Días más largos

Por Zalman Bem-Chaim

Parece que siempre queremos tener días más largos, particularmente los fines de semana y más aún si tienen incluido un día feriado, pero más allá de qué día sea, o cuánto nos emocione o no realmente lo que hacemos durante nuestro día, llega un momento –que habitualmente es al entrar la noche o cuando ya estamos cerca de nuestra hora de dormir– en el que sentimos que nos habría gustado tener más tiempo a nuestra disposición para haber hecho un poco más con nuestro día.

Y aunque el tiempo pase más rápido –y la explicación científica a ese fenómeno no viene al caso en este momento–, esa sensación de que necesitamos tener días más largos surge no porque se esté acordando el tiempo, sino porque no lo usamos de manera eficiente, dejamos todo para última hora y cuando nos vemos presionados por el final del día o agobiados por nuestro cansancio, culpamos al tiempo de lo mal que hemos decidido usarlo, como si eso fuera a cambiar algo.

Lo que sí puede llegar a cambiar algo es el hecho de hacernos conscientes de que debemos aprovechar cada día, cada instante, como si no existiera otro. Entender que aunque sea agradable hacer pereza un rato revisando nuestro móvil, tomar una siesta o simplemente cambiando canales buscando algo para ver en televisión, son cosas que a la larga pueden terminar por distraernos en vez de aportar para que hagamos lo que sabemos que debemos hacer, eficientemente y de la mejor manera.

Todo debe tener un espacio y un momento en nuestra vida, tanto el trabajo que realizamos como el ocio, y encontrar un equilibrio es fundamental para que podamos tener una vida plena y tranquila, ya que un exceso de cualquiera de las dos cosas nos va a distraer de la vida misma.

Manejar eficientemente nuestro tiempo, dividiéndolo en pequeños lapsos en los que podamos plantearnos actividades por realizar, y empezando sin demoras, puede ayudarnos a ser mucho más eficientes en todo lo que nos propongamos hacer, permitiendo que logremos cumplir las tareas que tenemos planeadas y también aquellas que pueden llegar a último minuto y requieren de nuestra atención y pronta solución.

Si podemos ser conscientes de que nuestro tiempo es limitado, y que somos los únicos responsables de como lo usamos –y qué tan efectivos podemos ser al usarlo–, no solo vamos a reducir nuestro nivel de estrés diario, sino que además vamos a estar enfocados en el contenido de esos días, en que sean mejores, y no tan solo en su duración, queriendo que pasen más rápido para que llegue el fin de semana, o que tengan más horas para que podamos completar aquello que, deliberadamente, hemos decidido aplazar.

Entendiendo esa responsabilidad, entenderemos que no necesitamos días más largos, sino mejor vividos.

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