El café que se tomaron Paloma Valencia y Sergio Fajardo en Barranquilla no terminó en alianza, pero sí dejó bastante tela por cortar en plena recta final de la campaña presidencial. La imagen de la candidata del Centro Democrático sentada con el exgobernador de Antioquia movió el avispero político, sobre todo porque el encuentro llegó en un momento en el que cada gesto, cada frase y cada foto puede pesar como si fuera cierre de campaña, y como era de esperarse, Uribe reaccionó.
El encuentro se realizó en el Hotel El Prado de Barranquilla, luego de que Valencia invitara públicamente a Fajardo a conversar. El candidato aceptó, pero con una condición clara: que no fuera una reunión a puerta cerrada, sino una conversación pública, de cara a la ciudadanía. Y aunque hubo tono respetuoso, ambos dejaron claro que no estaban hablando de una adhesión ni de una alianza electoral.
Fajardo fue enfático en que su candidatura sigue viva y que no está buscando bajarse del bus en el último tramo. Incluso, marcó distancia frente a la polarización que, según él, representan las figuras de Gustavo Petro y Álvaro Uribe. “No vamos a irnos a ese precipicio”, dijo durante la conversación, al defender su apuesta por una mayoría moderada.
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Pero si algo faltaba para que el café terminara de prender conversación, era la reacción de Álvaro Uribe Vélez. El expresidente salió a respaldar a Paloma Valencia y aprovechó el encuentro para remarcar cuál es, desde su orilla política, el objetivo central de la campaña.
“Paloma dio un ejemplo que debemos seguir; esta mañana en la reunión con el Dr. Fajardo dejó muy claro su actitud de respeto a otras campañas y reiteró su firmeza para derrotar a Cepeda, promotor y candidato del terrorismo y de la cubanización de Colombia”, expresó Uribe.
La frase no pasó desapercibida porque, más allá del elogio a Valencia por sentarse con un candidato de otro sector, Uribe puso el foco en Iván Cepeda, uno de los principales rivales de la derecha en la contienda. Con esto, el expresidente leyó el café no como una señal de acercamiento al fajardismo, sino como una muestra de respeto institucional que, al mismo tiempo, no cambia la línea dura del uribismo frente a la izquierda.
En otras palabras, Uribe celebró la foto, pero no movió la brújula. Para él, Paloma Valencia puede hablar con otros sectores, tender puentes y mostrarse abierta al diálogo, pero sin soltar la bandera principal de su campaña: evitar que Cepeda llegue a la Presidencia.
El movimiento también deja ver la estrategia de Valencia en estos días definitivos. Por un lado, intenta mostrarse como una candidata capaz de conversar con sectores moderados. Por el otro, necesita mantener firme a su base uribista, que no siempre ve con buenos ojos los acercamientos al centro político.
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Fajardo, mientras tanto, salió del café con su propio mensaje: respeto sí, alianza no. El candidato insistió en que su camino no depende de adhesiones de última hora y que su apuesta sigue siendo construir una mayoría distinta.
Así las cosas, el café dejó una postal política curiosa: Paloma intentando abrir puertas, Fajardo evitando que lo suban a otra campaña y Uribe recordando que, para el uribismo, la pelea de fondo sigue siendo contra Cepeda. Como quien dice, hubo café, hubo conversación, pero cada uno salió con su propia cuenta por pagar.
