Barranquilla

“En pocos meses se vaciaron 1,4 billones de pesos”: Paula Bolívar expone el impacto del escándalo UNGRD en Colombia en su libro ‘El desastre de los decentes’

Lo que comenzó como una denuncia ciudadana por carrotanques abandonados en La Guajira terminó destapando una red de corrupción que salpicó a altos funcionarios y dejó al descubierto el desvío de millonarios recursos públicos… pero aún quedan piezas clave por revelarse.

Foto Paula Bolívar destapa en “El Desastre de los Decentes” cómo una denuncia en La Guajira desató el escándalo de la UNGRD.
Suministradas Foto Paula Bolívar destapa en “El Desastre de los Decentes” cómo una denuncia en La Guajira desató el escándalo de la UNGRD.

La periodista Paula Bolívar Pinilla reconstruye en su libro “El Desastre de los Decentes” de la editorial Aguilar uno de los episodios más graves de corrupción en Colombia: el escándalo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Lo que inició como una denuncia ciudadana en La Guajira terminó revelando una compleja red de contratación irregular, desvío de recursos públicos y presuntos sobornos que involucraron a altos funcionarios del Gobierno y actores políticos.

En esta entrevista con PUBLIMETRO Colombia, Bolívar explica cómo surgió la investigación, detalla el papel de figuras clave como Olmedo López y Sneyder Pinilla, revela las cifras del desfalco y reflexiona sobre el impacto social de la corrupción en el país.

¿Cómo nació la investigación que dio origen a este libro sobre la UNGRD?

Todo comenzó con una denuncia ciudadana, que es el punto de partida de muchas de mis investigaciones. Durante diez años trabajé en radio cubriendo la UNGRD, lo que me permitió conocer en profundidad su funcionamiento, sus procesos y sus debilidades.

Un ciudadano me contactó para contarme que había visto varios carrotanques abandonados en La Guajira, expuestos al sol y sin cumplir su función principal: llevar agua a comunidades que históricamente han sufrido escasez. Al mismo tiempo, una fuente del sector proveedor me alertó sobre posibles irregularidades en la contratación de esos vehículos.


Esa coincidencia fue clave. Cuando dos fuentes distintas apuntan hacia el mismo problema, uno como periodista entiende que hay algo que investigar. Aun así, no podía publicar sin confirmar. Por eso inicié un proceso riguroso de verificación.

Me apoyé en personas de confianza en el territorio, entre ellas la directora del Banco de Alimentos de La Guajira, quien me confirmó que los carrotanques no estaban distribuyendo agua. A partir de ahí construimos una red de ciudadanos que nos ayudaron a ubicar los vehículos.

El proceso fue largo. Incluso utilizamos herramientas como Google Maps para validar la información. Finalmente, logramos conseguir una fotografía que mostraba los carrotanques abandonados en una base militar en Uribia. Esa imagen fue determinante: convirtió una sospecha en evidencia.

Foto el libro que revela la trama de corrupción en la UNGRD: Paula Bolívar expone contratos, sobornos y desvío de recursos.
Suministrada Foto el libro que revela la trama de corrupción en la UNGRD: Paula Bolívar expone contratos, sobornos y desvío de recursos.

¿Qué tan difícil fue confirmar la información en un contexto de riesgo y silencio?

Fue muy difícil. En regiones como La Guajira, denunciar puede implicar riesgos. Muchas personas tienen miedo de hablar porque sienten que pueden ser objeto de represalias.

Recuerdo que cuando le pedí a una fuente que hiciera pública la denuncia, su respuesta fue clara: “Aquí a los sapos los matan”. Eso nos obligó a crear una red de verificación basada en la confianza, donde varias personas aportaban información sin exponerse directamente.

El periodismo en estos casos requiere paciencia, pero también responsabilidad. No se puede publicar algo tan grave sin pruebas sólidas. Por eso insistí en conseguir evidencia visual. La fotografía de los carrotanques fue clave para mostrarle al país lo que estaba ocurriendo.

¿Qué papel jugaron Olmedo López y Sneyder Pinilla en esta trama de corrupción?

Olmedo López y Sneyder Pinilla son figuras centrales en el caso de la corrupción en la UNGRD. Su papel fue determinante tanto en la ejecución de los hechos como en el desarrollo posterior de las investigaciones.

Ellos participaron en decisiones clave dentro de la entidad y, según lo que se ha conocido, estuvieron involucrados en la asignación irregular de contratos. Pero además, cuando el escándalo estalla, son los primeros en colaborar con la Fiscalía General de la Nación.

Esa decisión fue estratégica. Sus abogados entendieron que había suficientes pruebas en su contra, por lo que optaron por negociar y entregar información. Gracias a eso, hoy hay más de diez personas vinculadas judicialmente al caso.

Sin embargo, es importante decir que probablemente no han revelado toda la verdad. En casos de este tipo, siempre hay información que se reserva, ya sea por estrategia jurídica o para proteger a terceros.

El libro tiene una narrativa distinta, más cercana a un thriller. ¿Cómo construiste esa estructura?

Fue un proceso muy exigente. Como periodista, uno está acostumbrado a ser directo, a escribir con precisión y sin adornos. Pero en un libro debía permitirme narrar, construir escenas, desarrollar personajes.

Lo primero que hice fue organizar todo el material que ya tenía. Durante la investigación en radio publiqué más de 60 informes periodísticos. Los clasifiqué en un archivo, los ordené cronológicamente y reconstruí la historia paso a paso.

Luego vino una segunda etapa: volver a investigar. Revisé audiencias judiciales completas, escuché interrogatorios, leí documentos y analicé videos. También investigué el pasado de cada personaje para poder presentarlo de forma clara al lector.

Fue un trabajo de documentación profunda. A veces leía durante días para escribir un solo párrafo. Pero era necesario: el objetivo era que el lector entendiera no solo los hechos, sino también el contexto y las motivaciones detrás de ellos.

¿Qué tan importante fue incorporar más voces dentro del libro?

Era fundamental. No quería que el libro fuera solo mi versión de los hechos. Busqué incluir distintas voces: documentos oficiales, testimonios, audiencias judiciales y, en la medida de lo posible, versiones de los involucrados.

Intenté hablar con Olmedo López para el libro y logré incluir parte de su versión. También revisé declaraciones de otros implicados para construir un relato más completo.

Además, incluí un enfoque analítico. Por ejemplo, trabajé con expertos para entender el fenómeno de la corrupción más allá de este caso puntual. Quería que el libro también sirviera como una reflexión sobre cómo operan estas redes en el Estado.

Hablemos de cifras: ¿cuál fue el impacto económico de este escándalo?

Las cifras son alarmantes. Según lo que logré establecer, se comprometieron alrededor de 1,4 billones de pesos en la UNGRD en un periodo muy corto.

Ese dinero fue destinado a diferentes proyectos: carrotanques, ollas comunitarias, maquinaria amarilla y plantas de tratamiento de agua. Sin embargo, muchos de esos recursos no se ejecutaron correctamente.

Cuando se revisaron las cuentas, gran parte del dinero ya no estaba. Es decir, en pocos meses se vaciaron recursos que estaban destinados a atender emergencias y ayudar a comunidades vulnerables.

Esto demuestra la magnitud del desfalco y su impacto directo en la población.

¿Cómo se conectan nombres como Karen Manrique y Wadith Manzur dentro de esta red?

A lo largo de todo el proceso —y esto también está detallado en el libro— hay un capítulo clave: el llamado “cónclave”. Según las versiones de Olmedo López y Sneyder Pinilla, se trató de una reunión que habría tenido lugar en la Casa de Nariño para definir a qué congresistas se les asignarían contratos y, presuntamente, se les pagarían coimas. De acuerdo con López, esto se habría hecho por orden de Luis Fernando Velasco, quien en ese momento era ministro del Interior.

En ese capítulo explico con detalle lo ocurrido, incluso a partir de una entrevista exclusiva que le hice a Olmedo López para el libro. Fue él quien me confirmó que Karen Manrique acudió a su oficina y, en una libreta que él tenía, escribió los nombres de los congresistas a quienes se les direccionarían contratos de la UNGRD, a cambio de que aprobaran créditos de la Nación en la Comisión Interparlamentaria de Crédito Público.

Según el relato, Manrique llegó a la UNGRD y le preguntó a López cómo avanzaban los contratos. Él le respondió que no tenía claridad sobre los nombres, por lo que le pidió que los anotara directamente en su agenda. López me contó que, al revisar esa lista, no podía creer que una congresista elegida con el respaldo del Gobierno nacional y del Pacto Histórico —representante de las curules de paz y de las víctimas— estuviera involucrada en este tipo de prácticas. Le parecía, en sus palabras, algo inconcebible.

En ese mismo contexto aparece también el nombre de Wadith Manzur, quien figura en los registros como uno de los congresistas relacionados con estas decisiones. Existen grabaciones y registros de sus ingresos a ministerios, lo que hace parte del material que hoy está siendo analizado en las investigaciones.

De acuerdo con la información conocida, Manzur habría tenido participación en discusiones sobre créditos, incluyendo uno de Findeter en la Comisión Interparlamentaria de Crédito Público. Inicialmente se habría opuesto a su aprobación, pero tras una reunión con el entonces ministro de Hacienda, al día siguiente cambió su posición y el crédito recibió vía libre.

Todo esto evidencia cómo esta red de corrupción no solo operaba dentro de una entidad, sino que tenía conexiones con decisiones políticas de alto nivel.

¿Qué mensaje deja este caso sobre la corrupción en Colombia?

La principal conclusión es que la corrupción sí mata. No es una frase simbólica: es una realidad.

Cuando se desvían recursos destinados a comunidades vulnerables, las consecuencias son directas. Niños sin acceso a agua potable, familias sin alimentos, territorios sin atención en emergencias.

En el libro cuento la historia de una niña wayuu que sufrió daños irreversibles por desnutrición. Ese es el verdadero impacto de la corrupción: vidas afectadas de manera irreversible.

¿Se trata de un caso aislado o de una estructura que se repite en el país?

No es un caso aislado. Lo que vemos en la UNGRD es un reflejo de una estructura que puede replicarse en otras entidades del Estado.

Por eso era importante que el libro no se quedara solo en la denuncia, sino que también analizara cómo funcionan estas redes: cómo se asignan contratos, cómo se distribuyen los recursos y cómo se construyen alianzas políticas.

Entender ese funcionamiento es clave para prevenir que estos casos se repitan.

¿Qué papel juega la ciudadanía frente a estos hechos?

La ciudadanía tiene un rol fundamental. Este caso comenzó con una denuncia ciudadana, lo que demuestra el poder que tienen las personas para activar procesos de investigación.

Pero más allá de eso, es necesario que los ciudadanos se apropien de lo público, que hagan seguimiento, que exijan transparencia.

No podemos seguir viendo entidades como la UNGRD como algo lejano. Los recursos que se manejan allí son recursos de todos los colombianos.

¿Cuál es la reflexión final que te deja esta investigación?

Que el periodismo sigue siendo una herramienta poderosa para revelar la verdad. Pero también que la lucha contra la corrupción en Colombia es una tarea colectiva.

Este libro busca abrir los ojos de los ciudadanos, mostrar cómo operan estas redes y generar conciencia sobre la importancia de cuidar lo público.

Porque detrás de cada cifra, de cada contrato irregular, hay historias humanas que merecen ser contadas.

Foto de carrotanques abandonados a un desfalco millonario: la investigación de Paula Bolívar sobre la UNGRD.
Suministrada Foto de carrotanques abandonados a un desfalco millonario: la investigación de Paula Bolívar sobre la UNGRD.

En relación con el movimiento Me Too colombiano, he visto varios trinos que publicó en sus redes sociales sobre este tema. ¿Cuál es su reflexión frente a estas graves denuncias de acoso contra mujeres en las redacciones de los medios en Colombia?

Durante años ha existido una estructura de poder que no ha permitido que las mujeres víctimas de acoso sexual en los medios de comunicación hablen. No ha habido una ruta segura para que ellas denuncien, ni protocolos de emergencia cuando se presentan estos casos dentro de las salas de redacción.

Pero eso se acabó. Se acabó porque una joven decidió levantar la mano y decir: “Yo tengo derechos, yo tengo dignidad. Prefiero perder el trabajo que perder mi dignidad”. Gracias a ese acto de valentía, hoy todas las mujeres colombianas —periodistas y de otros sectores— estamos dispuestas a no volver a callar. Ese ha sido el mensaje.

Nos hemos unido bajo una consigna muy poderosa: “Yo te creo, colega”. Puede que otros no te crean, pero yo sí te creo.

Sabemos que no es fácil hablar de nuestras propias historias o de las experiencias de nuestras compañeras y amigas. Estamos acostumbradas a contar, narrar e investigar las historias de otros, pero esta vez la realidad tocó a nuestra puerta. Por eso, estamos haciendo un esfuerzo conjunto —muchas mujeres periodistas— para contar nuestras propias historias y evitar que esto se repita.

Este movimiento, el Me Too Colombia, también llamado “Yo te creo Colombia”, no tiene marcha atrás. Ya estamos juntas. El miedo sigue existiendo, claro, pero precisamente por eso estamos aquí: periodistas líderes dispuestas a acompañar y apoyar a todas las víctimas de acoso sexual.

Tags

Lo que debe saber

Lo Último