es tan malo…

Virginia Mayer comienza con esta columna su nuevo experimento de escritura.

Porque no todo es tan malo…

Aquí comienza mi experimento (me pasaré la vida haciendo experimentos). Desde hoy empiezo a escribir sobre mí. Ya no tengo cuenta en Twitter, la borré. Ya no uso las redes sociales para saber qué está pasando y sobre qué se indigna la gente. Intentaré no volver a hacer crítica social porque cada vez que lo hacía estaba dejando mi alma en el texto, me quedaba vacía por dentro e iracunda con todo lo que me rodea. Algo pasó en mi niñez que aún no identifico… ¿o sí? Quiero creer que a eso se deben mi rabia y mi descontento. Pero como lo he dicho un par de veces, a pesar de odiar este mundo amo mi vida, amo lo que me tocó vivir, y por eso esta columna está dedicada a todo aquello que agradezco, porque quiero comenzar a sanar.

Agradezco a mis viejos por haberme aceptado con las luces y las sombras, por el amor infinito que tienen para mí (¡y por las nacionalidades!). Agradezco cada vez que mi viejo me llama “Salchicha” o “Chocolate”, porque es su manera de ser expresivo y demostrar que me ama. Agradezco sus ojos grandes y sus abrazos, porque podría quedarme a vivir en ellos, y le agradezco también que me regaló la música en la vida. Agradezco la piel suave de mi vieja, la mujer más dulce que me he cruzado en la vida, la hormiga que más trabaja y la persona que me regaló las letras. Agradezco que crea en Dios como lo hace, porque con su fe cree también por mí, que no creo en un carajo. Le agradezco a Henry por cuidarla, y a Adriana por ser una bendición para los dos.

Le agradezco a Claus –mi hermano- por Isabella & Gabriella, esas dos niñas hermosas y dulces que trajo al mundo, porque las amo, porque son bellas, porque son una parte de él. Agradezco que sea mi hermano y agradezco porque hay vida para que sanemos, para que lo intentemos otra vez. Sí, otra vez.

Le doy gracias a la vida que hace más de 17 años me puso a Juan Pablo Mazuera en el camino, agradezco porque con él viví la historia de amor más pura, sincera, honesta, amorosa, entregada e infinita que he tenido. Le agradezco a la muerte porque se lo llevó enamorado y amado, porque sus últimos meses de vida volvieron a llenarle el alma y la autoestima y se fue contento. Y le agradezco a Gloria porque lo amó y porque está cerca para abrazarla y para que lo lloremos juntas.

Le agradezco a mis dos piernas gordas que son –casi- sanas y me llevan a donde quiero ir. Le agradezco a mis brazos gordos y a mis manos, perfectos, porque puedo abrazar, puedo nadar, escribir, coger libros, tenedores, cuchillos y cucharas, ¡porque puedo masturbarme! Le agradezco a mi cara porque me gusta lo que veo cuando me miro al espejo. Le agradezco también a mi pelo sano y a mis canas hermosas. Le agradezco a mi espalda y a mi estómago, que aunque enfermos, le obedecen a los remedios a los que tengo la inmensa suerte de acceder a través de mi EPS a la que también le agradezco por ser la mejor y solucionarme la vida.

Le agradezco a mis letras, mi gran pasión, mi inmenso orgullo. Le agradezco a Charles Bukowski, al Marqués de Sade, a Frida Kahlo y a Led Zeppelin. Y le agradezco a Daniel por haberme dado acceso al mundo del maravilloso pintor que fue su papá, Armando Villegas. Le agradezco a Uruguay, donde pasé una adolescencia inolvidable, dolorosa y maravillosa. Le agradezco a Colombia, donde me convertí en escritora, y a Estados Unidos, que me vio nacer.

Le agradezco a Nathalie los años que estuvimos cerca, por haberme abierto las puertas de su casa y haberme hecho parte de su familia. Les agradezco a Jasper & Pajas por cuidarme, por acompañarme, por hacer que me sienta tan cómoda y tan amada. Le agradezco a Nené porque siempre está ahí cuando la necesito, y porque tiene los rulos más deliciosos en los que me haya sumergido. Le agradezco a Pocho porque más que amigo es un hermano, y a Diana por haberme presentado a ese muñequito tan divino y haberme hecho sentir que también es mi familia. Y le agradezco también a mis tías Miriam, Marcela y Carolina, y a mi tío John, porque siento el amor que tienen para mí.

Le doy gracias al Gordo por haberme llevado a Sancho BBDO, y a Sancho BBDO porque me reta y me motiva, y porque es un lugar maravilloso para pasar la mitad de mi tiempo. Le agradezco a los integrantes de mi equipo de trabajo porque amo trabajar con ellos, porque me enorgullecen y me divierten, y porque siento el amor. Agradezco también la oportunidad de vivir tan cerca de mi trabajo y así poder ignorar el tráfico de la capital. Y le agradezco a Aleja y al teatro Casa E por haber creído en mí y en Tomás, y por habernos dado ese espacio alucinante que tanto bien le hizo a mi alma y a mi cuerpo.

Le agradezco a mi gata Mandela que me acompaña, animalito hermoso. Agradezco también la aparición de Liliana en mi vida y su honestidad, y agradezco la generosidad y el amor de Wetzel. Agradezco que vivo en un apartamento divino que me produce paz y tranquilidad, donde puedo descansar y ser yo misma. Le agradezco a mi país las montañas de Colorado, los desiertos de California, los cactus de Arizona y la luna de Nuevo México. Agradezco también a Simón, porque creyó en mí. Le agradezco a Pino por haberme dado este espacio, y a Juan Pablo por editarme con tanta elegancia.

Agradezco que tengo todas las cosas que he querido tener, y que he cumplido todo lo que me he propuesto. Agradezco que llegué a una cuna privilegiada, agradezco las increíbles oportunidades que me ha dado la vida, agradezco todo lo que he visto, lo que he oído, lo que he sentido ¡y lo que he comido! Y, finalmente, le agradezco a Vegalara, por haberme dado la idea de escribir esta columna.

Por: Virginia Mayer / @virginia_mayer