Lo mejor y lo peor de 2018

Lo mejor vino por el lado de los festivales, el cine y las series. Lo malo, la gestión pública y los intentos de censura.

Por Mauricio Barrantes

Con las nominaciones a los Golden Globes 2019, llega el momento de hacer un balance acerca de lo más destacado de este año en el campo del entretenimiento y la cultura. Las tres nominaciones de la película Roma, de Alfonso Cuarón, no solo demuestran el buen momento del cine mexicano, sino que evidencian la lógica de consumo actual, porque la película es un golazo de Netflix, que la estrenó en teatros y la pondrá en su plataforma desde este 14 de diciembre. ¿Cuál es el futuro del cine? ¿cuál es el futuro de la televisión? El presente nos está demostrando que una compañía entendió a la audiencia y le apuesta a ser el Google de la ficción con exitosas series, películas, realities y documentales.

Bohemian Rhapsody marcó tendencia al final de este año y emocionó a todos los amantes del cine con una película que sin ser la mejor, logró un éxito sin precedentes al narrar la historia de uno de los más grandes músicos: Freddie Mercury. La actuación de Rami Malek fue lo que más brilló en la cinta. En series, las nuevas temporadas de Black Mirror y Rita pasaron sin mucho ‘bombo’ y fueron reemplazadas por éxitos españoles como el de Élite y La casa de papel, que pusieron temas tabú sobre la mesa ante el silencio de décadas de los canales privados. Pero no todo en la televisión local es para avergonzarse, telenovelas como 100 días para enamorarse, en Argentina, demostraron que se puede hacer ficción de calidad en Latinoamérica, que no busque apenas el rating y los ingresos en publicidad, sino que promueva transformaciones sociales a través de personajes e historias que ponen a pensar a la audiencia. Todo el mundo a la mesa fue el reality más decente, por rescatar la cultura gastronómica de distintos países y poner a los mejores chefs del mundo a competir, representando así un mundo sin fronteras, en el que la comida, los idiomas y las culturas se fusionan.

Cabe destacar también el rol que tuvieron los festivales culturales en Colombia. El Hay Festival, el FICCI, el Festival de Cine de Barichara y Bogoshorts tuvieron nuevas ediciones que siguieron consolidando el audiovisual y la literatura en el país. Los cambios en la dirección artística del Festival de Cine de Cartagena prometen dar un viraje acertado a la manera como se concibe este festival, como lo aconsejó Lucrecia Martel, invitada en 2018 y quien dijo que “habría que hacer festivales donde las películas no peleen”. La sugerencia, al parecer, fue bien recibida.

Lo peor del año vino por cuenta de la realidad que se mete con la cultura. Un Gobierno que llegó al poder mofándose de ser defensor de la economía naranja, eligió a una ministra de cultura sin mayor experiencia en el sector. Además, hoy le apuesta a hundir la televisión pública con un proyecto de ley que se disfraza como innovador, pero en realidad nos conduce a una suave dictadura, en la que no habrá libertad de prensa y en la que solo los grupos económicos más poderosos y el Gobierno podrán informar. La cereza del pastel tuvo su origen en el intento de censura del documental La Negociación, que demostró que quienes se quedaron en el pasado todavía piensan que pueden ser autoritarios con una audiencia que por fortuna reacciona de manera inmediata en las redes sociales y que está dispuesta a ir a las calles para defender el derecho a la libre expresión.

Por ahora solo queda esperar un 2019 lleno de buena ficción y cambios positivos en la “realidad” que se mete con la cultura.

 

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