Los fantasmas del periodismo deportivo en Colombia

Por Alejandro Pino Calad

“Nombre tres países de Europa (que no sean España, Alemania, Francia, Italia o Reino Unido) con sus capitales”. La respuesta a esta pregunta de un test que realizó un profesor de conflictos internacionales en la Universidad Externado de Colombia en 2012 nos dejó a todos boquiabiertos: más del 60% de los encuestados no respondió o lo hizo mal. Lo peor es que sé que si a la gran mayoría de ese 60% les preguntan por selecciones que iban a jugar la Eurocopa de ese año, seguramente se acordarían de Polonia, Ucrania, Grecia, Holanda, Portugal, Dinamarca y compañía.

Aparte de escribir sobre fútbol y otras vainas, soy profesor. Tuve una clase sobre Políticas Culturales, otra sobre Historia de la Cultura Colombiana, una de Teorías de la Comunicación enfocándome en los aportes teóricos de Estudios Culturales y manejé un semillero de investigación sobre Deporte, Nación y Sociedad. Yo sé, una ñoñera, pero en cinco años de ejercicio docente debo decir que algo anda mal con la educación en este país.

No me voy a poner a cuestionar el sistema educativo por logros de los colegios colombianos pues no es mi labor (aunque me parece una de las grandes miserias recientes del país), pero llevo trece años lidiando con practicantes en diferentes medios y en la mencionada universidad veo con curiosidad el afán de muchos por ser periodistas deportivos, y debo advertir que hay que preocuparse.

Una de las grandes mentiras en las que la industrialización de los medios metió al periodismo es el de la especialización: hoy hay periodistas deportivos, culturales, políticos, económicos, ambientales, judiciales, de farándula… y en últimas no son periodistas. Son personas que creen ser expertas en un tema específico, pero resulta que cuando les haces una pregunta transversal quedan jodidas, especialmente los más jóvenes, los aspirantes a llegar a los grandes medios para ser famosos. Porque ese es el otro problema: los que quieren ser periodistas no quieren ser periodistas, quieren ser famosos.

Un periodista que trabaje en deportes y que no entienda la importancia cultural y política del Junior para el Caribe colombiano está jodido, tanto como el que no sea capaz de ver el papel del fútbol en el ingreso de los narcotraficantes a la sociedad colombiana o el que crea que la rivalidad entre el Real Madrid y Barcelona se basa en que unos tienen a Cristiano Ronaldo y los otros a Lionel Messi.

Peor aún, el periodista que trabaje en deportes y que crea que todo es fútbol seguramente no tiene ni idea del papel de cohesión social que tuvo el ciclismo en la historia del país, no podrá explicarle a su audiencia por qué carajos en Cartagena importa más el béisbol que el fútbol y piensa que el golf es una cosa reciente que se puso de moda con la emergencia de Camilo Villegas, o que el automovilismo es un deporte que no le importa a los colombianos porque no hemos tenido un corredor en F1 desde Juan Pablo Montoya. ¡Bien por él!

Para ser periodista no sólo hay que leer, hay que consumir cultura, hay que ver televisión, escuchar música (¿crees que sabes del Liverpool y el Everton y no sabes quién es Paul McCartney? ¿En serio?), tener curiosidad, conocer el mundo… el problema es que ser periodista en este país ya ni siquiera se trata de la falacia de escribir o hablar bien, ahora pareciera resumirse en ser bonito o polémico, y eso es lo que creen muchos jovencitos que entran a una facultad de comunicación social pensando en que van a ser presentadores o van a tener un programa radial.

Vivimos en la era de los blogs y del Twitter en el que todo el mundo tiene una opinión, pero el periodismo no se trata de opinar, se trata de informar para que la sociedad piense y comprenda la realidad, y esa responsabilidad (y poder) es enorme: un periodista debe ayudar para que el grupo social en el cual se desenvuelve se haga preguntas críticas y objetivas, debe promover el debate y la reflexión, debe, en últimas, cumplir con la función política de un intelectual: que su conocimiento tenga utilidad en el mundo real. Y eso hace rato no pasa en Colombia, mucho menos en temas deportivos en donde toda una generación de periodistas dejó pasar la llegada de los narcotraficantes a los clubes, de la mafia a la Federación Colombiana de Fútbol y fue responsable de prácticamente convencer a muchos ciudadanos de a pie que no hay otro deporte que no sea el de patear la pelota.

Nicolás Gómez-Dávila alguna vez dijo: “Los medios actuales de comunicación le permiten al ciudadano moderno enterarse de todo sin entender nada”. No se equivocó y el mejor caso es el de las barras bravas: ¿no se han dado cuenta de que sólo son noticia cuando hacen algo malo? Los medios y sus periodistas construyeron (construimos, yo soy periodista y trabajo en un medio, tengo que ser responsable por acción u omisión) el arquetipo del barrista=delincuente, se olvidaron de mostrarle a la sociedad que la aparición de estos personajes es producto de la descomposición social y no un evento más del fútbol o un capricho de unos adolescentes sin dios ni ley.

El periodista que crea que los deportes son sólo deportes, que no hay una serie de lazos fundamentales con la economía, la sociedad, la política y la cultura misma, está jodido; es de los que cree que “Águila es mi Selección” porque sí, y que la relación Federación Colombiana de Fútbol/intereses privados de sus patrocinadores/intereses políticos del gobierno de turno es de lo más clara y transparente. Tranquilo amigo(a), cuando Santos habla de fútbol lo hace porque sólo está pensando en el bien de nosotros los hinchas, por nada más…

La ausencia de una seria responsabilidad social del periodismo deportivo, el que buena parte de los periodistas no haya asumido su papel como intelectuales políticos y se haya quedado en un simple juguete del poder (medios/gobiernos), es lo que hace que en Colombia no tengamos una verdadera cultura deportiva. Lamentablemente los años de narcotráfico nos dejaron como herencia un periodismo deportivo que sólo habla del juego y no de lo que está detrás de él; por eso cuando algún periodista habla de lo que hay detrás del deporte inmediatamente es señalado y vetado por los dirigentes y la industria: no le sirve a su sistema en el que lo que importa es que James sea un crack, no cuánto representa para sus patrocinadores y qué usos le puede dar su patrón a la hora de negociar con el gobierno colombiano.

Amigo estudiante de comunicación social y futuro periodista: no se trata de que te sepas las capitales de Europa (aunque también), se trata de que tengas claro que tu responsabilidad es pensar para informar y para que la sociedad a la que le informas piense. Como diría Gilberto Bello, uno de los profesores que más recuerdo: “léete alguito, no te va a hacer daño”.

* Este texto es la actualización de uno titulado “Intelectuales, periodismo y fútbol”, publicado en Gol Caracol el 13 de febrero de 2012.

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