Solidez familiar

Por ELKIN CHÁVEZ

La demanda de vehículos familiares de gran espacio, comodidad y mayor orientación urbana motivó a la marca de los tres diamantes a diversificar la oferta tradicional de su sólida y bien reputada Nativa (también conocida como Pajero en otras latitudes), que ahora complementa su oferta con una versión “Sport” y con ello ofrece una camioneta con menores pretensiones trocheras, pero que preserva la sólida estampa, la favorable habitabilidad, el capacitado esquema mecánico y el conveniente nivel de refinamiento interior, que durante casi dos décadas han destacado a este competente SUV.

La apuesta es clara: Mitsubishi quiere seducir a ese creciente grupo de familias numerosas y modernas que demandan los atributos estéticos y dinámicos de un utilitario deportivo capacitado, pero que no necesitan, subutilizan o simplemente no les interesa el tema del 4×4. Como la imagen es importante para este grupo de usuarios, la Nativa Sport se embellece con un kit exterior de cromo, que supone sutiles acentos en la puerta del baúl, los espejos laterales, las manijas y el parachoques delantero; por su parte, una parrilla remozada y cromada tipo panal lo aleja estéticamente del Sportero y lo aproxima más al Outlander.

Cuando uno se acerca desprevenido a esta camioneta es fácil olvidar que no es 4×4, pues su sólida carrocería, los estribos laterales, los amplios pasos de rueda, los cortos voladizos, los rines de aluminio de 17 pulgadas y los favorables ángulos dinámicos parecen corroborar que este vehículo está presto a enfrentar cualquier desafío in y off road. El puesto de conducción también es de camioneta grande, pues uno queda elevado y con buena visión perimétrica, favorecido además por el reglaje eléctrico en altura de la silla y el del timón; la firmeza de los acolchados de las sillas es adecuada, pero no estaría demás tener un mejor apoyo lumbar.

Al interior del habitáculo se destacan, como en todos los Mitsubishi, los excelentes acabados y la ergonomía; los apliques imitación madera y los acertados materiales que se emplean en las cubiertas evidencian el buen nivel de esta camioneta, que incluye de serie en su inventario: tapicería en cuero de fábrica para las siete plazas, aire acondicionado con control manual para las dos primeras filas, espejos exteriores abatibles eléctricamente, vidrios eléctricos, sensor de reversa, sillas abatibles en la segunda y tercera filas y todas las bondades en materia de “infoentretenimiento” que permite el nuevo Link System, con reproductor de CD-MP3, conectividad para el manos libres con mandos en la pantalla táctil y comandos en el volante, Bluetooth Streaming para reproductores digitales, conectividad USB compatible para Apple I-Pod y además reproducción de video de la cámara de reversa en la pantalla táctil.
El confort de marcha está garantizado por la efectiva gestión de la suspensión (adelante de doble brazo con espirales y barra estabilizadora; atrás el esquema es de tres apoyos, también con espirales y barra), que está configurado para ofrecer una amortiguación progresiva y de buen recorrido.

Como buen vehículo familiar, la Nativa Sport tiene una importante oferta en materia de seguridad; en este caso, uno de sus plus es su exclusiva construcción Body Rise (Reinforced Impact Safety Evolution), un tipo de arquitectura monocasco que comparte con su hermana Outlander y que incluye zonas de deformación programada en ambos extremos, las cuales protegen la integridad del habitáculo en caso de una colisión. Este apartado se complementa, entre otros, con doble airbag frontal, ABS y EBD.

Para sacar distancia de su hermana Nativa 4×4, que puede impulsarse con un motor turbodiésel de 3,2 litros o un V6 de 3,5 de gasolina, la versión Sport adopta un nuevo propulsor; se trata de un V6 3,0 litros y 24 válvulas, con el sistema Mivec (Mitsubishi Innovative Valve Timing and Lift Electronic Control), que gestiona en forma electrónica el tiempo y la apertura de las válvulas de admisión y escape, logrando optimizar la mezcla de combustible y ofreciendo mejor respuesta al acelerar. Vale la pena precisar que este propulsor es de arquitectura SOHC; es decir, solo tiene un eje de levas y por ello su culata multivalvular pesa cerca de 40 kilos menos que la de un V6 con doble eje (DOHC).

Hace poco tiempo probé el Mitsubishi Montero y por eso aún retumba en mi mente el potente motor Diésel 3,2 litros, que incluso en ralentí anticipa un poderío extremo; sin embargo, en la Nativa Sport el conjunto mecánico se escucha y se siente más civilizado, lo que también se debe al buen nivel de insonorización del habitáculo. El propulsor de la Nativa se gestiona gracias a una transmisión automática/secuencial de cinco marchas, cuyo gran atractivo es la posibilidad de accionarla con mandos en el volante (paddle shift); gracias a la tecnología Mivec hay muy buena de dosis de torque a bajas revoluciones y eso lo favorece en arrancadas y adelantamientos, pero cuando se apura el motor y se superan las 3.500 rpm, se nota que la combustión se optimiza y entonces toda la potencia queda disponible; en realidad, el rango entre 3.000 y 3.500 rpm, es el ideal para sacar mejor provecho de esta configuración mecánica, que por sus buenos modales y dosificada entrega corrobora su acertado compromiso urbano y familiar. Solo un detalle a considerar, el control de marchas (al igual que en el Montero) luce algo anticuado.

El menor peso de la Nativa Sport (235 kilos menos que la Nativa 3,2 litros automática), la buena maniobrabilidad (con un radio de giro de 5,6 metros), su motor competente y de bajo consumo, así como la favorable habitabilidad a bordo, hacen de esta camioneta una opción ideal para quien requiera movilidad urbana, en un producto que a pesar de no tener las entrañas mecánicas que lo facultan para el off road exigente, conserva la estampa y las prestaciones dinámicas que lo posicionan por encima de cualquier SUV light.

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