Un joven de 19 años, identificado como Luis Arturo, permanece bajo pronóstico reservado en la unidad de cuidados intensivos del Hospital de Engativá después de recibir un disparo en la cabeza. El ataque con arma de fuego ocurrió la noche del sábado 11 de abril durante un asalto a un supermercado ubicado en el barrio Gran Granada, en el noroccidente de Bogotá.
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Las grabaciones de las cámaras de seguridad del establecimiento registraron la secuencia violenta que hoy está en manos de la Policía Nacional. Minutos después de las ocho de la noche, dos hombres con los rostros ocultos bajo cascos de motocicleta irrumpieron en el local comercial. Mientras uno de ellos intimidaba directamente a los tres trabajadores del turno, dos hombres y una mujer, el otro procedió a desinstalar a la fuerza la caja registradora. Durante el rápido forcejeo para quitarle el dinero, uno de los asaltantes accionó su arma de fuego directamente contra Ramírez.
Luego del disparo, que desplomó de inmediato a la víctima, los agresores escaparon del lugar con la máquina registradora bajo el brazo. El teniente coronel Juan Torres, oficial de guarnición de la Policía Metropolitana de Bogotá, confirmó el impacto balístico e indicó que un equipo especial de la Sijín avanza en la recolección de material audiovisual en las calles aledañas para trazar la ruta de huida. Aunque la evidencia visual apunta sin rodeos al atraco, los investigadores mantienen formalmente abiertas otras hipótesis paralelas para descartar un presunto caso de sicariato o represalias vinculadas a redes de extorsión barrial.
El clamor ciudadano choca contra las cifras distritales
La crudeza de las imágenes detonó una reacción inmediata en la localidad de Engativá. Decenas de habitantes de Gran Granada se congregaron la noche del domingo en una velatón para pedir por la pronta recuperación del trabajador y protestar por el deterioro del control territorial. La exigencia perentoria del vecindario es la instalación de un Comando de Atención Inmediata (CAI), argumentando que los asaltos armados a los negocios locales dejaron de ser casos aislados, según reportó el diario El Tiempo.
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El impacto del suceso escaló rápidamente al debate político sobre la gestión del orden público. El concejal de Bogotá, Leandro Castellanos, difundió el video del ataque en su cuenta de X para cuestionar abiertamente los recientes balances de la administración. “¡Bogotá no aguanta más! Y mientras tanto, la Secretaría de Seguridad insiste en mostrar cifras ‘positivas’ sobre el hurto al comercio”, aseguró el cabildante, quien además documentó atracos recientes a una peluquería en Puente Aranda y a un local de pollos en Kennedy. Castellanos exigió liderazgo territorial, argumentando que es inviable gobernar basándose en estadísticas que no reflejan la zozobra de los tenderos.
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Esta postura política choca de frente con el más reciente informe presentado por el secretario de Seguridad, César Restrepo. Según datos de la entidad y reportes del diario mencionado, durante lo corrido de 2026, el delito de hurto a establecimientos comerciales registró una estrepitosa caída del 50 %, bajando de 2.027 denuncias en el mismo lapso de 2025 a 1.018 incidentes consolidados en el presente año. Restrepo defendió estas métricas oficiales señalando que responden a una articulación institucional para reducirle las oportunidades al crimen. No obstante, la realidad captada en las cámaras de Gran Granada pone a prueba esta narrativa y evidencia la profunda brecha entre el optimismo estadístico y la violencia letal que opera en los barrios.
