El acceso a la educación, una de las barreras que enfrentan los discapacitados de Cali

Se estima que un 26% de las personas en situación de discapacidad que viven en Cali no tienen ningún tipo de escolaridad. Le contamos la historia de superación de un discapacitado.

Por HEINAR ORTIZ CORTÉS
“Estamos construyendo 20 colegios y escuelas que contarán con ascensor y rampas de acceso. También tendrán baño especial para personas en situación de discapacidad”, LUZ ELENA AZCÁRATE, SECRETARIA DE EDUCACIÓN DE CALI.

El 18 de junio de 1981, la vida Ferney Jaramillo se partió en dos. Cuando iba en su moto hacia su casa, después de una reunión con algunos amigos, una ‘guala’ se pasó un semáforo en rojo y lo atropello brutalmente.

En ese momento apenas contaba con 22 años. Estudiaba Derecho en la Universidad San Buenaventura y hacía parte del grupo representativo de teatro del Instituto Departamental de Bellas Artes, bajo la dirección del maestro Jorge Herrera.

De hecho, ese día, el día que todavía atormenta a Ferney cada vez que lo recuerda, según cuenta, estaban en la despedida del grupo de teatro en Cali. A la semana siguiente partirían hacia Europa a representar a Colombia en un encuentro internacional.  

Con 57 años y la voz apagada, como saliendo entre exhalaciones susurradas, Ferney recuerda el fatídico día. Tiene que esforzarse bastante para hablar y es difícil entender lo que dice. El accidente de aquel día estuvo a punto de quitarle la vida.

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Y es que no es una exageración decir en este caso que su vida se partió en dos. Tras el choque, Ferney no pudo viajar a Europa ni pudo continuar con su carrera, en ese momento. Desde el choque, quedó postrado en una cama por cinco meses en estado vegetativo.

Los médicos le daban pocas esperanzas de sobrevivir, pero la vida le tenía otros planes. Ferney despertó para iniciar una lucha diaria por recuperarse y por superarse. Una lucha que todavía hoy, 35 años después de su encuentro cara a cara con la muerte disfrazada de ‘guala’, continúa.

Ferney comenzó fisioterapia y después de muchos años de intensas jornadas de acondicionamiento físico, recuperó el movimiento. O algo de él, pues realmente no puede caminar totalmente erguido, sus brazos quedaron con limitaciones y su aparato fónico sufrió daños irreversibles. Por eso la dificultad para hablar.

Pero, a diferencia de la carne y los huesos, su espíritu resultó inquebrantable. Ferney logró reiniciar sus estudios y pudo graduarse como Abogado de la Universidad Santiago de Cali. Cuando cuenta esta parte de su historia, el hombre sonríe.

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Cada lunes, Alejandro Vidal Peña le dedica varias horas de su día a repetir números y letras. A sus 67 años y motivado por el deseo de aportar algo para la sociedad, este profesional en Mercadeo, jubilado después de trabajar 25 años en el CAM, le enseña matemáticas y escritura a niños con discapacidad cognitiva, visual o auditiva.

Se reúnen en un salón facilitado por la ESE Centro en la IPS de Cristobal Colón, en el sur de Cali. “A los niños especiales no se les está prestando la suficiente atención en la parte educativa. Por eso trabajo con diez niños especiales y aporto mi granito de arena en su educación. Les estoy enseñando de forma personalizada para que puedan tener una vida un poco más fácil”, cuenta.

Por su labor, el hombre no cobra ni un solo peso. “Son niños que la educación normal no les sirve, porque hay que dedicarles más tiempo y tienen falencias de atención. Lo más bonito es que hemos logrado que más de uno ya pueda leer o sumar o multiplicar. Muchos de ellos no sabían nada de eso”, dice Alejandro.

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Cifras de un estudio de caracterización del 2011 de la Secretaría de Bienestar Social de Cali estiman que al menos un 6,4% de los caleños viven con algún tipo de discapacidad.

Es decir, en la capital vallecaucana habría poco más de 156.000 personas que tienen alguna limitación motriz, visual, cognitiva, del sistema nervioso, fonoaudiológica, entre otras.

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Además de la dificultad obvia que significa su condición física, las personas en situación de discapacidad también tienen inconvenientes para acceder al sistema de salud, a los medios de transporte, al espacio público y a la educación.

Para facilitar la movilización de esta población, la Secretaría de Bienestar informó que este año se invertirá unos $400 millones en la adquisición y entrega de 340 sillas de ruedas plegables removibles, 45 sillas de ruedas semideportivas, 25 sillas de ruedas para personas cuadripléjicas, 25 caminadores, 26 bastones de apoyo, 29 kits para invidentes (bastón, pizarra, ábaco, calculadora, punzón y reloj parlante) y 100 kits de suministro de tecnología de asistencia para personas sordo ciegas.

No obstante, uno de los temas que más preocupa es el del acceso a la educación. Según el mismo estudio de caracterización de la Administración Municipal anterior, un 26% de la población discapacitada de Cali no tiene ningún tipo de escolaridad.

Al respecto, la secretaria de Educación, Luz Elena Azcárate, aseguró que “tenemos que sensibilizar a los maestros y garantizarle el acceso a los niños discapacitados a todas las partes de los colegios”.

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“Estamos construyendo 20 colegios y escuelas que contarán con ascensor y rampas de acceso. También tendrán baño especial para personas en situación de discapacidad. O sea que las nuevas construcciones y las nuevas intervenciones que hacemos en la infraestructura están teniendo este tipo de accesibilidad”, agregó Azcárate.

En la comuna 10, sur de Cali, donde ha vivido toda su vida, Ferney se moviliza en un triciclo que acondicionó para cargar su muleta y poder transportarse con mayor facilidad. Paradójicamente, le resulta menor esfuerzo pedalear que avanzar paso a paso.

“Me siento orgulloso de ser un profesional”, sentencia, hablando suave y con la voz como apretada. Ferney ejerce en la actualidad. No son muchos los casos que le salen, pero dice que logra llevar a cabo la profesión para la que estudió. Ciertamente, entre tantas dificultades, es un afortunado.

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