Estudio: esta es la hora ideal para tomar y no prenderse rápido

¿Se lo ha preguntado?, nosotros también y quién no querría saberlo para disfrutar de una buena farra.

Por publimetro

Así como surgen estos cuestionamientos, también están ¿a qué horas es mejor tener sexo?, ¿cuál es el tiempo perfecto para hacer ejercicio?, ¿por qué nacen más bebes en la madrugada que en la tarde? o ¿por qué el trago nos coge más en la mañana que en la noche?.

Todas estas preguntas también se las planteó Andrés Camargo, docente de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales U.D.C.A., quien realizó una investigación con el objetivo de determinar la importancia y el impacto que tiene tiempo en las personas.  

Al parecer todo se relaciona con el reloj biológico. Según Camargo todos los humanos vienen programados genéticamente para ser “animales diurnos”, pues más del 80% de las actividades que realizan, a excepción del sueño, las hacen a plena luz del día. “Sin embargo, pese a que todos tenemos el mismo reloj biológico, este no funciona de la misma manera. Cada individuo debe identificar si le gusta madrugar o trasnochar y el número de horas que le gusta descansar”, afirma.    

La concepción, por ejemplo, está ligada a la actividad sexual. En Latinoamérica hay más nacimientos en ciertas épocas del año, lo que refleja un aumento de la actividad sexual en temporada de vacaciones o festividades. “La mayoría de los encuentros sexuales se producen entre las 11 p.m. y la 1 a.m.”, afirma el experto.

Con relación a los embarazos y al número de nacimientos, el estudio sostiene que los trabajos de parto se presentan habitualmente en las horas de la noche y los nacimientos se producen finalizando la madrugada y en la primera mitad del día. “En países con estaciones como Estados Unidos y Canadá se genera un aumento significativo de nacimientos en otoño, es decir en septiembre y octubre”, explica Camargo.    

Respecto al sueño, un hábito indispensable en la época de la niñez y la adolescencia, la investigación sostiene que las personas duermen un tercio de su vida. El número de horas que lo hacen se sincroniza desde los primeros años. Los niños lo hacen a través del ritual de la oración antes de dormir y con la lectura de cuentos.

La característica que más llama la atención del sueño es el “cronotipos”, que se define como la preferencia en horario y tiempo que cada persona tiene al dormir. Existen individuos que les gusta madrugar o al contrario trasnochar. Este hábito está mediado por una combinación de factores genéticos; psicosociales tales como la personalidad, el estilo de vida y las condiciones de trabajo; sociodemográficos como la edad y el género; y factores ambientales.

Generalmente los niños son madrugadores, pero en su transición a adultos en la   adolescencia, por todos los cambios hormonales que sufren, sus preferencias cambian. “De los 12 a los 16 años trasnochan más y aumentan las horas de sueño. Esta situación se mantiene hasta los 20 presentándose dificultades en el nivel de concentración y en el aprendizaje”, señala Camargo.

En la adultez, como en la infancia y en la adolescencia, también están presentes los ritmos biológicos que determinan múltiples cambios determinados por el agotamiento de las funciones orgánicas y la vida en pareja. El trabajo, como la principal actividad que se realiza en esta etapa de la vida, afecta la salud, la familia y la vida social. Para entender sus consecuencias solo basta con conocer a un médico o alguna persona del sector de seguridad, quienes por lo general trabajan en las noches.

El trabajo nocturno, sostiene el estudio, conlleva a situaciones como acumulación de errores, dificultad para mantener la atención, fatiga, accidentes laborales y estrés. También se presenta pérdida de apetito, diarrea o estreñimiento, gastritis, dolor de estómago y úlcera. De igual forma dificulta participar en actividades sociales, escolares, culturales y deportivas, lo que contribuye a que el individuo se aísle no permitiéndole tener una buena convivencia.

El tiempo y su impacto en la cotidianidad  

El estudio revela resultados de cómo afecta el reloj bilógico la salud, el deporte, la concentración o el nivel de aprendizaje, la vida social y el trabajo, entre otros. Para su ejecución, Camargo consultó a más de 500 estudiantes universitarios en Bogotá, a 200 enfermeras de hospitales públicos de la ciudad, a 15 cuidadores de pacientes con Alzheimer, 70 deportistas y más de 2000 registros de nacimientos.  

Entre las principales conclusiones, la investigación señala que es mejor hacer deporte al caer el día que a primera hora en la mañana; que ir al gimnasio a las 6 p.m. garantiza mejores resultados a los pacientes hipertensos que hacer ejercicios de cardío a las 8 a.m.; y que la hora ideal para hacer ejercicio con el fin de perder peso es entre las 6 y las 8 p.m. y no al empezar el día como muchas personas suelen hacerlo.

En beneficio de la salud, el investigador menciona que la hora de administración de un medicamento también influye en el efecto positivo o negativo que este pueda tener en el organismo. “Por ejemplo, es mejor tomar pastas para el control de la tensión arterial a las 10 p.m. antes de dormir y no al levantarse, que es cuando las personas suelen hacerlo; que es mejor dormir entre 6 y 10 horas al día para evitar resfriados que tomar antigripales o abrigarse bien; que descansar bien o tener una buena siesta garantiza buenas defensas, mejora el estado de ánimo, optimiza los niveles de atención y de memoria”, dice.

Con relación a los niveles de atención o memoria, las personas que trasnochan o trabajan en la noche tienden a memorizar menos las cosas, a olvidar más fácil y a tener mayor predisposición a desconcentrarse lo que puede favorecer accidentes laborales o de tránsito. “Esto es fácilmente reversible con una calidad y cantidad de sueño adecuado”, sostiene Camargo.

Para mejorar el rendimiento en el trabajo el docente recomienda una siesta no mayor a 15 o 20 minutos diarios. Las empresas que han implementado esta medida han evidenciado un mejor rendimiento en sus empleados, caso particular en las organizaciones asiáticas.   

En cuanto a la vida social, que está cien por ciento mediada por el reloj biológico, el estudio comenta que una persona tiene mayor tolerancia al trago entre las 9 y las 10 p.m. y que los encuentros sexuales son más placenteros entre las 11 p.m. y la 1 a.m.   No obstante, el investigador resalta que aún no se ha encontrado la hora adecuada para enamorarse.  

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