La moda dejó de ser solo una cuestión estética para convertirse en un lenguaje que narra identidades, territorios y memorias. Bajo esta premisa, las creativas Alitza García, Andrea Cancino y Laura Echavarría participaron en el Foro Moda & Memoria de IXEL MODA, realizado el pasado 22 de abril en Barranquilla, un espacio en la Universidad del Norte que reunió voces clave para reflexionar sobre el presente y el futuro del sistema moda en Colombia y Latinoamérica.
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El encuentro, desarrollado de manera simultánea en varias ciudades del país, se consolidó como un escenario inédito donde la moda, la cultura y la narrativa se entrelazaron para analizar cómo se construyen hoy las historias que definen la identidad del sector. En este contexto, las intervenciones de las tres invitadas en la sede de la Universidad del Norte pusieron sobre la mesa temas clave como la identidad caribe, la comunicación digital, la creatividad y los desafíos de la industria de la moda en un entorno cada vez más globalizado.
De la pasarela a la identidad: claves del Foro Moda & Memoria con líderes del sistema moda en Barranquilla
A través de sus experiencias, las panelistas ofrecieron una mirada complementaria sobre cómo la moda se construye desde lo creativo, lo comercial y lo comunicacional, evidenciando que hoy más que nunca este sector es una plataforma para contar quiénes somos y cómo nos proyectamos ante el mundo.
La creativa de la moda Laura Echavarría inició su intervención, destacando el valor de reunir distintos puntos de vista para enriquecer la conversación. En ese contexto, consideró importante ofrecer un poco de contexto sobre su trayectoria y el origen de su proyecto.
Explicó que Fashion Lessons nació en 2009 sin ninguna intención comercial, sino como resultado de una profunda pasión por la moda, entendida no solo como estética, sino como una expresión cultural y personal, además de su interés por la escritura. “Realmente nace como un outlet de esa curiosidad que yo sentía por un mundo que me conmovía profundamente”, señaló.
Echavarría, quien es diseñadora de modas y posteriormente se especializó en comunicación de moda, creó esta plataforma para contar historias sobre diseñadores, tendencias y todo aquello que consideraba interesante dentro del sector. De ahí surge el nombre Fashion Lessons, concebido como un espacio de aprendizaje compartido: “yo quería seguir aprendiendo de moda y que quien quisiera estar ahí conmigo, lo pudiera hacer”.
Con la evolución del mundo digital, su proyecto también fue transformándose. La creativa recordó sus primeros acercamientos a internet, desde las conexiones telefónicas hasta su paso por distintas plataformas digitales, mucho antes de la consolidación de redes sociales como las conocemos hoy. Incluso mencionó experiencias tempranas en espacios similares a lo que hoy sería Instagram, donde combinaba fotografía y texto para narrar sus vivencias, especialmente durante su etapa en Barcelona estudiando diseño.
En ese proceso, comenzó a ampliar su contenido más allá del blog, incorporando imágenes y nuevas formas de comunicación. Fue entonces cuando las primeras marcas se acercaron a ella, en una época en la que términos como influencer, creador de contenido o community manager aún no estaban definidos. “Para mí fue una sorpresa recibir una retribución por algo que disfruto tanto hacer”, afirmó.
Sin embargo, dejó claro que, más allá de la monetización, su enfoque siempre ha sido la conexión con la audiencia. Echavarría enfatizó que detrás de cada pantalla hay mujeres interesadas en su criterio, en cómo usa las prendas y en la forma en que construye su estilo personal. Para ella, la verdadera influencia radica en comunicar el estilo de manera consciente, como una herramienta para expresarse, relacionarse con el mundo y proyectarse con seguridad.
En ese sentido, explicó que su criterio al trabajar con marcas se basa en la coherencia. Busca integrar aquellas propuestas que se alineen tanto con su identidad como con los intereses de su audiencia. “Mi audiencia se conecta con eso, más allá de un simple producto”, puntualizó.
De igual forma, señaló que, incluso cuando colabora con una marca, procura mantener esa conexión auténtica. Solo comunica productos que ya utiliza, que hacen parte de su vida o que realmente podrían integrarse a ella. Esta filosofía, afirmó, fortalece la credibilidad y consolida una relación genuina con su comunidad.
La periodista Andrea Cancino reflexionó sobre los distintos actores que intervienen en la construcción de la identidad caribe a través de la moda, especialmente en los escenarios digitales. Según explicó, una de las primeras preguntas clave es quién está generando los mensajes y las narrativas, y cómo estas terminan moldeando una identidad del Caribe que se proyecta tanto en la forma de vestir como en la manera en que esa moda se utiliza y se representa.
En ese sentido, destacó que la moda va mucho más allá de las pasarelas o las colecciones. Retomando una idea planteada previamente por Pilar en el espacio, subrayó que la moda se inserta en la vida cotidiana y se convierte en una herramienta para expresar quiénes somos. A través de las prendas, las personas comunican su identidad y construyen una imagen frente a los demás: “cómo queremos que nos vean”.
Esa intención, explicó, también se traslada al entorno digital, donde la moda adquiere un carácter performativo. Allí, las formas de vestir y mostrarse comienzan a viralizarse y a consolidarse como parte de una conversación colectiva. En este proceso participan múltiples actores: periodistas, creadores de contenido, diseñadores, marcas y, especialmente, las audiencias, que no solo consumen moda, sino que la reinterpretan constantemente.
Echavarría resaltó cómo estas audiencias resignifican prendas, recuperan piezas antiguas y se conectan con tendencias como la moda sostenible. Es común, por ejemplo, ver el rescate de prendas heredadas —de madres, tías o abuelas— que vuelven a cobrar vida en nuevas combinaciones, como blusas hechas con pañuelos o piezas vintage adaptadas a estéticas actuales. Esto evidencia una construcción colectiva de identidad a través del uso cotidiano de la moda.
Desde una perspectiva comunicacional, la experta identificó varios elementos recurrentes en las narrativas sobre lo caribe. Uno de ellos es la carnavalización o exotización del territorio, que suele representarse como un espacio colorido, saturado, ruidoso y caótico. Esta visión, aunque potente, también simplifica la complejidad de la identidad caribe.
En ese contexto, mencionó el caso de la creadora de contenido Aria Vega, quien logró posicionar tendencias como la “costeñita core” y la “costeñita premium”. A través de estas propuestas, Vega tomó elementos de la cultura popular barranquillera —que durante años fueron estigmatizados como “corronchos”— y los resignificó, convirtiéndolos en estéticas deseables y visibles tanto en redes sociales como en las calles. Esto plantea una pregunta interesante sobre el origen de las tendencias: si nacen en lo digital o en la cotidianidad urbana.
Por otro lado, Cancino destacó dos enfoques clave dentro de las narrativas de marca: el encuadre patrimonial y el marketing de la trazabilidad. El primero consiste en arraigar las prendas al territorio del que provienen, utilizando escenarios locales como el centro de Barranquilla, el barrio El Prado o el centro histórico de Cartagena para reforzar su identidad.
El segundo enfoque, el de la trazabilidad, busca contar la historia detrás de cada prenda: de dónde viene el tejido, quién lo elaboró y cuál es su raíz artesanal. Ejemplos de ello se encuentran en diseñadores como Silvia Tcherassi, quien ha trabajado con tejidos de Usiacurí, o María del Pilar Agámez, que colabora con mujeres cabeza de hogar en sus talleres.
Para la creativa, este enfoque representa una ganancia significativa, ya que permite visibilizar saberes ancestrales y estéticas propias que, aunque no son nuevas, adquieren relevancia global gracias a las redes sociales. De esta manera, la moda caribe logra diferenciarse en el escenario internacional, consolidando una identidad auténtica.
Concluyó que la identidad caribe en la moda digital se construye desde la interacción de todos estos actores, pero especialmente desde las audiencias. Son ellas las que, a través del uso cotidiano de las prendas, reafirman un arraigo al territorio, a sus colores, texturas y sabores, y encuentran en la moda una forma de contar quiénes son.
La diseñadora de moda Alitza García aseguró que cada colección representa un desafío constante, no solo desde lo creativo, sino también desde lo comercial. Explicó que uno de los principales retos es lograr una conexión efectiva con su público objetivo, manteniendo una coherencia con la identidad de marca que ha construido a lo largo del tiempo.
En su caso, destacó que ha desarrollado un estilo claramente definido, pensando no solo en un segmento específico, sino en un espectro más amplio de clientas, incluyendo tanto a mujeres jóvenes como a mujeres adultas. Esta visión le permite proyectar un mayor potencial de mercado, sin perder la esencia de su propuesta creativa.
Sin embargo, reconoció que uno de los mayores retos para los diseñadores es transformar la creatividad en un producto comercializable. “A veces queremos hacer vestidos con muchos cristales o plumas, pero eso no siempre es viable cuando pensamos en comercializar y monetizar”, explicó. En ese sentido, admitió que equilibrar el arte con la rentabilidad es una de las tensiones más fuertes dentro de la industria de la moda.
A pesar de ello, García enfatizó la importancia de no renunciar al componente creativo. Por eso, dentro de cada colección procura incluir piezas clave que destaquen y que le permitan seguir soñando como diseñadora. “Es importante crear y dejar una huella”, afirmó, resaltando que la moda también es una forma de expresión personal y legado.
La diseñadora también comparó el proceso creativo con la gestación de un hijo, señalando que cada colección implica un alto nivel de dedicación y compromiso. En su dinámica de trabajo, realiza dos colecciones principales al año y desarrolla además colecciones cápsula, lo que la obliga a estar en constante investigación de tendencias, sin perder su estilo propio.
Por otro lado, en el espacio también se abordó la percepción sobre la industria de la moda en Barranquilla, destacando su crecimiento y potencial. Se resaltó que la ciudad cuenta con un gran número de diseñadores y marcas emergentes, lo que evidencia un ecosistema creativo en expansión.
No obstante, se señaló que aún existe el reto de articular mejor a los diferentes actores del sector, desde diseñadores hasta creadores de contenido y comunicadores, con el fin de consolidar una identidad regional sólida. Iniciativas como Vaquero Moda han comenzado a trabajar en esa integración, promoviendo espacios de encuentro y visibilidad.
Finalmente, se concluyó que Barranquilla tiene un enorme potencial para contar historias a través de la moda, no solo desde el folclore, sino también desde una interpretación contemporánea de sus colores, su cultura y su diversidad. Aunque aún hay camino por recorrer, el consenso es claro: hay “mucha tela por cortar” en la consolidación de la moda caribe como referente nacional e internacional.
