El arte se toma los muros de Ciudad Bolívar

Museo Libre es un festival que lleva seis años transformando el territorio, con una mirada autónoma y alternativa.

Por Ginna R. Sánchez

Por años, un barrio de Ciudad Bolívar, que se encuentra adyacente a la quebrada Limas, estuvo sometido a la venta y el consumo de droga por la presencia de una 'olla', a la que muchos conocían como el 'Hueco'.

El territorio se encontraba cercado por un alambrado, como señal de peligro, de advertencia, para que cualquier extraño lo pensara dos veces antes de atreverse a pisar el lugar.

Entre la desidia y el abandono, los vecinos de este sector, ubicado en el sur de la capital, pasaban sus días sin la esperanza de que algo fuera a cambiar.

A pesar de ello, pasó lo impensable y la transformación poco a poco empezó a llegar, gracias a la voluntad de los mismos miembros de la comunidad.

Este cambio se empezó a gestar desde el momento en que el arte se tomó los muros las viviendas que rodeaban aquella zona, que hasta entonces se encontraba desbastada por la droga, el olvido y la indiferencia.

La intervención artística tuvo lugar en el marco de la primera edición del festival Museo Libre, liderado por el colectivo Survamos, el cual definen sus miembros como “una agrupación artística, estudiosa de las dinámicas sociales, ecológicas y económicas en la Media Luna Sur de Bogotá, la cual se preocupa por retratar los resultados de estás investigaciones mediante arte urbano y procesos de educación popular”.

Wilson Niño, reconocido en el mundo del arte urbano como Inzekto y miembro de Survamos, cuenta que “el festival nace como una tesis de grado de uno de los compañeros del colectivo, en la que proponía hacer un museo al aire libre. El objetivo era descentralizar el arte, ya que en la zona (Ciudad Bolívar) no había ninguna intervención”.

Cuando Museo Libre llegó hasta la calle apoderada por la ‘olla’, muchos se resistieron: algunos les escondían las pinturas y otros, sin tapujos, les decían que se fueran.

Pero esto no detuvo a los miembros del colectivo, que con sus propios recursos, trajeron en la primera edición del festival a varios artistas de la localidad para llenar de color sus paredes.

Esta primera versión del festival se realizó hace seis años.

Desde entonces, inició un proceso de recuperación del territorio, que terminó aplastando la ‘olla’ que por años generó desasosiego.

“Hay un factor importante y es que cuando empiezan a visualizar cómo cambia el territorio, empiezan a cuidarlo. En el sentido de los muros, la gente empieza a respaldarlos y cuidarlos, para que no se dañe lo que se pinta, precisamente por conservar eso que le da otra mirada a su espacio. Es como una motivación”, comenta Natalia, quien también hace parte del parche de Survamos.

Hoy en día, aquella zona en la que reinó el terror, es un paso artístico, ejemplo en la localidad, que además de estar rodeado de color, se ha llenado de algunas huertas urbanas, con las que sus vecinos intercambian productos de calidad a muy buenos precios.

1 FOTO: PAMELA LÓPEZ- PUBLIMETRO

 

¡Que siga el festival!

Desde la primera edición del festival, en 2013, se han realizado a la fecha más de 173 piezas en la localidad.

Para este año, en el marco de la celebración de los primeros seis años de Museo Libre, se tiene proyectado un gran cierre, que se realizará en noviembre con la intervención de 10 murales más.

Es importante mencionar que cerca de 200 artistas, nacionales e internacionales, han pisado la localidad de Ciudad Bolívar a lo largo de estos seis años para convertirla en un referente cultural.

El apoyo de todos estos grafiteros ha sido fundamental, ya que en muchas ocasiones ayudaron a donar pintura y comida para la actividad, de la cual no hay ningún incentivo diferente al de transformar el espacio, para que algún día no muy lejano, el resto de los ciudadanos cambien el estigma social con el que han tenido que luchar los vecinos de este sector.

“Ha sido un proyecto que ha causado un impacto grande, a nivel barrial, local, porque la gente ha visto otras dinámicas de su espacio: gente que está acostumbrada a salir de su casa por la misma ruta para ir a coger el bus e irse a trabajar, y volver bajarse donde lo deja el bus para ir a la casa de nuevo. Esa gente se ha encontrado con otras dinámicas, que es salir y encontrarse en cada cuadra con una pieza artística, que le cambia su diario vivir, su rutina”, relata Inzekto, tras asegurar que el trabajo también ha permitido “cambiar los imaginarios negativos que hay de Ciudad Bolívar, porque cada artista que ha venido, ha vivido el barrio como es y se ha dado cuenta de la calidad de personas que viven en la localidad, porque todos han sido recibidos muy bien y atendidos de manera muy fraternal en cada casa a la que han ido a pintar”.

El trabajo de Museo Libre se puede apreciar en cualquier rincón aledaño a la quebrada Limas, afluente del río Tunjuelo.

Las obras que se han plasmado en estos últimos años, tienen estilos diferentes con mensajes comunes que tienen relación con la crítica social y el cuidado del medio ambiente, ya que en Ciudad Bolívar muchos de sus líderes han librado interminables luchas para que  la minería ilegal no siga acabando con sus montañas.

De este modo el arte se ha convertido en la mejor resistencia contra todas las adversidades que este sector de la ciudad ha tenido que afrontar.

Vea algunas de las intervenciones realizadas en el marco del festival Museo Libre:

 

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