Opinión

Un cartucho/mil cartuchos

Hay pequeñas grandes jugadas que son capaces de marcar temporalmente un destino. Y debe ser duro pensar en la noche, ya con las pulsaciones abajo, que se tuvo el chance de pasar al lado correcto de la historia pero que, por incapacidad, fallo de cálculo, nervios o lo que sea que ocurriera, el sueño fue pesadilla.

Serginho Dest es internacional con la selección de su país, Estados Unidos, y su nombre hace parte del recambio generacional que pretende hacer -por necesidad, claro- el Barcelona, dueño de una versión extremadamente light por estos días en los que “Tin Tin” Koeman poco y nada le encuentra el rumbo a ese mismo club al que él mismo condujo a los caminos de la gloria con un zapatazo en Wembley que atravesó a Pagliuca.

Pero, de regreso al mal sueño, Dest encontró la opción más clara para abrir el clásico frente al Real Madrid. Recibió solo, bien de frente al gigantón Courtois y, quien sabe por qué, mandó la pelota por encima de la portería estando el encuentro empatado a cero. Debe ser bien jodido eso y ese es el drama con el que vive cualquier jugador de fútbol: fallar para ser inolvidable.

Tanta claridad puede oscurecer el panorama y pasa mucho el que está encargado de prender la antorcha en medio de la penumbra, termina apagándola. Porque esos yerros cuestan en la mente. Dest, que hacía un buen partido, empezó a equivocarse luego de su opción dilapidada, porque cuesta reponerse ante un reto que, desde la tribuna, parece sencillo de sortear, más si se trata en un choque del valor -más allá de su devaluación en estos tiempos- que tiene un Barcelona-Real Madrid en casa.

Mientras Mingueza perdía cada vez que Vinicius Jr se lanzaba por su sector, imaginaba al mismísimo Vini, antes señalado por fallar clamorosamente oportunidades que un principiante sería capaz de resolver. De hecho, aquella opción fallida de Dest parecía más destinada a que la protagonizara Vinicius en su pasado reciente. Luego de ser señalado de ser el rey del desperdicio, Vinicius jugó un clásico magnífico, calmado y punzante cada vez que enfilaba por izquierda. La estadística de Miguel Simón en la transmisión resultó aplastante; en las campañas anteriores la efectividad del brasileño era poco menos que nula para un atacante (un gol cada 15 encuentros). La de hoy es más esperanzadora (1 gol cada 4 juegos).

Ahí está la lucha: Vinicius, experto hace poco en gastar balas sin ton ni son sin pegar una sola en el blanco, está en la búsqueda de cambiar ese perfil de derrochón y estéril que lo sigue persiguiendo. Dest, que no es delantero y que apenas tuvo un cartucho claro -en el segundo tiempo lanzó un remate que pasó cerca- imagina que, durante un rato, lo acompañará esa sombra que proyectó la pelota alejándose de la portería del Real Madrid cuando Courtois estaba vencido.

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