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Biblioteca de Chipaque, Cundinamarca, gana premio iberoamericano por su proyecto “El Libro Viajero”

Esta estrategia busca llevar la lectura y alfabetización a más de 5.000 habitantes de las zonas rurales.

En el municipio de Chipaque, Cundinamarca, se está liderando un proyecto bandera en Colombia que busca descentralizar la biblioteca y llevarla a las zonas rurales. Tal es su innovación que es uno de los ganadores de la 9 Convocatoria de Ayudas 2021 del Programa Iberoamericano de Bibliotecas Públicas.

Este proyecto fue uno de los 17 ganadores de 279 proyectos presentados de 12 diferentes países ante Iberbibliotecas. Con el premio, que ronda los 10.000 USD, se financiará cada paso que necesite para su implementación.

“El Libro Viajero” busca que los más de 5.000 habitantes de las 23 veredas del municipio accedan fácilmente a la lectura, la alfabetización e incluso algunas de las nociones elementales de aritmética.

Para su desarrollo se crearán múltiples semilleros de promotores de lectoescritura, iniciativa que fortalecerá también el empleo local al abrir espacios de empoderamiento para jóvenes y adultos que tendrán la oportunidad de capacitarse de la mano de profesionales con visión política, territorial, social, ambiental y cultural; convirtiéndose en los viajeros que llevarán palabras, conocimientos y libros a cada rincón de las zonas rurales.

“Esta idea nace con el principal objetivo de conectar el sector rural del municipio

de Chipaque con la biblioteca José Augusto Romero Guevara. Nos dimos cuenta de que la asistencia de habitantes de la zona rural a nuestras instalaciones es prácticamente nula, muchos no tienen la facilidad de bajar hasta el casco urbano. Este es un proyecto que pretende generar grandes impactos para esta comunidad pues ha de romper brechas en términos de educación, de manera que las comunidades adquieran capacidades que les permitan obtener mayores oportunidades y mejor calidad de vida”, afirma Liliana Correal, bibliotecaria del municipio y cofundadora del proyecto.

Las hermanas Diana Carolina (quien estudió Lenguas Modernas y Comunicación Digital) y María Alejandra Loaiza Mora (estudiante de Ingeniería Topográfica) son las otras dos gestoras del proyecto. Oriundas de Chipaque, empezaron a trabajar como voluntarias el año pasado en la biblioteca y desde ahí han hecho múltiples actividades como parrandas literiarias y salidas pedagógicas a las veredas, lo que les fue brindando la experiencia para formular este proyecto, aunque ya han participado en otras convocatorias de premios con las que han obtenido buenos resultados.

De hecho, para llevar a cabo este proceso pedagógico se contará con una estrategia comunicativa que también fue ganadora del premio departamental del Encuentro Nacional de Semilleros de Investigación ENISI 2021, que fusiona el desarrollo sostenible y la conectividad en una propuesta multimedia que trasciende la creación de las redes sociales y busca usar este canal como un medio de promoción para la educación rural.

“Se suele tener el imaginario social de que todo el mundo tiene acceso a las bibliotecas, pero realmente cuando uno viene a un municipio como estos, que de hecho no está muy lejos de la capital, encuentra que hay muchas veredas que no están conectadas (…) La biblioteca no solo es el lugar donde se guardan libros, sino que es un espacio de formación y cultura de paz y este es el momento de replantar ese concepto de la biblioteca, y si la comunidad no puede venir, esta si puede ir a ella”, afirma Carolina Loaiza.

Para Loaiza es un gran orgullo saber que con este proyecto le están apuntando al cumplimiento de dos Objetivos de Desarrollo Sostenible, el 4 y el 8 respectivamente, que tienen que ver con el la educación de calidad y el trabajo decente.

“Hemos encontrado que hay adultos que no saben leer y escribir, y también hay una problemática de que muchos niños no pueden ir a la escuela porque viven muy lejos, así que podremos reforzar conocimientos de una manera mucho más lúdica. (…) Aquí también hay muchos jóvenes desempleados con mucho potencial. Queremos contratar personal que pueda capacitar a estos jóvenes para que puedan promover la lectura al mismo tiempo que se desarrollan profesionalmente, queremos ayudarlos a encontrar una vocación ligada a la labor social”, cuenta Loaiza.

El gran anhelo de Carolina y María Alejandra con este proyecto, de la mano de Liliana, la bibliotecaria, es empoderar a muchos más jóvenes para que el legado continúe, que los semilleros no se pierdan y se pueda continuar con esta labor social porque ellos son consientes de la importancia de su rol para el fortalecimiento del tejido social.

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