Estas son las 10 peores cosas de ser un adulto

Por Luz Lancheros

Pagar las cuentas. Pagar los impuestos. Si tienen hijos, pagar su colegio. Pagar las clases extracurriculares. Lavar. Cocinar. Llevar al perro a vacunar. Tratar de no beber mucho porque se tiene que madrugar a trabajar. Y trabajar, y llegar con tiempo para hacer nada.

Sí, a pesar de que se tiene más independencia, más libertad, y también más opciones, esto parece ser una gran mentira cuando vienen encima todas las grandes responsabilidades. Vean en este listado cuáles son las peores cosas de ser adulto. Querrán quedarse tomando vacaciones en la isla de Peter Pan Para siempre.

1. Todo es dinero: Lamentablemente, todo cuesta. El cómo viven, lo que comen, la ropa que usan, e incluso su propia salud. Siempre deben hacer cuentas. Ya no es como en la adolescencia y temprana juventud, etapas en las que podían gastarse lo que quisieran. Alcohol, ropa, juguetes, todo era permitido porque no tenían que pagar renta, ni comida, o incluso impuestos. Hoy ya no pueden hacer eso. Sus juguetes los endeudan de por vida, y ni qué decir de lo que deben hacer para que todo alcance.

2. Tienen dinero, pero no tienen tiempo: Ya pueden comprar y hacer todas las cosas de las que se privaron cuando eran más jóvenes. Pero ya no tienen tiempo. Andan lo suficientemente cansados en el trabajo o con una agenda tan apretada, que no les queda espacio casi para hacer nada de lo que les hubiese gustado practicar cuando eran más jóvenes.

3. Tienen dinero y tiempo, pero no pueden volverse locos: Ya no pueden emborracharse. En las fiestas del trabajo sería un suicidio porque está su jefe y todos sus compañeros. Ni pensarlo con amigos, ya que tienen que madrugar a trabajar ¿Están casados? Simplemente olvídenlo. ‘The Hangover’ es un cuento de hadas.

4. Tienen que hacerlo todo ustedes: Olvídense de su madre cocinándoles, haciendo su cama, o mucho menos lavando su ropa. Todo tienen que limpiarlo, hacerlo y arreglarlo USTEDES. Así estén demasiado cansados, deben preparar su comida, limpiar su casa y ocuparse de ustedes mismos. Engorroso, pero necesario.

5. Bienvenidos al infierno burocrático: ¿Declaración de impuestos? ¿Pagar facturas de servicios? ¿Trámites para tener su auto? ¿Cuando se enferman deben esperar, así se estén muriendo, por su turno y por ver si todo está en orden? Sí. Así ustedes no entiendan nada, ahora deben ocuparse de todo el papeleo que los confundirá, los matará de aburrimiento, desesperación e impaciencia.

6. Adiós energía: ¿Fiestas hasta las 4 de la mañana? No, por favor. Ya no soportamos ni siquiera los bits de los clubes, donde tenemos que hablar entre gritos y bailar. Preferimos tomar cerveza, hablar, irnos a casa temprano o quedarnos viendo televisión en Internet. Ya no hay estado físico para trabajar, irse de copas, bailar, y levantarse como si nada. Eso nos cuesta.

7. Cualquier cosa que se coman o hagan, los afectará: Ya hablamos de comida orgánica, proteínas, calorías y de triglicéridos. Ya deben seguir un régimen porque antes podían vivir de hamburguesas y bebidas energéticas, eso les cuesta un montón de dinero en medicinas y achaques. El cuerpo comienza a cobrar todo.

8. Todo es más complicado: Tener sexo, es complicado. Buscar pareja es complicado. Por tiempo, por compatibilidad, porque ya las personas saben qué son y no están dispuestas a cambiar muchas de sus manías por un perfecto desconocido. Unos no quieren comprometerse, pero con otras personas quieren algo más (pero estas no quieren comprometerse ¿ven? es complicado). Otros tienen sexo con sus amigos, unos resultan enamorados. Otros se casan y dejan a todos los demás como si se les estuviese haciendo tarde para ello.

9. Con niños, ya no se puede ser tan loco: Tener niños cambia todo. Los horarios, los planes y las prioridades. Si sus mejores amigos ya son padres, ya no podrán emborracharse y perderse, porque estos tienen que ir a casa. No podrán tener las mismas conversaciones, y las fiestas cambiarán. Un niño es una gran responsabilidad.

10. De adultos todavía no sabrán qué hacer: Así tengan 30 y tantos años, o cuarenta, todavía les costará tomar decisiones. No sabrán si están en lo correcto. Por supuesto, ya habrán evaluado todas las posibilidades a su alcance, pero de igual modo, nunca estarán 100 por ciento seguros, en la mayoría de los casos, si han conducido su vida como han querido.


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