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La isla en la que los hombres se cortan la piel para parecer cocodrilos

En Papúa Nueva Guinea, en la mitad oriental de la segunda isla más grande del mundo, el 80% de las personas vive en aldeas rurales y muchas de las regiones más remotas y aisladas tienen poco contacto con el mundo exterior. Y ahí sobreviven extraños rituales.

La luz moteada, que entra a través del desgastado techo de paja en "la casa de los espíritus" en la aldea de Parambei, revela las cicatrices onduladas que lucen en su pecho varios varones iniciados.

Las casas espirituales -o Haus Tambaran– que están a lo largo del río Sepik, en el norte de Papúa Nueva Guinea, son los puntos focales de un sistema regional de creencias que venera a los espíritus que se manifiestan como animales.

Estas casas están llenas de murales y tallados de todo tipo de criaturas, desde cerdos y casuarios hasta serpientes y águilas. Sin embargo, es el cocodrilo el que verdaderamente encarna el poder animista a lo largo del Sepik.

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En una de las ceremonias de iniciación más extremas del mundo, los hombres del Sepik reciben cortes con cuchillas de afeitar en la espalda, los hombros y el torso superior para dejar cicatrices alargadas similares a la que tienen los cocodrilos en su piel.

"Los niños son llevados a la casa del espíritu por sus tíos para que los corten. Puede tomar una hora o dos", explica Aaron Malingi, consejero jefe de Parambei.

"Hace años, el corte se hacía con bambú afilado", recuerda.

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