Campeones de amistosos

Mucha histeria oí, vi y leí después de la derrota frente a Corea del Sur. Y cuando este periódico haya llegado a sus manos ya estaremos sabiendo cómo fue el desenlace de la aventura asiática porque el duelo ante los chinos comenzó a las 6:30 a.m. A las 8:30 a.m. habrá un resultado y un balance.

Y la palabra que más sirve en estos casos de evaluación es con la que concluye el párrafo anterior: ese es el fin último de los juegos en los cuales no hay puntos en disputa, porque de esos laboratorios de prueba es que emergen soluciones o se detectan problemas para poder solventarlos a la mayor prontitud. Sin embargo, a veces es difícil entender el calor de los juicios que se ven por todas partes. Oigo, veo y leo que en las redes sociales, por ejemplo, tras el encuentro frente a los coreanos, Colombia era poco menos que la peor selección del ranking Fifa. Que para qué carajos ir a un mundial si es a hacer el oso, que para esa gracia no nos hubiéramos clasificado. Que Stefan Medina es un criminal, que Leandro Castellanos una mentira que solo sabe atajar en Colombia, que cómo era posible perder ante los coreanos y jugar tan mal. Y es en ese punto en el que hay encuentros y desencuentros. Porque una cosa es destruir y otra criticar.

La primera prueba dejó molestias porque el juego no aparece tan fino, porque está costando crear y en especial generar. Que defensivamente hubo sombras y que en el remate de campaña –incluyendo eliminatorias– se siente un bache profundo. Hasta ahí estamos de acuerdo y uno entiende que estos partidos dan esos dictámenes dentro del cuerpo técnico. Porque así hay que ver esos duelos, así cueste trabajo, porque los que salen al campo están enfundados en nuestra bandera: como laboratorios. Laboratorios que a veces no entendemos –Tesillo de lateral es un absurdo, Medina estuvo flojo y se siente cada día más fuerte el agotamiento de su propia imagen con la camiseta tricolor puesta, algo que alguna vez le pasara a Barrabás Gómez o a Víctor Aristizábal, por poner dos ejemplos al azar–, pero finalmente es el espacio ideal para equivocarse sin arriesgar nada.

La gente, inconforme, quiere que siempre gane su Selección. Y yo también. Pero tranquilidad, porque la verdadera preocupación debe llegar después del sorteo de la copa mundo: ahí vamos a saber qué se viene en el menú. Por ahora hay que pensar en mejorar –obvio– y en afinar los nombres de la convocatoria final. Es que el recuerdo me lleva a esa gira entre 1993 y 1994 con el equipo fantástico que le ganó 5-0 a los argentinos en Buenos Aires y que se pavoneaba venciendo equipos de miseria enfundados en camisetas de renombre –Eintracht Frankfurt, Bayern Múnich, Milán, Parma, Nigeria, Grecia y tantos otros–, inflándonos el globo del ego hasta que el aire no cupo más y estalló en USA 94 con el resultado que todos ya conocemos.

Prefiero perder todos los amistosos y corregir a partir de esos contrastes para pelear con dignidad y armas en el mundial. ¿Usted?