Fotos: Crímenes sangrientos que conmocionaron a Bogotá en el último siglo

Por Luz Lancheros

En Bogotá aún resuenan, en la memoria de los ciudadanos, casos célebres de crímenes de los que aún se hablan en cafés, bares, o se establecen como parte de la historia popular de la ciudad.

Por esta razón, presentamos una galería y recopilación, de los casos judiciales más sonados de la historia de la ciudad desde comienzos del siglo XX hasta la actualidad* .

1. Rafael Uribe Uribe es asesinado en el Capitolio (1914):  El crímen conmocionó a la Bogotá centenarista, al ser realizado en plena vía pública. Uribe Uribe cayó asesinado por dos carpinteros, Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal, los cuales atacaron en la cabeza al general con hachuelas. El político logró sobrevivir, pero moriría en la madrugada del día siguiente.

2. Los suicidas del Salto de Tequendama (1920-1965):  Aunque si bien no protagonizaron crímenes sangrientos, su ‘época de oro’, según Felipe González Toledo, fue para mitades de los años 30, cuando el reportero José Joaquín Ximénez ‘Ximénez’, le dio un tinte dramático a quienes iban a terminar su vida allí, al ponerles poemas de un tal Rodrigo de Arce en los bolsillos. Rodrigo era el mismo Ximénez.  El mito se acrecentaba al saber que quien se suicidaba allí, jamás sería encontrado, hasta que en 1943, dos hombres fueron a rescatar a su amigo, un taxista que se había suicidado allí, y le encontraron.

En la época en que los periódicos necesitaban sangre para poder vender, los suicidas eran las estrellas del show, y la gente adoraba leer sus casos. Siempre se les encontraba nota de suicidio, al lado del Salto, e inclusive podían tomarse una foto y comerse algo antes de lanzarse al vacío.

3. La historia del baúl rosado (1945) :  Cuando aún había tren, se encontró un pestilente baúl con destino a Barbosa, y se encontró el cuerpo de una niña de 15 años cubierto de cal. La prensa le dio gran despliegue al caso, y los detectives encargados hicieron de todo, incluso acudir a una médium, para dar con la pista del autor del crímen. Nada pasó, y en los periódicos salieron “crónicas” de lo que pasó, diciendo que en un experimento químico, la muchacha habría sido lesionada, y al no tener familia, su cuerpo fue enviado para experimentos médicos.

Según Felipe González Toledo, quien fue al hospital donde la declararon muerta (San Juan de Dios, y luego a la Hortúa), allí descubrió que la muchacha tenía 18 años, y que el cadáver nunca fue para experimentos de la facultad de Medicina.

4. El ‘Doctor Mata’ (1947-1949): Nepomuceno Matallana, sociópata de origen campesino (y de quien se dijo que cometió varios crímenes antes de ir a Bogotá), con hábil astucia se hizo pasar por abogado, y según Felipe González Toledo, escogía sus fichas “entre piezas sueltas de la sociedad”. Es decir, “asesoró” a una proxeneta en retiro, a un homosexual apartado de su familia y  un comerciante en la misma situación, entre otros.  Los mataba, y como eran personas solitarias, falsificaba poderes generales, y se quedaba con todo.

Matallana fue descubierto al hacerle lo mismo a un comerciante llamado Alfredo Forero, en 1947.  Le ofreció una venta de tierras en Usme, y al ir a explorar a lo que entonces aún era puro páramo, lo mató, con ayuda de un peón. Lo que no sabía el ‘Doctor Mata’, pues así lo llamó la prensa después, es que Forero tenía una joven amante que pronto denunció su desaparición, y Matallana no la calmó cuando le ofreció dinero.

Un detective asignado dio con el peón, y luego de ‘torturarlo’ de hambre (al no ofrecerle nada para comer en el lugar de la expedición), este reveló todo. Cuando se supo el caso, esto conmocionó a la prensa, y familias cuyos miembros habían desaparecido y tenían el mismo patrón (mucho dinero y estar apartados), comenzaron a hacer sus pesquisas, y en algunos casos se descubrió la coincidencia. El proceso fue largo, y Matallana se alcanzó a fugar el 9 de abril (siendo recapturado). Murió en los años 60, en prisión.

5. Teresita la descuartizada (1949):  Teresa Buitrago, así se llamaba la otrora campesina convertida en  prostituta y ahora dueña de un establecimiento ‘exclusivo’, que fue encontrada en pedazos en el río Fucha, en dos pestilentes maletas. La mujer, que no era carente de atractivos, tenía entre su clientela a un favorito, Pacho Díaz, quien pronto se sintió celoso de un italiano que llegó a cortejar y luego se casó con la mujer. Este se llamaba Angelo Lamarcca. Este comenzó a tratarla mal, por celos (se dice que a causa de Díaz).

Sea como sea, Teresa Buitrago desapareció, y Díaz denunció su desaparición. Fue encontrada, y uno de los contertulios del local fue sometido a indagatoria y prisión, pero no se probó nada. Y cuando todo apuntaba al italiano, los vacíos judiciales hicieron que este solo pagara una fianza, y se ‘volara’ con todo lo que pertenecía a su antigua mujer.

5. El apartamento 301 (1963) : En lo que era el Antiguo Country, en un edificio ubicado en  una exclusiva zona residencial, el apartamento 301 fue alquilado por un prestigioso comerciante venezolano, que hacía varias orgías y otro tipo de cosas que escandalizaban a sus vecinos.

Una noche, una atractiva  mujer de la alta sociedad cucuteña, Myriam Guerrero,  quien iba siempre a las orgías con su casi exmarido , fue encontrada desnuda y con un proyectil incrustado en la cabeza. Su cadáver estaba en descomposición. Poco a poco, los integrantes de las fiestecitas fueron capturados. Líos pasionales, de celos y hasta lesbianismo fueron mencionados por la prensa , al tener Guerrero indicios de tener varios amantes, y  amigas de la alta sociedad bogotana incluidas en los hechos, incluida ‘La Dama X’, una mujer muy importante de la ciudad. Esta soltaba datos a ‘El Tiempo’ de lo que había sucedido.  

Todo este novelón sirvió para nada, ya que el origen del crimen nunca fue aclarado.

6. Gonzalo Carreño, el aristócrata asesino (1969-1979):   El caso de este literal ‘hijo de papi’  es insólito. Sufrió 10 años de prisión, acusado por asesinar e incinerar a su cuñado, Jaime Padilla Convers, y  luego de pasar cinco años en su primera prisión, se fugó por seis meses, hasta que fue trasladado a una prisión peor.  Para probar su inocencia, su abogado procedió a quemar a un chivo, tal y como se incineró a Convers. Carreño salió en libertad. Su libro ‘Mi Confesión’, publicado en 1982, cuenta su testimonio. Llegó hasta a vender drogas en la cárcel para subsistir.

Pero ahí no terminó todo. En plenos años 80, Carreño extorsionó a una cadena de almacenes en nombre de su movimiento guerrillero, llamado ‘Organización Revolucionaria del Pueblo’. Hizo llegar a la cadena de almacenes detalles de su plan terrorista, dignos de todo un psicópata, y antes de eso, había amenazado de muerte  al marido de una amiga suya, so pena de no darle dinero para su causa revolucionaria. Años después, secuestró un jet de Avianca, pero antes de que este llegara a tierra, escapó. Fue recapturado y encarcelado.

7. La masacre de Pozzetto (1986):  Campo Elías Delgado, como tantos otros excombatientes de Vietnam, sufría estrés postraumático. No lo sabía, pero todos sus síntomas, sumados a esto su soledad social, su resentimiento contra su madre y otras patologías mentales,  explotaron cuando mató a 29 personas, en un asesinato relámpago, en el famoso restaurante Pozzetto. Antes había matado a su madre, a una vecina, y a una de sus estudiantes de inglés. Dejó a otras 15 personas heridas.

Su historia fue llevada al cine y a la literatura  en Satanás, obra escrita por Mario Mendoza, quien llegó a conocer a Delgado brevemente en la Javeriana. Culto y estudioso, Delgado se convirtió en un ángel de la muerte que tuvo que matar para exorcizar así a sus demonios.

8. Luis Andrés Colmenares (2010): Una fiesta de Halloween, y un triángulo amoroso a la vista. Un aún sin resolver, en el que Luis Colmenares, estudiante de la Universidad de los Andes, fue encontrado luego de Halloween en el caño del Parque el Virrey, dando pie a uno de los más sonados casos judiciales que han sido registrados en los últimos tres años. ¿Crimen, o accidente? Los colombianos aún debaten en este caso, en el que culpan a sus acompañantes  de esa noche (Laura Moreno y Jessy Quintero), y a Carlos Cárdenas (posible tercero en discordia). Aún no se puede asegurar nada.

9. Rosa Elvira Cely (2012):   Este crimen, cometido por Javier Velasco,  mostró las consecuencias de la violencia de género en Colombia.

Javier Velasco, compañero de colegio de Rosa Elvira, le infligió, aparte de agredirla sexualmente, torturas dignas del medioevo, en pleno Parque Nacional. Ella misma llamó y fue rescatada, y logró revelar los nombres de sus agresores. Trasladada al hospital San Ignacio, estuvo 5 días en cuidados intensivos, hasta que murió. Su compañero fue capturado, y condenado a 48 años de cárcel.

* Los casos que van desde los Suicidios del Salto de Tequendama hasta el del Apartamento 301 fueron recopilados del excelente libro que reúne las crónicas del famoso periodista Felipe González Toledo, llamado 20 crónicas policiacas (Intermedio Editores, 1994). El caso de Gonzalo Carreño  y la foto de esta galería son tomados del libro  Mi Caso (Editorial Oveja Negra, 1982).

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