El estrés y la rabia en los trancones se pueden evitar

Movilidad. Las dos horas que se pierden al día en trancones podrían ser menos insufribles si sigue los siguientes consejos

Por Publimetro Colombia

No importa si uno se moviliza en carro particular o en transporte público: todos los bogotanos pasan en promedio 500 horas al año en los trancones. El mal estado de las vías y el atraso en obras clave, según un estudio de la Universidad de los Andes, han hecho que la vida de muchos se paralice en interminables e inagotables congestiones.

Cuando esté encerrado en un mar de autos, evite enfurecerse. No lamente haberse desvelado o haber caído en la sabrosa, pero inútil tentación de “otros cinco minutitos” en la cama  (unas 17 veces), porque francamente no servirá. El tránsito es un campamento y no se moverá por más que toque el pito como si diera plata.   

Si transita las vías y en todos los grados sólo ve latas: dedíquese a fantasear. Seguramente recurrirá a emplear el tiempo de reposo que obsequia el pantano vial para hacer un acto de contrición y evaluar todas las posibilidades para evitar que mañana se repita este apocalipsis (aunque bien sabe que así será toda la semana).  

Por ejemplo, puede que se le ocurra dejar preparada la ropa una noche antes (aunque no lo crea, hay quien hace eso); puede pretender negociar quedarse menos tiempo en posición fetal, pero de pie, bajo el chorro del agua caliente de su cómoda ducha y entrar en actitud contemplativa e imaginar que  todo sigue siendo un mal sueño. Claro, todo esto al ritmo y calor de la sinfonía de pitos. Ojo, despierte, ya es hora de avanzar cinco centímetros.

Por supuesto, también hay tiempo, y de sobra, para jugar. Emplee su atención en algo útil. Lo más cercano a eso será encontrarle sentido a las letras de la placa del carro de adelante o descubrir nuevas funciones del vehículo. 

Recuerde siempre mantener la calma. A la menor provocación desarrollará poderosas habilidades para, más rápidamente, construir una retahíla de insultos contra el extraño enemigo que ose pitarle o meterse en su carril.  

Tome rutas alternas. No sólo porque se lo sugieran las autoridades, sino porque no hay de otra en una ciudad sitiada. Cuando se enfrenta a la eterna víbora del tránsito, sobrarán tentaciones para clavarse en una calle desconocida y emplear su orientación sin brújula para descubrir valiosos hallazgos viales, atajos desconocidos o puertas dimensionales que lo regresarán al mismo punto donde las tomó y a un peor humor del que ya tenía.

Por último, y si sobrevivió, todo se reduce al estrés. Si se da cuenta de que no hay absolutamente nada que hacer, más que cultivar paciencia, probablemente sobrevenga una extraña calma, retire la mano del pito, incline un poco el asiento y saque uno de estos discos que definitivamente harán de su tránsito una experiencia mortificante, pero diferente. 

PUBLIMETRO COLOMBIA Y MÉXICO

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