‘El Culebro’ Casanova

¿No sabe quién fue Hernando 'El Culebro' Casanova? Por favor, lea esta elegía del 'Pote' Ríos a uno de los más grandes ídolos de los treintañeros (para adelante) de Colombia, cuya vida llega ahora al cine.

Por Andrés ‘Pote’ Ríos

Es un ídolo. Era un derroche de talento. Hizo que la televisión y el cine colombiano de finales de la década del setenta, de los inolvidables ochenta y parte de los noventa fueran sencillamente inolvidables. Su figura, su tono, sus pintas, su pelo, todo él, para los que tenemos más de 33 años eran misticismo y alegría. Hernando ‘el Culebro’ Casanova es un culto. Es la representación de esa Colombia desparpajada que necesita reír como mejor antídoto de todos los males. ‘El Culebro’ evoca recuerdo y siempre estará en el olimpo de los grandes de este país.

Hoy, casi 15 años después de su muerte, su hijo menor, Nicolás Casanova, decide hacer una catarsis, un acto de valentía para encarar la figura paterna que se le fue cuando él rondaba tan solo los ocho años de edad, mediante un documental sobre lo que fue Hernando Casanova, el actor, el cantante, el humorista, el padre.

‘El Culebro’ partió de este mundo el 24 de octubre de 2002. Tan solo tenía 57 años. Su salud empezó a quebrarse en 1999, cuando hacía la telenovela Perro amor, y sufrió un infarto. Cambió hábitos de vida, empezó a hacer deporte y se sometió a una cirugía que involucró el reemplazo de una válvula del corazón por un injerto de cerdo. Sí, hay una foto famosa del ‘Culebro’ y ‘Don Chinche’ con una cerda gigante y el destino “lo ligó” a la especie. Incluso él seguía tomando con humor la vida y decía que ya el corazón no le hacía ¡pum, pum, pum!, sino ¡oink, oink, oink!

Pero la válvula aguantó hasta donde pudo, falló y con ello se llevó a Hernando. Todo desembocó en un infarto, una falla multisistémica y su muerte. Se fue aún lleno de proyectos. Se fue con ambiciones, joven y con mucho para dar en un momento en el que la televisión colombiana vivía una transición dramática. Las grandes glorias como Casanova sufrieron esos cambios: muchos fueron olvidados; otros, como él, pasaron de ser “la estrella indiscutida” a hacer la cola para someterse a un casting. Hernando Casanova jamás tuvo por qué hacer un casting. Su talento y el aura que lo acompañaron no merecían evaluación, merecieron siempre una venia y un aplauso.

Escribo como un admirador. Sé que mi objetividad se va al traste y me encanta que así suceda. El humor que profesó ‘el Culebro’, sus personajes memorables en Yo y tú, Don Chinche y esos sketches inolvidables con los Recochan Boys están en mi ADN. Lo suyo era hacer grandeza de la simpleza pura. Era hacer reír con inteligencia valiéndose de la colombianidad. Era el reírnos de nosotros mismos (algo que hoy nos atraganta y nos da “indignación” en redes).

Pero detrás de estos genios como ‘el Culebro’ hay por lo regular una vida distinta. Es un yin-yang, cara y sello, la historia del hombre que hace reír pero que siente tristeza en su interior. Según me contó su hijo Nicolás, y parte del documental que él dirige explora esa faceta, Hernando Casanova tuvo una infancia dura en la que su padre lo rechazó e incluso le negó el apellido. Lo normal hubiera sido que se llamara Hernando Escobar, pero no, su abuela salió al rescate y le dio el Casanova. Y fue mejor: sonó y suena maravilloso el Casanova.

La fama fue grande, la plata entró a borbotones, pero no hubo escenario para la inversión y la previsión para el futuro. Les dio educación a sus hijos, siempre afirmó que ese sería su mayor legado en ellos. Y vivió con fuerza lo que era estar en el curubito de la farándula nacional de los ochenta con las míticas rumbas en su apartamento o en el de Jimmy Salcedo (otro grande), que contaban con la presencia de Pacheco, Álvaro Ruiz, Amparo Grisales, ‘el Gordo’ Benjumea, entre otros. Era el escenario de la rumba, de la farra fuerte. La pachanga, que también servía de escenario para la creatividad. Sin duda, como me lo afirma Nicolás, parte de la genialidad de los Reconchan Boys fluyó al son del trago.

Su sueño fue ser cantante y en cierta forma lo materializó con El show de Jimmy. Pero hay facetas del ‘Culebro’ que van más allá del humor y reflejan su talento. Hizo 11 películas, participó en 45 series y/o telenovelas, ganó en 1977 el premio APE a mejor actor, por Embrujo verde, y lo más importante, dejó una huella imborrable.

Admiro demasiado lo que fue este personaje. Sé que era un mar de errores ¿Quién no lo es? Y es parte de su genialidad. De igual manera admiro y felicito a su hijo Nicolás por enfrentar el recuerdo de su padre. Hernando Casanova es un patrimonio de la nación. Ojalá estuviera acá para dar lecciones de humor, para hacer lo que a él más le interesaba: que la gente fuera feliz.

Por Andrés ‘Pote’ Ríos / Twitter: @poterios

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