Un gran cargamento de clorhidrato de cocaína fue interceptado en las bodegas de carga del Aeropuerto Internacional El Dorado, en Bogotá, cuando pretendía ser despachado hacia el archipiélago de San Andrés. El operativo, realizado este sábado 21 de marzo, evitó que cerca de 705.000 dosis de estupefacientes llegaran al mercado ilegal.
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De acuerdo con el reporte oficial de la Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia, el hallazgo se dio en medio de operativos rutinarios: “En desarrollo de labores de registro y control en bodegas de envíos del Aeropuerto Internacional El Dorado, se incautaron 282 kilos de clorhidrato de cocaína que pretendían ser enviados desde Bogotá hacia San Andrés”.
La detección de la sustancia no fue producto del azar, sino del olfato de una integrante del grupo canino de la terminal aérea. Según detalló la entidad, “el hallazgo se produjo luego de que el canino antinarcóticos ‘París’ emitiera una alerta sobre una encomienda sospechosa. Al ser inspeccionada, se encontró una sustancia oculta en frascos de impermeabilizante, una modalidad utilizada para evadir los controles en la terminal aérea”.
Este método de camuflaje en productos químicos de construcción buscaba neutralizar el olor del alcaloide y confundir los escáneres de seguridad. No obstante, luego de la aplicación de la prueba técnica del “narcotest”, se confirmó la composición de la droga, la cual tiene un valor comercial estimado de 2.500 millones de pesos colombianos.
Impacto en las redes de tráfico
La incautación golpea directamente las finanzas de las estructuras que utilizan las rutas nacionales de carga para el tráfico interno. Desde la administración distrital se enfatizó en la importancia de la colaboración ciudadana para desarticular estos envíos, señalando que “la ciudadanía puede reportar cualquier hecho sospechoso a la línea de emergencia 123, clave para fortalecer la prevención y la reacción frente al delito”.
Las autoridades mantienen las investigaciones para determinar el origen del envío en la capital y los posibles nexos con redes de distribución en San Andrés, donde el impacto social del consumo y el tráfico sigue siendo una preocupación para las comunidades locales.
