Bogotá

Revelan video de la ruta exacta del crimen del profesor Neil Cubides: lo torturaron por más de 30 kilómetros

Análisis forense y 200 horas de video revelan el trayecto exacto que recorrieron ‘Los Kamaleones’ con su víctima. Conozca que sucedió.

Archivo: Alcaldía de Bogotá
Ruta del crimen: así torturaron y mataron a profesor en Bogotá Archivo: Alcaldía de Bogotá

Cámaras de seguridad y el rastreo de GPS permitieron a la Policía Metropolitana de Bogotá reconstruir la ruta del horror que culminó con el asesinato de Neil Felipe Cubides Ariza, docente de la Universidad Externado de Colombia. El seguimiento, detallado en video, muestra un recorrido de dos horas y 39 kilómetros por las principales calles de la capital, donde la banda criminal ‘Los Kamaleones’ sometió al profesor a torturas para vaciar sus cuentas bancarias antes de incinerar su cuerpo en la localidad de Usme.

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El rastro técnico comenzó en la calle 84A con carrera 14, donde Cubides abordó un taxi tras salir de las inmediaciones de la Clínica del Country. Según el Brigadier General Giovanni Cristancho, Comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, el vehículo tomó inicialmente la calle 85 hacia el oriente para luego conectar con la Autopista Norte. En este punto, el taxi avanzó tres kilómetros hacia el norte antes de retornar a la altura de la calle 100.

Fue en esta intersección donde se materializó el trasbordo criminal. Los delincuentes, que escoltaban el taxi en un vehículo Aveo negro, descendieron para ingresar al transporte público e iniciar la tortura física contra el docente. “La tortura era para exigirle las claves bancarias”, confirmó el General Cristancho. El trayecto continuó por la calle 80 hacia el occidente, conectando luego con la avenida 68 en sentido sur hasta llegar a la avenida de Las Américas.


La parada final: gasolina y asfixia en el sur de Bogotá

La triangulación de datos y las 200 horas de video analizadas revelaron que la banda se movilizó por la avenida Boyacá hacia el sur de la ciudad. En la intersección de la avenida Primero de Mayo, alias ‘El Cabezón’ realizó una parada técnica en una estación de servicio para comprar gasolina, elemento que posteriormente usarían para intentar desaparecer la evidencia.

Los peritajes forenses de Medicina Legal indican que parece ser que Cubides falleció por asfixia mecánica debido a las agresiones sufridas dentro del vehículo. Tras confirmarse el deceso, el grupo criminal se desplazó hasta el kilómetro dos de una zona rural conocida como Sochí, en Usme. Allí, luego de haber hurtado cerca de 10 millones de pesos de las cuentas del profesor, incineraron el cuerpo para borrar rastros biológicos.

Un error judicial que costó una vida

El caso ha desatado una fuerte crítica al sistema penitenciario por parte del alcalde Carlos Fernando Galán. La captura de la estructura criminal en los sectores de Kennedy, Bosa y San Cristóbal puso al descubierto una cadena de fallas judiciales. Según la Policía Metropolitana y la Fiscalía, los integrantes de ‘Los Kamaleones’ no eran desconocidos para el sistema. Por el contrario, contaban con un historial de reincidencia que, según el alcalde Carlos Fernando Galán, facilitó la tragedia del profesor Neil Cubides.

El caso más crítico es el de alias Chirri, señalado como uno de los perpetradores directos. A pesar de tener antecedentes por secuestro extorsivo, hurto y violencia intrafamiliar, había sido capturado en 2024 por cometer un ‘paseo millonario’ y fue dejado en libertad poco antes del ataque al docente del Externado. Junto a él actuó alias Pipo, también perpetrador, quien registra múltiples ingresos a centros de detención por hurto, lesiones personales y violencia intrafamiliar.

La logística del crimen estuvo a cargo de dos conductores con funciones específicas. Alias Cabezón, quien manejaba uno de los vehículos, cuenta con un registro criminal que incluye secuestro, hurto, violencia y lesiones personales. Por su parte, alias Pecueca cumplió un rol determinante en la desaparición de pruebas: fue el encargado de recolectar los objetos hurtados, realizar las transferencias bancarias desde las cuentas de la víctima y, finalmente, comprar el combustible con el que incineraron el cuerpo en la zona rural de Usme.

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