El café ‘creyó’ en Miller después de años en la cárcel

La vida está marcada por segundas oportunidades y así le ocurrió a este bogotano que encontró, entre charlas motivadoras y cursos, un nuevo amanecer

Por Pamela López

 Oportunidades después de una vida en la cárcel

Miller Rozo cumplió 40 años este mes. Los celebró por primera vez, después de 10 años, cerca de su familia y de forma modesta… pero al fin y al cabo cerca de los suyos.

Durante casi una década, Miller estuvo pagando una condena por homicidio. Antes de llegar a la cárcel de Cómbita, en Boyacá, tenía un negocio también muy modesto, de computadores; vendía y reparaba, le iba bien. Tenía novia y planes de formar una familia, pero un problema cambió su vida.

A Miller lo juzgaron como reo ausente y nunca tuvo una defensa adecuada. Así fue como terminó en Cómbita, con apenas lo básico, sintiendo la luz del sol por entre las pequeñas ventanas del penal y viendo cómo su novia, tras un mutuo acuerdo, continuaba su vida, mientras él se metía a cuanto curso y actividad deportiva o cultura programaban en la cárcel.

Aferrarse a esas actividades le ayudó a sobrevivir los años en Cómbita y luego en La Picota, cuando pidió traslado porque toda su familia estaba acá en Bogotá. Luego obtuvo los permisos por 72 horas y visitaba a sus cercanos, hasta que por fin logró la condicional.

De a poco, la vida le daba una segunda oportunidad y Miller la tomó. Sin embargo, el mundo que dejó cuando ingresó a la cárcel había cambiado. Su familia creció, se convirtió en tío y encontró nuevamente el amor. “Uno sale de la cárcel y va a 10 kilómetros por hora, mientras que el resto de la gente va a 10.000 kilómetros por hora y la única es agarrarse duro y montarse a ese bus”, comentó.

La vida después de la cárcel tampoco es fácil. Miller aún tiene libertad condicional, pero se rebusca la vida. Eso sí, lo más difícil ha sido encontrar un trabajo estable y por eso, después de intentarlo muchas veces, decidió emprender.

Aunque la decisión no fue fácil. Apenas salió de la cárcel pasó más de 20 hojas de vida a varias empresas, pero siempre se quedaba sin el puesto: “Pienso que no conseguía el trabajo porque no cumplía con todos los requisitos o porque se daban cuenta de mi pasado, y como aún tengo libertad condicional con una reseña en la Procuraduría, entonces de pronto es eso”, dijo a PUBLIMETRO.

“Pensaba allá (en la cárcel) que tenía dos opciones: o me ponía a llorar o hacía algo para salir lo más rápido posible. Me fui por la segunda”, agregó. Ahora, tiene una pequeña molienda artesanal de café en su casa que es con lo que se ayuda económicamente y la salida que encontró luego de que le cerraron las puertas en la cara varias veces.

El bendito café

Miller encontró en el café una respuesta a las angustias laborales. Después de hacer varios cursos de todo, lo que más le llamó la atención fue trabajar con alimentos y sobre todo con café.

“Hice unos cursos en el Sena, tengo mal contados 10 cursos de alimentos (risas) y estoy tostando café. En la casa tengo una tostadora pequeña y ahora lo hago de manera más clara gracias a todo lo que he aprendido. El café me llevó a conocer personas a las que no les interesa el antecedente, sino lo que uno es como persona. Eso me ha facilitado el trabajo”, aseguró.

Por estos días, el trabajo no ha estado muy movido, Miller dice que es cuestión de la economía, pero “ese es mi norte en este momento y es lo que quiero”.

El café, además de darle un aroma especial a su casa, le abrió las puertas a Miller, que ahora se autodenomina microempresario. En unos meses quiere seguir hablando de su proyecto

Segunda oportunidad   

Miller se vinculó con el programa de segundas oportunidades que desarrollan en Bogotá tres organizaciones: Pavco, el Sena y Casa Libertad.

Allí ingresó gracias a un amigo, en una situación similar a la de él, que lo llamó un día y le dijo que a él no le había gustado, pero que estaba seguro de que a Miller sí. Fue así como un día entró y decidió quedarse gracias a una charla motivacional, de las que sigue participando y que sirven a la hora de presentar entrevistas. Pero no solo eso, le ayudaron a prepararse, a escribir correctamente su hoja de vida y a aprender un oficio como el de plomero, el cual terminó. “Me ayudaron a quitarme el miedo de enfrentarme a las personas, al mundo laboral. Es difícil, pero la ayuda de ellos es valiosa”, dijo.

Miller espera que en su próximo cumpleaños la tostadora de café que tiene en su casa ayude a otros que viven hoy lo mismo que él. 


_“Uno sale de la cárcel y va a 10 kilómetros por hora, mientras que el resto de la gente va a 10.000 kilómetros por hora y la única es agarrarse duro y montarse a ese bus”

Miller Rozo

Programa de segundas oportunidades

Después de la cárcel, la vida es incierta y necesita de una segunda oportunidad. Por eso Pavco, junto con el Sena, desarrollan en Casa Libertad el programa de Plomero Profesional.

En este, las personas que pasaron por la cárcel encuentran un apoyo para iniciar de nuevo.

Además del programa de Plomero Profesional, se dictan charlas y conferencias motivacionales. Este año se formaron 13 personas que iniciaron su proceso de reinserción laboral.


13

Personas que salieron de la cárcel se formaron este año gracias al programa de segundas oportunidades de Pavco y el Sena

 

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