La escopolamina, el terror que habita en las calles bogotanas

Estas son tres historias reales de ciudadanos que sobrevivieron para contarlo… o por lo menos lo que se acuerdan

Por Pamela López

El caso de  Fabián Herrera no puede quedar impune. El joven médico murió en Bogotá, aparentemente, por una mezcla de alcohol y el antidepresivo Clonazepam, lo que le provocó una asfixia. Aunque no fue por escopolamina, como lo determinó el análisis de Medicina Legal, las sustancias psicoactivas son armas en contra de muchos ciudadanos inocentes que ahora temen salir a las calles.

Carlos tuvo un desenlace fatal, como el que pudo tener Alfredo, Carlos o Andrés* quienes también fueron víctimas de métodos delincuenciales de los que todos hablan, de los que se escuchan hasta leyendas urbanas, pero que poco se enfrentan: la escopolamina y el 'paseo millonario'.

Sin rumbo

Después de tres días no tenían noticias de Alfredo. Ni su esposa, sus hijos o compañeros de trabajo sabían en dónde estaba. Este era un comportamiento extraño en este periodista de unos cincuenta y tantos; en el día se la pasaba en una sala de redacción, en el ‘corre corre’ de un cierre normal, y en las noches llegaba a su casa a descansar.

A veces salía a eso de las 6:00 p.m. o 7:00 p.m., pero el día que desapareció dejó la oficina más a o menos a las 4:30 p.m. Tenía un compromiso, pero nunca llegó. Después de tres días de búsqueda, la Policía encontró a Alfredo en Mesitas del Colegio, Cundinamarca, desorientado, su ropa era lo único que llevaba encima y no sabía cómo había terminado tan lejos. No se acordaba de nada.

Después de la visita obligada al médico, de los chequeos necesarios, fue consciente de que estaba vivo de milagro. Todo había desaparecido: su celular, tarjetas de crédito, el poco dinero en efectivo que llevaba y hasta el esfero que usaba para hacer los apuntes en las entrevistas.

Hoy, cinco años después de lo ocurrido, aún no se acuerda de todo. A veces le vienen recuerdos a la mente, pero tiene una laguna permanente. Aún no sabe por qué él, solo recuerda que se despidió de la recepcionista del periódico, caminó unas cuadras y dos hombres bloquearon su camino. El resto de la historia ya la saben.

Mentira tras mentira

La rumba en Bogotá es caldo de cultivo para los delincuentes en la ciudad. Así lo comprobó Carlos, quien después de una "farra de las buenas", como él mismo dice, en la Primera de Mayo la vida le cambió. Después de salir del bar, y mientras esperaba el taxi, dos hombres se le acercaron y no recuerda nada más.

A Carlos lo encontraron en un potrero del barrio Carvajal, al sur de Bogotá. Él, hasta el día de hoy, no se acuerda de nada, no sabe qué ocurrió en realidad, lo único claro es que lo robaron y lo engañaron, pues a los dos días de haberlo encontrado lo llamaron a la casa y le dijeron que tenían sus papeles.

La dirección que le dieron daba en el mismo barrio donde apareció tirado, así que decidió ir acompañado de dos amigos, pero después de tres horas buscando jamás encontraron el lugar.

Algo muy similar le pasó a Andrés hace unos 12 años. Después de una rumba en la zona rosa con sus amigos, lugar de donde salió Carlos Fabián Hererra y de donde, según el alcalde Enrique Peñalosa, ya no roban, ni escopolaminan, tomó un taxi con un amigo al que dejó en el Restrepo.

Cinco minutos después dos hombres se subieron al vehículo y lo escopolaminaron. “Se les fue la mano”, dice Andrés al acordarse los tres días inconscientes que pasó en el hospital. Lo peor del asunto, además de que le desocuparon la cuenta y las tarjetas de crédito, es que un poco más de dosis lo hubiera matado y no estaría contando el cuento.

La realidad

Según la Sijin de la Policía Metropolitana de Bogotá los lugares donde más se han recibido denuncias por hurto con escopolamina son: zona de rumba de la Primera de Mayo, el Restrepo, Galerías y algunos casos en la zona rosa de Chapinero. Asimismo, la Policía ha recibido tan solo este año 11 denuncias por hurto mediante el uso de sustancias psicoactivas o escopolamina.

Por su parte, el general Hoover Penilla comenta que esta “es una modalidad donde personas que ingresan a un establecimiento son víctimas de un intento de hurto bajo la modalidad de suministrarles, en un descuido, cierto tipo de sustancias en sus bebidas o en lo que están consumiendo, para aprovechar y apropiarse de sus tarjetas y sus claves”.

Como si fuera poco, pues a esas 11 denuncias hay que sumarle la muerte de Carlos Herrera, la percepción de inseguridad en la ciudad crece y parece que los esfuerzos que han hecho las autoridades no generan una ambiente positivo entre los capitalinos.


11

Denuncias por hurto con escopolamina se han presentado este año en Bogotá 


 

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