La tragedia aérea en Putumayo continúa generando interrogantes mientras avanzan las investigaciones sobre el siniestro ocurrido en Puerto Leguízamo, que dejó 69 militares muertos y más de 50 heridos. En medio del proceso, el comandante de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, el general Carlos Fernando Silva, entregó nuevos detalles que descartan una de las primeras hipótesis: el sobrepeso de la aeronave.
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De forma enfática, el alto oficial aseguró que el avión siniestrado, un Hércules C-130, cumplía con todos los parámetros técnicos exigidos para su operación. “La aeronave iba a despegar con un peso de 133.000 libras. En Puerto Leguízamo, este tipo de avión puede despegar hasta con 139.000 libras, y su peso máximo de operación en una pista adecuada es de 155.000 libras”, explicó, dejando claro que el peso del avión estaba dentro de los límites permitidos.
Avión siniestrado en Puerto Leguízamo operaba dentro de lo permitido: nuevas pistas sobre tragedia militar
Este pronunciamiento cobra relevancia dentro de la investigación del accidente de avión militar en Colombia, ya que permite descartar, al menos de manera preliminar, un posible error en la carga como causa del siniestro. En consecuencia, las autoridades concentran ahora sus esfuerzos en otros factores técnicos y operacionales que pudieron influir en la tragedia.
El general Silva también precisó que el vuelo no correspondía a una misión de entrenamiento, como se especuló inicialmente. “Llevaba una tripulación adicional para aumentar la alerta situacional. No iba ningún alumno”, afirmó. En ese sentido, reiteró que se trataba de una misión de transporte militar con personal completamente capacitado.
A bordo de la aeronave viajaban 126 personas, de las cuales 11 eran tripulantes, lo que evidencia la magnitud de la operación. Según el comandante, la inclusión de una tripulación ampliada respondió a criterios estratégicos y no a procesos de formación, lo que refuerza la hipótesis de que el vuelo se desarrollaba bajo condiciones normales antes del accidente.
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Otro de los puntos clave revelados tiene que ver con la tripulación. El oficial confirmó que el subteniente fallecido cumplía funciones de observación como copiloto, mientras que el piloto que estaba al mando de la aeronave sobrevivió al impacto y actualmente se recupera en un hospital militar. Su testimonio, según las autoridades, será fundamental para esclarecer lo ocurrido en los últimos minutos del vuelo.
De acuerdo con información oficial, la aeronave, identificada con matrícula FAC 1016, fue fabricada en 1983 y acumulaba más de 13.500 horas de vuelo. Además, contaba con mantenimientos recientes, inspecciones técnicas al día y una certificación de aeronavegabilidad vigente hasta diciembre de 2027, lo que respalda su condición operativa.
El comandante insistió en que se trataba de una aeronave “con bastantes capacidades”, diseñada para operar en condiciones complejas y transportar cargas significativas, lo que aumenta la incertidumbre sobre las causas reales del accidente.
Con el sobrepeso descartado como factor determinante, la investigación entra en una fase más detallada, centrada en el análisis técnico, las condiciones climáticas y los testimonios de los sobrevivientes.
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Este accidente aéreo en Putumayo, considerado uno de los más graves en la historia reciente de la aviación militar del país, mantiene en duelo a las Fuerzas Armadas y bajo estricta revisión cada aspecto de la operación, en busca de respuestas que permitan esclarecer una tragedia que aún deja más preguntas que certezas.
