La visita del príncipe Carlos: una "lagartada" sin fin

Por Juanita Riveros

Lagartada tras lagartada. Esto se podría resumir, en mayor parte, la visita del príncipe Carlos a Colombia. Los memes que predijeron que iba a comer lechona y a hacer otras colombianadas, quizás fueron una satírica predicción de lo que iba a pasar: el eterno heredero de los Windsor pareció vivir su propia versión de “La Feria de las Colonias”, y de manera frenética y carnavalesca en pocos días.

Un circo que la dirigencia colombiana repite cada vez que viene un visitante ilustre. Desde Juan Valdéz hasta las enemiles de mujeres con los trajes típicos de todas las regiones, pasando por la “experiencia” de ver esquilar a una oveja en vivo y en directo (sí, así como lo oyen), el espectáculo que le organizaron al príncipe para que se diera cuenta de que somos un país con puro realismo mágico. Uy, qué orgullo.

Camiseta de la selección, regalos de todos los artesanos locales que seguramente se los donarán a sus mayordomos y sobre todo, las miles de reverencias que nuestros lagartos ilustres les dieron a la pareja real  fueron la cereza de un pastel deprimente que se repite así sea con “El Encantador de Perros”. Bueno, si lo hicieron con Justin Bieber al que dejaron rayar las paredes de la ciudad…

Cabe destacar la presencia de una de las más conocidas de esta especie, Pilar Castaño, tratándole de poner la ruana al príncipe en el grado máximo de “arrodilladez”. El proyecto que representaba esta figura en sí es loable, pero quién mejor que ella, nuestra realeza, conociendo a la verdadera realeza. Esa imagen no tiene precio. Y claro, su vestido tampoco: Malas lenguas hablaron de este vestido apropiado para la ocasión, y con estampado retro, como si fuese algo que sus abuelas usaron de cortina en los años 70. Pero ella no fue la única: en la gala de la Casa de Nariño, muchas de nuestras emplumadas damas se vieron con abrigos de visón y otras lindezas revestidas de un anacronismo que mataría de moho hasta a la momia de Tukankamón.

Hubo honrosas excepciones, así como cosas conmovedoras (entre otras, los besitos de los niños de escuelas,las visitas a los campesinos y todas esas cosas que hacen decir: aww) . Aunque cuento aparte, todavía se ve un poco extraño que pongan a saludar a un bailarín de renombre como Fernando Montaño en su traje de ballet, en plena Casa de Nariño y ponerlo a bailar allí mismo (no lo digo yo, lo dice el Daily Mail). Pero ¿siempre es necesario hacer todo este espectáculo cuando viene alguien importante de lejos? Quizás todavía el provincianismo lo respiramos por los poros, y en esta visita se notó.

Prepárense  para cuando lleguen Felipe y Letizia.

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