Hacer lo que nos dé la gana

Por Zalman Bem-Chaim

Tengo algunos (por no decir que muchos) reparos sobre el sistema educativo, particularmente sobre su enfoque, el cual ha dado más peso y relevancia a aspectos que no necesariamente son tan vitales, y ha dejado de lado la imperiosa necesidad de aprender a disfrutar nuestra propia felicidad, cultivar nuestra creatividad y desarrollar verdaderamente nuestras habilidades y talentos.

Es por eso que para muchas empresas resulta más importante un montón de papeles que las cualidades mismas de aquellos que se convierten en sus colaboradores, por lo cual tratan de ajustar su esquema de trabajo de tal manera que logren encerrarlo en parámetros de tiempo que suelen ser absurdos y de cumplimiento que son, por lo general, tan solo desgastantes, pero nunca orientados a desarrollar y fortalecer las habilidades de las personas.

Toda esa cadena de eventos desafortunados lleva a que la gran mayoría de personas esperen el final de la semana con gran entusiasmo, y no es que tengan algo en contra de los lunes, es también contra todos los otros días que no impliquen fin de semana, descanso o vacaciones.

La educación debería tener por objetivo poder formarnos en áreas básicas que permitan que nuestro pensamiento tenga cierta estructura, pero sobre todo agilidad y flexibilidad, de tal manera que al terminar nuestros estudios (sean los que sean) el resultado no sea ir en busca de un trabajo, sino de encontrar aquel espacio correcto donde, según lo que somos, podamos dar lo mejor de nosotros y aún así aprender cada día más. Debería ser un proceso de autodescubrimiento que permita pensar y no un simple espacio para memorizar y socializar.

Que el trabajo no nos dé trabajo, sino que podamos hacer lo que se nos dé la gana; en el mejor sentido de la palabra, debería ser el objetivo de cualquier actividad, de hecho de cualquier empresario. Y aunque es una apuesta arriesgada que requiere de algunos ajustes para su implementación, dar a las personas el espacio para expresarse, la autonomía para desarrollarse y el tiempo para lograrlo puede permitir que los resultados sean notoriamente diferentes y mucho mejores que los que actualmente pueden tenerse.

Es una apuesta a la innovación, al autocontrol, a la disciplina, pero sobre todo a la creatividad y a la autonomía que cada persona puede tener, es darle luz verde para que pueda interactuar con su entorno dando lo mejor de sí y no limitado por una serie de normas y parámetros que no siempre son los más eficientes o los más inteligentes.

Pero también es una apuesta a que podamos formar a quienes vienen con mayor flexibilidad y autonomía, y en el proceso nosotros podamos poner a prueba nuestra habilidad de adaptación para ver ese cambio en la actualidad y no tener que esperar muchas generaciones para verlo convertido en una realidad.

Hacer lo que se nos dé la gana se traduciría entonces en dar lo mejor de nosotros, en aquello que hacemos para que todo salga a la perfección y no simplemente canjear nuestro tiempo por un dinero que para que llegue a nosotros nos causa angustia, pereza y frustración.

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