#YoTambién

La escritora Margarita Posada nos solicitó este espacio para explicar la importancia de la campaña viral #YoTambién (#MeToo) contra el acoso sexual a las mujeres, y para responder la posición de nuestra columnista Virginia Mayer al respecto.

Por Publimetro Colombia

Empezaré por decir que todo este asunto de Weinstein me tiene no sólo revuelta, sino contenta porque, a pesar de que levanta la costra de una herida que quizás seguiré cicatrizando hasta que me muera, gracias a este escándalo y al hashtag #YoTambién que hoy pulula en redes se puso sobre la mesa un problema grave y que es más viejo que la moda de andar a pie: el acoso y el abuso sexual.

La efectividad del #MeToo que la actriz Alyssa Milano incitó a utilizar a todo aquel que haya sido víctima de acoso o abuso sexual ha sido puesta en tela de juicio por algunos, entre ellos Virginia Mayer, una columnista de este medio que publicó en Facebook la pregunta “¿De qué sirve el #YoTambién si no denuncian al agresor?” Como luego se negó a discutir las respuestas que muchos le dimos diciendo que por redes sociales ella no discute, que le “saben a mierda esos hashtags tan románticos como inútiles” y que la única manera de debatir sus ideas es escribiendo una columna, acá van mis argumentos:

Sirve porque pone en evidencia que el tema no es un caso aislado de un señor en Hollywood que se aprovecha de su poder para seducir actrices hambrientas de fama. Sí, las redes están plagadas de este y otros hashtags y puede que, como dice Virginia, muchos sean utilizados por “gente que no piensa individualmente sino en grupo”, pero este tiene un ingrediente particular: les da la oportunidad de confesar a las víctimas. Por raro que parezca, las víctimas tenemos miedo y vergüenza de haber sido víctimas. Puede que incluso muchas de ellas (no es mi caso) estén compartiendo por primera vez su dolor y que el solo hecho de poner #YoTambién las ayude a liberarse. Aún más poderoso: puede que viendo el efecto dominó que ha generado el hashtag, muchas de estas víctimas estén recién elaborando eso que les pasó y que no podían identificar como acoso o abuso.

A mí me tomó 20 años elaborar lo que me había pasado (prácticamente tenía borrado el cassette). Y cuando al fin lo recordé y lo entendí como lo que era, sentí vergüenza y culpa de que me hubiera pasado. Decirlo es un acto de valentía que libera pero a la vez revive el dolor, razón por la cual dudo que quienes lo utilizaron estén simplemente adhiriéndose a una campaña como borregos.

El que Virginia haya acusado públicamente en su columna a Édgar Artunduaga es sin duda un ejemplo, y claro que ponerles nombre y apellido a cada uno de los agresores sería aún más efectivo, pero eso NO hace menos efectivo ni inútil el hashtag. Sería como menospreciar la valentía de ella al decir nombre y apellido de su agresor por no haber instaurado una demanda formal ante la ley. El hecho de que siempre se pueda ir más lejos para evitar estos desmadres no nos hace menos valientes a quienes nos atrevimos solamente a poner en nuestras redes #YoTambién sin dar más detalles, quizás porque no tenemos su aguerrido temperamento, quizás porque al hacerlo perjudicamos a otros y podemos perder cosas más importantes que un trabajo.

Si no, preguntémosle a Adolfo Zableh que tuvo la valentía de escribir sobre su experiencia al respecto cuando apenas era un niño. En su momento, no recuerdo a ningún periodista cuestionándolo por no señalar el nombre de su agresor/a o por no haberlo denunciado inmediatamente le sucedió. Aunque estadísticamente haya más mujeres y niños acosados y abusados que hombres, este tema no es de género ni de edad. Se llama y duele igual provenga de donde provenga (hombres o mujeres, bonitos o feas, menores o adultos y jefes o familiares).

Por eso no puedo más que sentir empatía y admiración por quienes salen a contar sus historias. El nivel de elocuencia y de detalle no suman ni restan valentía. Me alegra que gracias a ese #YoTambién los y las que no se han dado cuenta de que acosan, se pellizquen, y que quienes ya son acosadores profesionales tiemblen de miedo, sean Woody Allen o Perencejita Pérez. Todo es ganancia en esta batalla.

Siempre he pensado que las columnas de opinión tienen fines más sublimes que convertirlas en rines de boxeo para dos egos. Dicho lo anterior, debo admitir que esta vez caí de manera tangencial en el juego, no para tener la razón, sino para dar mis razones, que es muy distinto, y no para ganarle a Virginia, sino para ganarle a esta horrible pesadilla de la que #YoTambién he sido víctima porque #YoTambién necesito sanar. Y sanar lo que ya sucedió es igual de importante a evitar lo que está por herir a otros.

Por Margarita Posada / @SrtaBovary

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