De una travesía en carrito de balineras por Villeta

Por PAMELA LÓPEZ

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Esto es Colombia

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Este año por fin tuve cuatro días de descanso, después de cinco años seguidos trabajando incansablemente en época de fiestas. Aunque los gastos y las obligaciones no faltan pude ir a Villeta, en donde tome un color canela y caminé… caminé y sentí la naturaleza hasta más no poder.

En ese viaje también decidí hacer un “paseo de olla”, solo con ganas y sin olla porque éramos dos. La idea era llegar a un balneario que hay en el municipio de Cundinamarca que se conoce como Bocatoma, tal vez usted sabe cuál es si ha ido varias veces a este destino, al que hay dos formas llegar: a pie, con más de 45 minutos de recorrido, o en los carritos de balineras que se transportan por la vía férrea y se tardan 20 minutos.

Nos aventuramos y llegamos a la improvisada estación de donde salen estos planchones adaptados para que los turistas puedan ir sentados. En temporada alta hacen más o menos 30 viajes diarios y su precio de 5 mil por persona sube a 10 mil. Este medio de transporte es el sustento de varias familias en Villeta y sus conductores ofrecen una experiencia única durante la travesía y, créame, así es

El viaje es máximo, sin interrupciones, de 8 a 10 minutos, pero se alarga a 20 porque van por la vía del tren y al tiempo viajan más de diez carros. Entonces, si usted se encuentra uno de ellos, que va de regreso, debe bajarse, con el conductor y los demás pasajeros, levantar el carro, sacarlo de la línea y esperar a que el otro pase.

De nuevo poner la balinera en camino y seguir con el viaje turístico, todo esto porque en nuestro país solo existe una sola vía y es angosta.  

Johnny y Kevin fueron los encargados de transportarnos durante la trayectoria, ellos son padre e hijo y este último aprovecha su época de vacaciones para darle una mano a su papá con el carro. “¿Cómo le ha parecido el viaje?, ¿Bonito, no?”, me dice Kevin con unas gafas de sol y los zapatos rotos (creo que siempre está de vacaciones), yo, entusiasmada, le digo que sí.

En este viaje hay que tener confianza: que el carro no va a sufrir ningún accidente, que el conductor va a regresar por usted ya que se le da el dinero por anticipado y a la hora del regreso hay que llamarlo al celular, y que en ningún momento ocurrirá un accidente grave por culpa del ACPM.

Es cierto, los carritos de balineras no son seguros, pero forman parte de la idiosincrasia de este municipio en el que muchas personas lo ven como la forma de llevar comida a la casa. “Por acá es bonito, en temporada alta hacemos 30 viajes diarios más o menos y a la gente le gusta irse a bañar al río”, comenta Kevin cuando ve mi cara de felicidad.

Y es que a pesar de todo es una experiencia única, la piel roza la hierba que está a lado y lado de la vía, y la brisa enfría el cuerpo caliente por el sol, es una sensación de paz y de estar en una escena de Jurassic Park.  

Puede sonar cursi, pero de los paseos que he hecho este me gustó especialmente por los carritos; tuve que ayudar a montarlo tres veces y puede ser catalogado como una colombianada, pero al fin y al cabo es de esas cosas que solo tendría la oportunidad de ver acá.

Si se anima y anda por Villeta dele la oportunidad a los carritos de balinera, eso sí, no se suba con niños en brazos o con personas mayores, es mejor en ese caso que camine los 45 minutos.

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