La dramática historia de César Millán, el "encantador de perros"

Por Colprensa

César Millán confesó que intentó suicidarse en febrero de 2010 tras la muerte de Daddy, el Pitbull Terrier Americano de 16 años que consideraba “su mejor amigo”, su ejemplo de calma y de bondad. Dicha pérdida, sumada a la petición que le hizo su esposa para divorciarse, lo llevaron a tomar una sobredosis de antidepresivos que lo tuvo al borde de la muerte.

Con su perro, que murió de viejo, se habían hecho grandes amigos. Daddy significó mucho para él y para sus hijos. “Nos enseñó más que un humano, nosotros juzgamos. Él nos enseñó lo que es amar, aceptar, no juzgar y olvidar cosas que te duelen o personas que te han lastimado para vivir el hoy y seguir adelante”, dice.

Daddy no era suyo sino del rapero Redman. Después de 10 años de amistad con el canino, Millán le pidió al dueño que se lo cediera y se quedó con el pitbull que se convirtió en su “mano derecha”, en su guía para enseñar a otros perros.

Daddy era de esa especie que él llama “razas poderosas”, su debilidad; a esta pertenecen Pitbull, Rotweiler, Dóberman y Pastor Alemán. Con él comprobó que la imagen de raza agresiva y asesina es solo mala fama.

Lo peor vendría meses después de la muerte de su can estrella. En junio de 2010, faltando segundos para que ‘El Encantador de Perros’ se presentara en Irlanda ante más de 6.000 personas, recibió una llamada de su esposa, Ilusión Millán. Ella pidió el divorcio tras 16 años de casados y dos hijos en común, Andre y Calvin. Él subió al escenario y dio su ponencia, pero por dentro sentía que su mundo se derrumbaba. Eso contó el 25 de noviembre de 2012 en un documental de Nat Geo, ‘César Millán: la historia real’, en el que admitió que intentó suicidarse.

Tras el acuerdo de divorcio tuvo que pagar US$ 400.000 a su exmujer, US$ 23.000 mensuales para la manutención de ella y US$ 10.000 al mes para sostenimiento de sus hijos. Eso es como quitarle un pelo a un perro de este entrenador que gana al mes US$ 170.000.

Pero así como un perro amor casi lo lleva a la muerte, Millán fue salvado por sus amigos cuadrúpedos, pues su trabajo con ellos lo volvió a la vida. Le costó dos años salir del agujero negro en el que se sumió. “Apliqué lo mismo que con los perros: ejercicio, disciplina y afecto”, dice.

En su recuperación tuvo que ver Jahira Dar, a quien llama “la única” y a quien no tardó en proponerle matrimonio. “Soy un tipo tradicional. Me gusta todo como el cuento de Cenicienta”, dijo. Actualmente vive con ella y con su hijo menor, Calvin, en Los Ángeles. Y tiene acompañante, Junior, otro pitbull, educado por Daddy.

Sin embargo, la vida de César no siempre fue un cuento de hadas. Él sabe lo que es tener vida de perro callejero. A sus 21 años este nativo de Culiacán, Sinaloa, cruzó como ilegal a Estados Unidos desde la ciudad de Tijuana, tras varios intentos fallidos de trepar la cerca y ser víctima de acoso por parte de la patrulla fronteriza. “Los policías me detenían y me amenazaban con tirarme en Guatemala. Hubo casi un diluvio en Tijuana. Me tocó ver cómo la corriente arrasó con mujeres embarazadas y ancianos y a los coyotes (quienes pasan ilegales a través de la frontera) parecía no importarles”, reveló Millán.

Tras dos semanas, César fue abordado por un coyote que le cobró US$ 100, justo lo que tenía en el bolsillo, los ahorros de la vida de su padre. Vivió durante dos meses debajo de una autopista en San Diego, lavaba platos y se alimentaba con dos perros calientes al día que compraba, cada uno, a US$99 centavos.

Pero antes de contar cómo César pasó de ser un inmigrante ilegal al ‘Encantador de Perros’, viajemos años atrás. Él creció en una granja, en una casa estrecha de ladrillo y arcilla, con cuatro cuartos y sin agua potable. Acompañaba a su abuelo a conducir por los pastizales a docenas de vacas. “Él me decía: ‘nunca trabajes en contra de la madre naturaleza’”. Los perros de granja no necesitaban entrenamiento u órdenes especiales, su abuelo se mantenía tranquilo y asertivo, como líder de la manada.

Desde niño los perros lo seguían, incluso los perros de los vecinos. Le gritaban: ‘El chico de los perros’, ‘El perrero’. A él no le hacía gracia. “Quería ser cantante, pero no sé cantar; ser actor, pero no sentía que fuera lo suficientemente bien parecido. Hasta quise ser traficante de drogas. Siempre quise ser alguien”, asegura.

Cuando vio a Lassie en televisión, César le preguntó a su mamá si podría ser el mejor adiestrador de perros del mundo y ella le dijo: “Tú puedes ser lo que quieras ser”. Pero Lassie vivía en EE.UU., así que un día antes de Navidad, se fue con los ahorros que le dio su padre, sin pasaporte y sin idea de lo difícil que sería cruzar la frontera.

Lea también

El ‘Encantador de perros’ recibió las llaves de Bogotá

Los perros también tienen sentimientos, según estudio

“La gente trata al perro como humano y no como perro”: César Millán

 

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo