¿Es usted un arribista? Salga de la duda aquí

Por Publimetro Colombia

El arribismo ha existido en todas las sociedades y en todas las épocas, pero parece ser muy colombiano. Desde los tiempos en que los hidalgos llegaron, sin nada, a tener títulos y a ser ‘los dueños del chuzo’, hasta las épocas de sus abuelos ‘glaxos’, donjuanes con camisa de seda, vestidos como dandies baratos y sin un solo peso, hasta el neointelectual de hoy, siempre ha existido un arribista. ¿Es usted uno de ellos? Véalo con estas señales.

 ‘Se tira’ la plata en cosas que no puede pagar:
  Thorstein Veblen, en su ‘Teoría de la Clase Ociosa’, plantea que se compran cosas de precios inimaginables para mostrarle al otro cuánto se puede despilfarrar, y así conseguir estatus. Por eso, así usted gane un mínimo, se irá a tiendas de fast fashion exclusivamente, como el Zara de la 82 a darle el sueldo a Amancio Ortega en un vestidito que le durará un mes, o a MNG. Zara para usted es lo más cercano al lujo que puede pagar, o concebir (otros se van por marcas de más alta gama).  Pide crédito para comprarse un bolso de lujo, como los de Furla, que cuestan el PIB de Somalia. O con un Rolex. Todo vale. (Ojo, la culpa no es de las marcas, es sólo un ejemplo).

Si no tiene plata, imita:
Es una trampa común, comprar carteras de Carolina Herrera pirateadas, moños de Chanel en Sanandresito (que dijo que compró en barata en Manhattan), y un Louis Vuitton que compró en la tienda china. El problema es que la gente que sí conoce de marcas lo nota. Y es que mostrar la marca para ‘ellos’ está mal.  El lujo tiene señales, como señala Bruno Remaury en su ensayo sobre el lujo americano, de hechura que los que lo consumen hace años, si lo notan.

Así la mona se vista de seda…: Eso siempre sucede cuando alguien trata de ‘encajar’ en la élite de las grandes ciudades del país. Mujeres con extensiones, Swatch dorados, tacones escarchados y blusitas pegadas son reconocibles a distancia, lo mismo que los hombres con sus jeans Levi´s y sus relojes extralargos. Brillan, brillan más que un aviso, pero no saben que por eso, ya están marcados.

La gourmez de la costillez: A la hora de pedir tragos, el guaro se impone al Martini. Un plato gourmet de porción mínima lo miran con horror, pero fingen adorarlo. Por supuesto, el ‘corrientazo’ no existe para ellos. La comida rápida o algo de más  ‘elevado’ hacen parte de su menú, no lo autóctono, que es ‘para la casa’ o para la gente de estratos populares. Eso pasó con el difunto chef Kendon McDonald y las albóndigas cuando las sirvió en Bogotá y cuando las probó en Manizales.

Vive al debe: Como decía Thackeray, en ‘La Feria de las Vanidades’:  “viven como nobles sin un cuarto de renta”. Si es mujer, no comerá para poder pagar la cuota de la tarjeta de crédito por sus cremas de Esteé Lauder, si es hombre, dejará de bañarse inclusive para pagar las cuotas de su carro último modelo.

Oh, qué culto soy: Semana, El Tiempo, son para los pobres. Usted habla de The New Yorker,  Esquire, Vogue o en su defecto, la Revista Arcadia. Muere por festivales como el ‘Hay’, así no le interesen un poquito, pero se informa de los autores. La televisión, que no sea HBO o Netflix, la considera para ignorantes. Vive copiando frases de Coco Chanel o de algún escritor reconocido en sus redes sociales, y no salió de Foucault ni de Lipovetsky porque no sabe bien qué significa postmodernismo, aunque lo mencione en todas sus conversaciones.

El arribista en redes sociales:
Tiene solo cientos de seguidores, pero quiere tener millones. Por eso adula a sus ‘ídolos’ con cualquier ‘estupidez’, y postea su ropa bonita en Instagram, o si lee un libro hace todo un bodegón. Siempre le saca fotos a su comida (no al huevo con arroz, preferiblemente a lo que come en Crepes o al cupcake). Su lenguaje es insoportable #porque #todo #son #hashtags.

Ahora todo le parece ‘mañé’: ¿Fritanga? ¿Sábados Felices? ¿Bus? Que jamás lo vean así. Usted viaja en taxi, mira programas ‘de altura’, y expresiones coloquiales deben ser reemplazadas por el inglés de moda. Lo sabemos, YOLO.XOXO!!!

Pasea a París en su imaginación:
Usted viaja a Melgar, y por eso “se desconecta” en redes sociales. Pero a todos dice que “el próximo año si iré a París”. En Cartagena se toma enemil fotos hasta en la esquina más fea de la Ciudad Antigua, así duerma en un cuartucho de Bocagrande. Todo vale para mostrarle a sus conocidos que usted viaja a lo Condé Nast.

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