¿Sobre qué voy a escribir?

Virginia Mayer nos plantea su nuevo experimento: evitar las redes sociales y las noticias. "Yo no escribo para debatir con mis lectores, lo hago para desahogarme porque este mundo es un asco y lo odio", confiesa.

Por Virginia Mayer

En mis últimas dos columnas publicadas hace más o menos un mes explicaba otra vez (¡¿cuántas veces hace falta que lo haga?!) las razones por las cuales no soy feminista (qué cansancio el tema…) y también analizaba el #YoTambién (hashtag a través del cual millones de mujeres confesaron haber sido abusadas de alguna manera por un hombre). Dos chicas que conozco personalmente quisieron debatir el tema conmigo a través de mis redes sociales pero me negué a hacerlo simplemente porque no se me da la gran puta gana. Una de ellas no entendió, o simplemente se negó a hacerlo, y escribió un texto con el que pretendía –otra vez- obligarme a debatir con ella, y nuevamente me negué porque conmigo la presión no funciona, y porque nadie me obliga a hacer algo que no quiera hacer.

Ya lo he dicho antes, yo no escribo para debatir con mis lectores, lo hago para desahogarme porque este mundo es un asco y lo odio. Lo odio. Ninguna feminista desubicada me va a obligar a debatir con ella. Me he negado a ir a programas de radio y televisión a los que me han invitado porque no me interesa la discusión. Me interesa, sí, si es en persona y con quienes conozca, jamás con extraños. No es una cuestión de falta de argumentos: yo simplemente escribo sobre lo que pienso y lo que siento. Y por supuesto que tengo mucho que aprender, hasta el día que me muera, pero continuaré eligiendo a mis maestros. No por publicar una columna de opinión tengo la obligación de debatir con quienes me leen. Esa no es una regla que exista y por eso me doy el lujo de bloquear e ignorar. Y seguiré haciéndolo, porque puedo.

El día de la publicación de esta persona me fui de vacaciones a un viaje que duró tres semanas y en el que me desconecté de Colombia, de sus noticias, de su gente y de las redes sociales. Y ahora que he vuelto a mi cotidianeidad me estoy planteando borrar mi cuenta de Twitter (el único motivo por el que no borraré Facebook es porque necesito Messenger) porque para lo único que sirve es para alimentar mi ego. Creo que el número de gente que tengo bloqueada es parecido a los 15.000 seguidores que tengo. Cada vez que alguien me menciona y con ello me provoca entrar en una discusión o pelear (que me fascina) bloqueo a la persona para no gastar mi energía que es divina y mi tiempo tan preciado. Bloqueo porque puedo hacerlo, porque es una de las posibilidades que brinda esta red social. Hace un par de meses casi no tuiteo y solo me dedico a postear mis columnas, y aquellos textos que publico de vez en cuando.

Tampoco leo, veo, ni oigo noticias, pues me provoca más meter una mano en la licuadora. Estoy convencida de que los medios de comunicación tradicionales nos informan exactamente sobre lo que el Gobierno quiere que sepamos. Creo que toda la información está manipulada y que siempre que hay un escándalo es porque este esconde uno aún mayor. La corrupción me produce una ira infinita, pero no más ira de la que me produce comprender que no tiene cura, que estamos cagados. Las malas noticias no le ayudan a nadie y casi todos los políticos mienten. No me interesan las noticias porque no entiendo la economía, me sabe a pura y física mierda la política, me vomito con los deportes y siento asco con las patéticas presentadoras de entretenimiento que no tendrían trabajo si no mostraran las piernas o insinuaran las tetas.

Entonces me pregunto, si no me entero de las noticias, no voy a tener Twitter y voy a ignorar Facebook, ¿sobre qué voy a escribir? Joder… nunca pensé que fuera a padecer la crisis de los 40, y acá estoy, replanteándome todo, pero sobre todo a mí misma.

Por: Virginia Mayer / @virginia_mayer

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