Anorexia: La obsesión por los 35 kilos

“Para mí la anorexia no se cura, es algo con lo que se debe vivir para siempre”: María.

Por Monica Garzón

María es una joven bogotana de 21 años, que desde su adolescencia descubrió y exploró a través de comunidades digitales todo sobre el tema. A través de estos medios digitales obtuvo fácilmente información que la incitó a mantener hábitos nocivos para su salud, que incluso llegaron a ser mortales.

Ella decidió contar un poco de su historia y compartirla para que los padres de familia aprendan a entender este “mounstro” que no sólo afecta a una persona sino a todos los que están a su alrededor.

¿Cómo empezó todo?

No tengo claro un día sobre cómo empezó todo, desde que estaba pequeña siempre comí poco y fui delgada. Recuerdo que cuando estaba en séptimo grado se me olvidaba comer y decidía regalar las onces y hasta el almuerzo.

¿Cuál fue el detonante?

En el año 2009, justo antes de salir del colegio, estaba a punto de graduarme; por alguna extraña razón que aun no entiendo, porque aunque mi mamá me preparaba la comida que más me gustaba, yo estaba decidida a no comer. A mí nunca me dijeron que estaba gorda, ni mucho menos, sólo un día pensé que quizás pesar 35 kilos me haría ver más linda.

¿Por qué los 35 kilos?

Yo siempre, aunque no sabía que era una señal de algo malo, creía que pesar más de 50 kilos era tener sobrepeso y estar gorda. Siempre pesé 46 kilos, además conocía la historia de Anahí, la cantante y actriz mexicana que es siempre ha sido mi ídolo, supe que había tenido anorexia pero había logrado salir de ella.

Un día decidí entrar a internet para explorar sobre la anorexia y me encontré con un mundo de princesas Ana y Mía…Las princesas que un día casi acaban con mi vida. Y siempre lo vi como algo normal, leía y nada más, sin embargo mi obsesión por pesar 35 kilos seguía intacto porque además tenía claro que nunca iba a llegar a pesar 50 kilos o más.

A mí me parecía que la perfección de la belleza estaba en pesar 35kg, así comencé por dejar de comer por completo, solo cenaba porque lo debía hacer con mis papás, muchas veces tuve que arreglármelas para no almorzar con ellos y que no se dieran cuenta. En esta etapa, conocí muchas mujeres de distintas partes del mundo que se convirtieron en mis únicas amigas y todas ellas tenían trastornos alimenticios.

¿Cómo se enteró su familia?

Un día comencé a compartir post en Facebook sobre mujeres extremadamente delegadas y mis familiares alertaron a mi mamá, ella hablo conmigo y se dio cuenta de que yo estaba obsesionada con estar delgada, nunca me regañó.

¿Buscaron ayuda?

Aunque el médico dijo que yo pesaba 40 kilos tenía un problema alimenticio y debía ser tratado, tuve que ir al psicólogo, nutricionistas y demás. Aunque asistía, yo sabía que no podía empezar a ganar peso y decidí comenzar a tomar sibutramina porque también lo vi en la web.

¿Habían recaídas?

Aunque estaba haciendo un esfuerzo por mejorarme y cuando sentí que lo estaba logrando, fallece mi abuela, una persona muy importante para mí, y junto a eso vino nuevamente la anorexia como en el principio. Pero esta vez fui más inteligente porque ya sabía que la gente se enteraba si lo publicaba, entonces no podía alerta a nadie, porque ya había dejado la psicóloga, pues el costo de estos tratamientos en Colombia son muy altos.

A raíz de la recaída que me trajo la muerte de mi abuela, yo volví a la obsesión de los 35 kilos, así que sumado a la falta de comer, descubrí en páginas web que cortarse también era una opción para manejar el mal genio, la tristeza y demás estados de ánimo que provoca la anorexia. Entonces todo fue sumando, la depresión, los cortes y las ganas de no comer hasta el punto de no poder controlarlo; me tome una sobredosis de pastillas para salir en definitiva de esa situación.

¿Cree que la anorexia es curable?

Luego de casi morir por las pastillas que me tome, por fin fui consciente de que debía aprender a controlarlo para seguir con mi vida, porque estaba acabando con la vida de muchas personas y descubrí que la vida si tiene sentido. Pero estoy segura que esta enfermedad no se cura nunca, hay que aprender a vivir con ella para siempre.

Alrededor del mundo los trastornos alimenticios están presentes en millones de hombres, mujeres y niños. Estadísticas basadas en investigaciones científicas e iniciativas particulares de organizaciones y asociaciones que luchan en la prevención y mitigación de los trastornos de la alimentación, aseguran que cerca del 0.8% de las personas sufre de anorexia y el 2.3% de bulimia.

Aquellas personas que sufren estas enfermedades tienen el deseo de verse más delgadas y un terrible temor a engordar; por esta razón dejan de comer, debido a una distorsionada percepción de su imagen corporal.

Los adolescentes con trastornos alimenticios normalmente no encuentran en su familia y círculos cercanos, el apoyo social que necesitan para mantener estos hábitos inadecuados y perjudiciales. Hoy en día, existen controles parentales que bloquean contenidos violentos o relacionados con la pornografía, sin embargo, las páginas pro Ana y pro Mía pueden escapar a estos filtros siendo igual de peligrosas y nocivas, según Rodrigo Riaño experto de la Universidad Politécnico Grancolombiano.

Actualmente una adolescente puede, a través de comunidades digitales, obtener fácilmente información que la incite a mantener hábitos nocivos para su salud, que pueden incluso llegar a ser mortales, los jóvenes reciben el apoyo que necesitan de comunidades digitales que promueven la anorexia y la bulimia. De ahí la importancia   de prevenir y educar a los padres, maestros y directores de instituciones educativas. Pues los adultos deben estar atentos a los tipos de contenidos dañinos que podrían estar recibiendo los jóvenes.

Las personas que tienen problemas alimenticios, no consiste sólo en dejar de comer, también son las mentiras, equivocaciones de los médicos que muchas veces confundieron su enfermedad con depresión y le hacían tomar medicamentos que ella no necesitaba. Para María la anorexia no se cura, es algo con lo que se debe vivir para siempre, es vivir con las críticas y el rechazo.

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