En vez de balas, pintura y pinceles para Toribío

Arte. Uno de los pueblos más azotados por el conflicto recibió un cambio radical de imagen. Con ello se busca que los espacios víctimas de ataques tomen un nuevo color.

Por Katherine Loaiza

Una chiva bomba explotó a las 10:30 a.m., un día de julio de 2011, en Toribío, Cauca. Fue un episodio particularmente dramático en el municipio que ha sido más veces víctima de la violencia: se calcula que Toribío ha presenciado más de 400 enfrentamientos armados. Después del episodio de la chiva, esa se volvió una calle prohibida, solo unos militares se atrevieron a montar allí su garita. Nadie quería caminar, ni reconstruir, ni mencionar.

“La gente ya no pasaba por ahí. Los militares habían hecho una garita y la guerrilla siempre ha intentado sacarlos con ‘tatucos’, granadas, bombas y no han podido. Nosotros fuimos con unos niños y unos pinceles y los logramos sacar. Se fueron de ahí mientras pintábamos”, cuenta Alberto Velasco, líder de todo el proceso de murales en el departamento del Cauca.

El mensaje de fondo es ese, que la violencia no se acaba con más violencia, sino con pequeñas y coloridas pinceladas de paz. Usan “un pincel para sacarlos de la trinchera”.

Los niños con los que pintaron el histórico mural de la chiva nacieron y se han criado en el pueblo, fueron convocados por Velasco, líder de la propuesta, y decenas de artistas de diferentes partes de Colombia y de otros países. Todos estuvieron pintando fachadas, muros, pedazos de muros y calles durante varios días en Toribío, en lo que se convertiría en la Minga de los Pueblos.

El trabajo empezó en colegios del norte del Cauca, en donde empezaron a trabajar con los niños nasa. En este momento el movimiento ha ido creciendo a tal punto que en todo el departamento hay 400 murales en torno a la cultura indígena, todos muy elaborados, con trabajo de diferentes artistas que vienen y van, que pagan sus propios viáticos y lo hacen para unirse a un movimiento de color en contra del estigma de la guerra.

“Nosotros queremos cambiarle la cara al pueblo, que no se piense que Toribío es el pueblo de la guerra”, dice Velasco, quien espera poder trabajar con más pueblos indígenas y cambiarles la cara a los municipios del Cauca. Ahora todos en Toribío quieren que les pinten la fachada y sentirse orgullosos de su propia cultura.

Saben, sin embargo, que no pueden ser ajenos a la realidad violenta del país. De hecho, ayer recibieron un comunicado de las FARC advirtiendo de futuros hechos violentos. La pintura, sin embargo, es una nueva esperanza de que no siempre habrá balas incrustadas en sus fachadas.

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