Asbesto: el perfecto asesino

¿Se le ocurre alguna causa por la que el Gobierno o los legisladores de nuestro país dejaron que un material asesino llegue a su casa, a su vida y lo mate lentamente como si usted y su existencia no valieran nada? No sabemos las causas, pero en Colombia, es una realidad

Por Natalia Martinez

La génesis del mal

Según la Biblia, “en el principio Dios creó los cielos y la tierra. Había tinieblas sobre la faz del océano. Entonces dijo Dios: ‘Sea la luz’, y la luz fue hecha. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Dios llamó a la luz ‘día’, y a las tinieblas las llamó ‘noche’. Y fue la tarde y fue la mañana del primer día”.

Sin embargo, mientras Dios se dedicaba a construir el mundo, parecía que el diablo, que, según la Biblia, ya existía y se movía con su maldad y la picardía de quien hace daño y sonríe, creó el crisotilo, un mineral que mata a miles de personas en el mundo sin que estas tengan tiempo para actuar.

En Colombia, en donde el diablo parece moverse con la facilidad de quien pasea por su casa, el crisolito no solo existe, coexiste con sus habitantes. Está a la mano cuando abren su llave y toman un inocente vaso de agua, que entra por la garganta, pasa por el esófago y llega al estómago, para abandonar el cuerpo como una sustancia invisible, pero que deja huellas.

Desde hace más de 70 años, en el sector de la construcción se usa un material conocido como asbesto, una sustancia mineral extraída del crisotilo, para la fabricación de productos como tejas, tanques y tubos transportadores de agua, además de prendas como uniformes para bomberos, chalecos e indumentaria para trabajadores que se exponen a altas temperaturas.

El material, que pareciera haber sido un milagro por sus cualidades de resistencia  al  calor, y su forma compacta, está en los hogares de millones de colombianos y en empresas sirviendo como el perfecto asesino, ejecutando el crimen perfecto, matando sin dejar huellas que lo incriminen, pero sí rastros en la salud de quienes encuentra a su paso.

“Mi esposo murió por  jugar con su papá”

Rafael Alfonso Mayorga trabajó en Eternit, una empresa con presencia internacional que fabrica y comercializa productos para la industria de la construcción, descargando la fibra de asbesto de los camiones que la transportaban desde la mina hasta la planta para compactarlo y usarlo en los diferentes productos que fabricaban.

En 1996, inició con dolencias en el pecho y la espalda. Tras una exhaustiva búsqueda médica, se encuentra que tenía restos de asbesto en sus pulmones.

“Los pulmones se le empezaron a llenar de líquidos y se los tuvieron que drenar, pero el neumólogo dice que no se puede hacer nada, pues su enfermedad era mesotelioma pleural, un tumor que se pega al pulmón. Nos dijeron que no había nada que hacer, que él iba a morir, y efectivamente fallece después de mucho dolor en el año 2000”, cuenta Cecilia Riaño, una bogotana de 47 años y madre de dos jóvenes que no solo perdió a su suegro, sino también al amor de su vida.

Luis Alfonso Mayorga, esposo de Cecilia, falleció de 44 años, el 27 de agosto, de 2013, después de una enfermedad sumamente dolorosa y que ya era conocida para la familia Mayorga Riaño: misotelioma pleural, un tipo de cáncer agresivo y casi intratable.

“Cuando nos dijeron del tumor, claro que sabíamos lo que era, pero nos preguntamos por qué si él no había estado expuesto al asbesto”, señala Riaño, quien quedó viuda, con dos niños de 11 y 15 años.

Lo que provocó la muerte de Luis Alfonso sí fue el asbesto, el mismo que mató a su papá, a pesar de que este nunca trabajó cerca de él, pues era ingeniero de sistemas. La realidad supera la ficción.

“Indagando por las causas, descubrimos que el papá de mi esposo llevaba sus overoles infestados de fibras de asbesto para lavarlos a la casa. Los niños, en ese entonces, jugaban con las fibritas que volaban. Creían que era nieve. Ahí fue cuando mi esposo inhaló el material”, acota Riaño.

Lo que parece una historia increíble es la realidad de cientos de personas que se declaran víctimas del asbesto y que han cargado con las terribles consecuencias de estar cerca del mineral maldito.

“Soy médica y me especializo en cáncer, mi papá murió de cáncer”

El papá de Yenifeth Bello trabajó por 44 años en Acerías Paz del Río. Israel Bello, quien se dedicaba al mantenimiento de electroimanes desde los 16 años, falleció hace dos años por mesotelioma pleural, la misma razón por la que murieron los Mayorga.

“Mi papá nos contó todo esto y digamos que nos dejó una constancia con la historia para contarle a sus compañeros que su vida estaba en peligro. Trabajó cuatro años sacando el asbesto de los electroimanes para reemplazarlo por el nuevo. Ahí se tragó todo el asbesto que pudo y con esos cuatro años fue suficiente para que muriera de una manera muy dolorosa. Ese tipo de cáncer es muy doloroso”, cuenta Yenifeth, radióloga del Instituto Cancerológico.

El misotelioma pleural

La enfermedad que causa la inhalación de las fibras de asbesto se llama misotelioma pleural, un tipo de cáncer muy agresivo. La enfermedad se produce por un contacto prolongado con una sustancia carcinogénica, pues se pega a la pleura, una especie de tela protectora de los pulmones, y provoca un tumor maligno que pareciera ser una coraza de células muertas que se van comiendo las células saludables, para finalmente terminar estropeando los órganos y ampliándose a más partes del cuerpo.

“Al asbesto se le dice ‘el asesino perfecto’ porque no deja unas huellas identificables. Es decir, la exposición a la sustancia se da en un año específico y se queda como en una especie de incubación y el cáncer termina por desarrollarse 40 o incluso 20 años después. ¡Todo cuando la persona ya no tiene cómo demostrar que fue por trabajar en una empresa que usaba de manera industrial el asbesto!”, cuenta Yenifeth que se ha especializado en los casos similares al de su padre.

“El tema de los cancerígenos es uno de esos temas sobre el cual existe una gran desinformación y que termina por causar una alarma que es entendible, sobre todo cuando se aborda desde elementos que se alejan de lo técnico. Nadie desconoce que las fibras de asbesto son cancerígenas, pero hay que entender que hay muchas más sustancias cancerígenas con las que se trabaja en el país. Esa lista de sustancias va creciendo, hoy hay 120, mañana podrían haber 121. Lo que quiero explicar es que al mismo nivel del asbesto hay infinidad de sustancias más cancerígenas que esta”, asegura Jorge Hernán Estrada, médico de profesión y director de Ascolfibras, un gremio de empresarios que se han unido para proteger el negocio del asbesto.

“El cáncer del que hablamos no solo se da por trabajar con asbesto, porque la excusa de las empresas como Eternit, es que ellos protegen los procesos y que se han tecnificado para que sus trabajadores no inhalen las fibras, pero tengo el caso de una amiga que sufre de mesotelioma porque el papá llegaba a la casa y se llevaba las fibras pegadas en el cabello”, cuenta Yenifeth.

“El Gobierno no quiere prohibirlo”

“Lo más triste es que el Gobierno no haga nada cuando simplemente podría prohibirlo y ya, pero yo me alejé de la lucha contra el asbesto porque me desanimé al ver que todos ‘briegan’ para que eso siga así. El Ministerio de Salud podría regular el uso del asbesto, pero no lo hace”, cuenta Cecilia Riaño.

En 2011, MinSalud expidió la resolución 007 de noviembre, en la que regulaba el uso del crisotilo, el único tipo de asbesto que se puede usar en el país, e impuso unas reglas para las empresas que lo usaban y de esta manera trabajar con todas las especificaciones para evitar que los trabajadores terminen por inhalar las fibrillas.

“Entiendo que ahora hay duchas en las fábricas y que hay cómo lavar los uniformes para no llevárselos a la casa. ¿Pero qué pasa con las personas que tienen tejas o tuberías o los tanques de agua en sus hogares? El día que una teja de Eternit se rompe, las fabricadas con asbesto empiezan a soltar el polvo y la gente de lo traga en sus casas. Cuando se erosiona una tubería o un tanque, se desprenden esas partículas y van a parar a nuestros estómagos por medio del agua”, dice Yenifeth.

“El problema es que no ha habido voluntad desde el Gobierno para prohibirlo. No habría necesidad de hacer nada de esto desde el lado legislativo, si desde arriba se hicieran las cosas”, cuenta la senadora del Partido Conservador, Nadia Blel, quien ha luchado porque pase el proyecto en la Comisión Séptima, en la que ya se lo tumbaron los mismos coautores del proyecto de ley.

Desde el Congreso, ahora existe el proyecto Ana Cecilia Niño, uno que homenajea a una de las caras de la tragedia, una periodista que murió por vivir cerca a una fábrica de Eternit, en un barrio en Sibaté, y que lideraba la causa en contra del agente maldito que sigue en tejas y tanques del agua.

El proyecto tiene que ser socializado en la Comisión Séptima del Senado, aprobado allí, llevado a plenaria y si pasa, tendría que seguir su curso en la Cámara de Representantes, para que el asbesto sea prohibido en todas sus formas. Sin embargo, se teme que el lobby que han hecho las grandes compañías vuelva a hundir el proyecto como ya lo han hecho en otras oportunidades.

La solución está en sus manos

El caso del asbesto se presentará nuevamente en la Comisión Séptima del Senado. La autora del proyecto es la senadora conservadora Nadia Blel y estos son los congresistas que deben dar el ‘sí’ para la prohibición del mineral:

Carlos Enrique Soto

Edinson Delgado

Sofía Gaviria

Mauricio Delgado

Yamina Pestana

Antonio José Correa

Jorge Iván Ospina

Luis Evelis Andrade

Jesús Alberto Castilla

Orlando Castañeda

Honorio Henríquez

Álvaro Uribe Vélez

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