10 situaciones infernales que viven los practicantes

Por Luz Lancheros

A punto de graduarse, algunos entran al lugar al que siempre habían soñado trabajar. Llegan esperanzados, de ver cómo el jefe seccional de una gran empresa o director “se interesó en su currículum”. Se les ve la cara de orgullo. Pero, la realidad es otra, cuando algunos de estos muchachos, tan relajados en su vida, tan mimados y afectados se encuentran con un jefe del infierno o compañeros que no tienen tiempo para enseñarle nada. Vean aquí los padecimientos más comunes que sufre todo núbil idealista al enfrentarse por primera vez a una oficina.

1. No saben que les tocará hacerlo todo: Y muchas veces harán cosas muy poco divertidas. No solo tendrán que servir café, pasear a los perros, cuidar a los niños (es mucho peor en algunos casos) o hacer cosas dispendiosas y en apariencia inútiles. Tendrán que hacerlo todo triplicado, ya que sus compañeros también les descargarán cosas que no tengan tiempo de hacer. Sí, entre entrenarse para ser asistente personal y “aprender” lo que de verdad necesitan, se les va la vida…

2. Todos andan demasiado ocupados para ustedes: Más de uno pasó un momento incómodo al preguntar en el minuto de más estrés por un detalle en apariencia insignificante para ellos, pero vital para su trabajo. Muy pocas personas en realidad se ocuparán de ustedes si son practicantes, ya que están trabajando y no tendrán la paciencia para enseñarles nada.

3. Siempre habrá algún cretino: Uno de los clásicos de la oficina (y de cualquier lugar), es hacer bullying al joven nuevo que se encontrará con personalidades neuróticas y sarcásticas que descargarán en él su estrés o frustraciones vitales. Peor aún, cuando se escudan en su cargo o en su habilidad social para destrozar al practicante.

4. La humillación siempre puede ser peor: Los que matonean como cosa habitual en la oficina no se comparan a aquellos superiores que destaquen de manera negativa un error del practicante, y generalmente se hace en público. Desde insultarlo porque no pasa el teléfono, hasta gritarle ‘burro’, todo puede pasar. Eso no es lo peor: cualquiera tiene poder sobre él. Cualquiera. Por eso, cualquiera también puede tratarlo como le venga en gana. Si lloraron por causa de sus jefes, también llorarán por sus amigos.

5. Todo depende del jefe: Básicamente, ser practicante puede ser un infierno si se topan con un jefe como Kevin Spacey en ‘Horrible Bosses’: neurótico, pero incapaz de delegar órdenes, y a su vez, un maestro de la humillación y la explotación. Por supuesto, ninguno de sus compañeros arriesgará su pellejo por ustedes. Por el contrario, un jefe comprensivo puede enseñarles más cosas de la vida.

6. Los errores son una tragedia griega: Y sus cabezas serán las primeras en ser cortadas si el error se multiplica como la peste y es más grande que China. Si son pequeños, también serán una tragedia, porque de inmediato verán esa cara de condescendencia/enojo/fastidio en alguno de sus superiores. O también puede ser que ustedes los vean como lo peor que les pudo haber pasado cuando no sean más que tonterías.

7. No poder pagar las cenas ni las fiestas : Si no les pagan, olvídense de las salidas y otros eventos sociales de la oficina. Si les pagan poco, saben que se arruinarán. No hay opción posible.

8.Hacer trabajo sucio que no se reconoce: Aparte de hacer cosas indeseables, también muchas veces se verán resignados a ver que no tienen el reconocimiento que quieren. Tranquilos, estrellas. Todavía no es su hora. Hay que trabajar más para ver que eso pase.

9. A veces se aburren: Algunos practicantes son rápidos o no tienen tanta carga de trabajo como sus pares. Por lo general, se la pasan chateando, en Facebook o leyendo. Los más relajados se sentirán en el cielo. Los obsesivos por el trabajo sentirán que están perdiendo su tiempo. Fail.

10. Se ven como los practicantes: Y eso es claro cuando su dress code va en contravía al de toda la oficina, o por su gesto obcecado ante los realmente poderosos en la corporación. La adaptación en esos aspectos tácitos puede ser brutal, pero muchos marcan tanto la diferencia (ni aprenden nada), que ya los reconocen como practicantes. A menos de que no exista reglamento, hagan en Roma lo que los romanos hacen. Con confianza.

Bonus track: Aprenden mucho, sea para mal o para bien.

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