La tragedia ocurrida en el sector de El Boliche, en pleno centro de Barranquilla, sigue estremeciendo a la ciudad. Lo que comenzó como una noche común entre habitantes de calle y vendedores ambulantes terminó en un infierno de convulsiones, desvanecimientos y muertes. Ya son nueve las víctimas mortales confirmadas por las autoridades tras la ingesta de licor adulterado, mientras otros permanecen hospitalizados luchando por su vida.
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Un testigo relató la desgarradora escena vivida en el Hospital General de Barranquilla, donde comenzaron a llegar los primeros intoxicados alrededor de las 6:30 de la tarde. “Los vi llegar botando espuma por la boca y convulsionando. Algunos los traían en carretillas y otros en carricoches, completamente desvanecidos”, narró con voz temblorosa. Según este hombre, incluso el propio vendedor del trago adulterado habría consumido del mismo y fallecido poco después.
Tragedia en Barranquilla: nueve muertos por ingerir licor adulterado en El Boliche
En medio de la confusión también corrió la versión de que una camioneta repartió comida en la zona, lo que inicialmente generó dudas sobre la verdadera causa de la intoxicación. Sin embargo, las evidencias encontradas en el lugar y las pruebas toxicológicas apuntan a que las muertes fueron producto del consumo de alcohol de madera, una sustancia mortal que provoca el cierre de las vías respiratorias.
Las autoridades confirmaron que varios de los fallecidos eran habitantes de calle, mientras que otros sobrevivían como vendedores ambulantes en el centro de la ciudad. Entre los identificados están Nicolás Manuel Medrano, Helmot Enrique Escolar, José Felipe Crespo Ortiz y Emiro Alberto Miranda. Otros cuerpos, hallados en diferentes puntos como los barrios Rosario y Universal, permanecen sin identificar.
El general Edwin Urrego, comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, reveló que la primera víctima en ingresar al hospital fue precisamente el hombre que preparaba el licor adulterado: Nicolás Manuel Medrano. Llegó a las 4:30 de la madrugada y murió apenas una hora después. En el lugar donde residía fueron halladas pimpinas y botellas plásticas, evidencia de un rudimentario expendio en condiciones insalubres.
Los testimonios recogidos indican que por cada botella los consumidores pagaban apenas 2.000 pesos, un precio irrisorio que refleja la precariedad y vulnerabilidad de quienes acuden a estas bebidas baratas y clandestinas. “El licor adulterado no era producido a gran escala, pero sí alcanzaba para circular entre los más necesitados del sector”, explicó el general Urrego.
La situación ha dejado hasta el momento un saldo de nueve muertos, además de tres personas en cuidados intensivos y dos más bajo observación médica. Entre los hospitalizados se encuentra Pedro Pablo Capachero Caraballo, cuyo estado es crítico. Ana Cecilia Céspedes y Edilberto De León permanecen en observación, con la esperanza de recuperarse.
El comandante Urrego advirtió que se desplegó un operativo especial en El Boliche para evitar que más personas consuman restos del alcohol adulterado. “Estamos alertando a todas las patrullas para verificar si hay habitantes de calle ingiriendo licor en este momento y prevenir más muertes”, señaló.
El oficial agregó que en lo corrido del año se han ejecutado al menos tres operaciones contra la fabricación y distribución de licor adulterado en la ciudad, la mayoría de ellas en el barrio Las Nieves durante la temporada de Carnaval. Como resultado, 14 personas han sido capturadas en 2025 por este delito.
La tragedia ha generado un fuerte llamado a la ciudadanía. Las autoridades insisten en la necesidad de denunciar cualquier expendio ilegal de bebidas alcohólicas a través de la línea 123 o del número 317-896-5523, habilitado como contacto directo contra el crimen en Barranquilla y su área metropolitana.
El dolor de este episodio no solo radica en el número de muertos, sino en las circunstancias de su agonía. Los relatos describen escenas desgarradoras: hombres tirados en la calle, convulsionando, mientras otros intentaban ayudarlos sin saber qué pasaba. El cuadro de espuma en la boca y cuerpos sin fuerzas refleja la crueldad de una sustancia tóxica que se vende disfrazada de trago barato.
La Fiscalía General y la Policía avanzan en la investigación para determinar cómo se elaboraba este licor, quiénes participaban en su distribución y si existen redes detrás de esta práctica criminal. Mientras tanto, los familiares de las víctimas y la comunidad de Barranquilla exigen justicia y, sobre todo, medidas más contundentes para frenar la venta de estas bebidas letales.
En las calles de El Boliche aún se respira la angustia de lo ocurrido. Vecinos y testigos no logran borrar de su memoria los gritos, las convulsiones y el silencio posterior de quienes no lograron sobrevivir. Lo que debería haber sido una noche cualquiera, se convirtió en un recordatorio brutal del riesgo mortal que esconde el licor adulterado.
