Los tres pecados por los que Cali colapsa con las lluvias

Según los expertos, gran parte de la responsabilidad la tienen los ciudadanos.

Por Lina Uribe

Aunque el sol la acompaña casi todos los días del año, Cali tiene temporadas de lluvia que la ponen en apuros. Sucedió la semana pasada, por ejemplo, cuando una quebrada del sur de la ciudad se desbordó y causó una inundación en la vía. A esto se le suma la caída de árboles durante los aguaceros, desastre que por estos días también dejó como resultado varios vehículos dañados en distintas zonas.

Las opiniones de los expertos indican que los ciudadanos son, en gran parte, responsables de los desastres. Estos son los tres pecados que hacen que Cali sufra con las lluvias.

1. La basura que nada en los caños

Pareciera difícil de creer, pero aún hay gente que cree que el mejor lugar para depositar ese colchón viejo que ya no usa es el canal de aguas residuales. Ahí también arroja la poltrona rota, la basura que se le olvidó sacar la noche anterior, los escombros y hasta el perro muerto. Según Rodrigo Zamorano, secretario de Gestión de Riesgo de Emergencia y Desastres de Santiago de Cali, entre Emcali y el Dagma recogen diariamente unas 111 toneladas de escombros y basuras de las calles y caños de la ciudad.

“Hay una ‘subcultura ciudadana’ de tirar escombros y basura a los canales y sumideros. El agua va a tener menos espacio y el canal se va a tapar rápidamente. La ciudad está más limpia no porque la barramos más, sino porque la ensuciemos menos. En la ladera, por ejemplo, tirar un colchón a un sumidero es terrible porque lo puede tapar, el agua se embalsa y luego se provoca una avalancha”, aseguró Zamorano.

Sumado a esto, al ser Cali una ciudad plana en su mayoría, el agua tiende a quedarse empozada cuando el nivel pluvial es tan alto que los ductos no dan abasto. Para poner un ejemplo, se estima que la precipitación anual de la ciudad es de 1200 milímetros, lo que permite sacar un promedio de 100 milímetros por mes. Sin embargo, han existido lluvias de 90 milímetros en dos horas, lo que hace que el sistema de alcantarillado no sea suficiente. 

Otras pequeñas acciones que aportan al caos son arrojar aceite por los sifones, pues el líquido se solidifica en las tuberías; echar toallas de limpieza al sanitario y sacar la basura cuando ya ha pasado el carro recolector, ya que es muy probable que una lluvia pueda arrastrarla. En una estación de bombeo como Puerto Mallarino, por ejemplo, durante un aguacero pueden recogerse 90 toneladas de basura que taponan los canales e impiden el flujo correcto del agua.

2. Construcciones sin conciencia ambiental

Vamos a hacer un edificio pero en la zona hay un humedal… ¡Qué importa! Este resulta ser el pensamiento de muchos constructores incautos que inician sus obras sin tener en cuenta las condiciones del terreno y, sobre todo, el funcionamiento de la naturaleza que se va a interrumpir.

De acuerdo con Efraín Torres, jefe del Departamento de Recolección de Emcali, “El problema es que se está priorizando la construcción versus el desarrollo sostenible. En el Oeste, por ejemplo, se construyen edificaciones que interrumpen pequeños cauces e impermeabilizan el terreno, entonces el agua que antes iba a las cuencas ahora llega al pavimento y no se absorbe”.

Ocurre algo parecido con los asentamientos de desarrollo humano incompleto (conocidos comúnmente como invasiones) en la ladera de Cali. Al ser construcciones sin planeación, el daño que le hacen al terreno trae consecuencias negativas para toda la ciudad.

“En las laderas el problema son las invasiones sin ningún tipo de control gubernamental, pues todo el mundo llega y arma su vivienda donde ve un espacio libre. Esta gente erosiona el terreno y tala indiscriminadamente, lo que hace que el lodo se traslade a las alcantarillas”, comentó el ingeniero Fernando Rengifo, gerente de procesos de Proseco.

3. Los árboles peligrosos

Pasa también que las lluvias agreden a los árboles. Algunos solo pierden sus ramas, otros se caen de raíz. Y aunque puede relacionarse con un fenómeno natural y de difícil control, es conocido que en la ciudad hay varios árboles que, por su estado, representan un riesgo aún en época de sequía.

Hernando Delgado, coordinador del grupo de Silvicultura Urbana del Dagma, asegura que es un asunto en el que intervienen múltiples factores: el lugar en el que está sembrado el árbol, la poda inadecuada que pudo haber sufrido, el espacio que tenga para desarrollar sus raíces, entre otros.

“Nosotros hacemos el ejercicio de estar evaluando constantemente la parte física de los árboles, es decir, si tiene ramas fracturadas o secas, pudrición del tallo o  raíces con daños superficiales, pero lo que no podemos ver no lo podemos intervenir…  Siempre hacemos todo lo posible para que el árbol se salve y no tengamos que talarlo”, dijo el funcionario.

La intervención humana sin conocimiento es otra de las causas del debilitamiento de los árboles. Muchas personas cortan ramas porque estorban en sus viviendas sin saber que ese corte puede desequilibrar el árbol y dejarlo vulnerable para que le entren plagas.


Las zonas más propensas a la caída de árboles en época de lluvias son las comunas 19, 17, 2 y 22, donde hay mayor densidad arbórea.


¿Qué piensan los caleños?

Tras una consulta breve por redes sociales sobre por qué las lluvias colapsan a la capital vallecaucana, la mayoría de los participantes coincidieron en que la principal causa es la mala disposición de los residuos sólidos que se arrojan a las calles. Seguida a esta razón estuvo la falta de mantenimiento a las alcantarillas y a los canales de agua lluvia, labor que le correspondería a las autoridades ambientales.

Entre otros motivos identificados están la falta de planes de contingencia, el descuido de los árboles que terminan cayendo con las lluvias y los daños en los semáforos y redes de comunicaciones, que generan caos en las vías.

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