Educación de inclusión

Social. Integrar a niños con discapacidad es un reto al que pocos se han enfrentado. Contribuye a gestionar un país más tolerante

Por Mónica Vargas

A grandes rasgos, la educación inclusiva consiste en integrar y regular la participación de población infantil con discapacidad dentro de cualquier colegio.

De acuerdo con Germán Roa, orientador psicopedagogo: “Por normativa, así como una persona con todas sus capacidades puede acceder a la educación, todas las personas pueden hacerlo. El concepto generalizado es que no puede ser el mismo tipo de educación, pero eso es un mito”.

Aunque la norma aplicada por el Ministerio de Educación es que todos los colegios del país deben tener estos procesos de inclusión, son pocos los que la han implementado, “Sin embargo, de lo que se veía hace unos años hasta acá hemos avanzado mucho”, afirma Roa.

Por otra parte, hacer inclusión no solo es matricular a un niño con discapacidad y ya. Todo es parte de un proceso que involucra a todos los personajes de una institución. “Lo primero que se hace es identificar “de qué persona estamos” hablando y qué se puede hacer específicamente con esa persona.

Cada caso es distinto, aunque en todos se mantiene el currículo, pero con cierta flexibilidad”, resalta Roa.

El profesor aprende a conocer al estudiante para que pueda comprender las temáticas, así como el proceso de cada estudiante. Para esto existe un equipo interdisciplinario con tres psicólogos y un orientador pedagógico.

Por otra parte, resalta Roa, “algo muy importante es que la inclusión no la hacen los colegios ni las instituciones sino los compañeros de clase, de ahí radica la importancia de los procesos y también de saber cómo mezclar los grupos.

En la inclusión también se debe incluir a la familia y, además, “es valioso mantener en el aula al estudiante y valorar cada detalle de los niños. El punto académico no es el único, porque se deben tener en cuenta las competencias laborales y sociales que le estás dando al niño”, asegura Roa.

“Es necesario trabajar en un proceso de triangulación, en el que un papel lo cumple la familia, otro los docentes y otro el equipo clínico, todos ellos trabajando en pro del niño”, dice Roa.

Las plataformas virtuales son de mucha ayuda, así como hacer que todos se relacionen, tanto niños con discapacidad como niños sin discapacidad. “No se trata de hacer un proceso aislado, donde pongamos a toda la población con discapacidad en un salón, separados de los demás, parte de esto es integrarlos y generar tolerancia, eso definitivamente hace un mejor país”, afirma Roa.

“Sería muy bueno que los colegios tengan más programas de este tipo, así como maestros que estén dispuestos a enseñar con un enfoque con valores para toda la comunidad”, concluye Roa.

Ejemplo

El colegio Emilio Valenzuela ha sido uno de los pioneros en el tema de inclusión:
•    LOGRO. El Emilio Valenzuela recibe población con discapacidad sensorial, motora y cognitiva. Hay niños con implantes cocleares, por ejemplo, también niños con autismo y síndrome de Down, también con hiperactividad y déficit de atención. En este momento hay 35 estudiantes en el colegio, desde kínder hasta grado once, uno está por graduarse este año. Ellos ven clases con los profesores del área y no se cambia el currículo.

Opiniones

“Me gusta porque es un buen colegio. He hecho buenas tareas y buenos trabajos”
Jairo Fernández. Estudiante de grado once con discapacidad.

“Se habla mucho de inclusión y de las leyes, pero realmente para que se aplique hace falta mucho”
Juan Bello. Coordinador académico.

“Lo más complicado es la adaptación, al comienzo podíamos ser un poco celosos pero eso con el tiempo cambia”
Juan Campos. Estudiante sin
discapacidad.

“Se trata de brindar a algunos de los estudiantes una oportunidad de prepararse para la vida”

Manuel Samper. Rector del Emilio Valenzuela.

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